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	<title>Comentarios para 300 palabras</title>
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	<description>Inspirate en la foto y escribe tu cuento en menos de 300 palabras.</description>
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		<item>
		<title>Comentario de Soraya en Soledad</title>
		<link>http://300palabras.com/2007/12/soledad/comment-page-1/#comment-359</link>
		<dc:creator>Soraya</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Mar 2010 21:24:34 +0000</pubDate>
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		<description>Me fui muy lejos, pense que era el punto final de la historia. No conocía a ninguna de las pocas personas que me rodeaban, queria gritar y al mismo tiempo sentí temor en causar miedo en mi entorno. Comence a pensar. Veía que del otro lado de ese azul grisaceo de mar, estaban esas montañas y me preguntaba que había detras a ellas. Idee nadar, incentivar al resto a realizar una balza para enviar un equipo de busqueda. No podía ser que solo nosotros estabamos vivos. Parecía que solo nosotros existiamos. Eso me daba temor. Por eso, mi mente comenzó a fantasear con lo real. Quize pensar que alguién estaba del otro lado esperando obtener señales de que estaba viva y ahí. Lo único que tenia a mi favor era que el cielo y el mar no se unian en el horizónte. Se notaba un corte en la inmensidad de ese paisaje y ese eran los bosques al fondo indicandome que habia vida al otro lado. Todos al escucharme, tambien se motivaron a creer en mi y en mi proyecto de investigación. Y el resultado fue correcto. La respuesta del estar ahí, y el de sentirnos perdidos, solos y conmovidos por los opacos colores de ese paisaje fue que somos nosotros los que le damos el color a la vida. Mi vida tiene ahora otro color. Creeme, asi es.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Me fui muy lejos, pense que era el punto final de la historia. No conocía a ninguna de las pocas personas que me rodeaban, queria gritar y al mismo tiempo sentí temor en causar miedo en mi entorno. Comence a pensar. Veía que del otro lado de ese azul grisaceo de mar, estaban esas montañas y me preguntaba que había detras a ellas. Idee nadar, incentivar al resto a realizar una balza para enviar un equipo de busqueda. No podía ser que solo nosotros estabamos vivos. Parecía que solo nosotros existiamos. Eso me daba temor. Por eso, mi mente comenzó a fantasear con lo real. Quize pensar que alguién estaba del otro lado esperando obtener señales de que estaba viva y ahí. Lo único que tenia a mi favor era que el cielo y el mar no se unian en el horizónte. Se notaba un corte en la inmensidad de ese paisaje y ese eran los bosques al fondo indicandome que habia vida al otro lado. Todos al escucharme, tambien se motivaron a creer en mi y en mi proyecto de investigación. Y el resultado fue correcto. La respuesta del estar ahí, y el de sentirnos perdidos, solos y conmovidos por los opacos colores de ese paisaje fue que somos nosotros los que le damos el color a la vida. Mi vida tiene ahora otro color. Creeme, asi es.</p>
<p>&raquo; <a class="ver-todo" href="http://300palabras.com/cuentos/3133411124" rel="nofollow">Ver todos los cuentos de Soraya</a></p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de ANNIE HALL7 en La gruesa linea amarilla</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/10/la-gruesa-linea-amarilla/comment-page-1/#comment-358</link>
		<dc:creator>ANNIE HALL7</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 22:16:52 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=85#comment-358</guid>
		<description>Llevábamos más de dos meses yendo al hospital nuevo. Mamá subía y nosotros esperábamos en el hall hasta que volvía a buscarnos, mientras, yo cuidaba de Quique. 
Con la llegada del buen tiempo, a menudo salíamos a jugar al aparcamiento, pero cada vez había más coches y mamá nos prohibió estar allí por miedo a que nos atropellaran, pero sólo hacíamos caso a medias. 
Cuando mamá venía a llamarnos, nunca nos regañaba, aunque muchos días no podíamos ocultar la suciedad de nuestras manos, en lugar de eso nos peinaba con los dedos,  mientras susurraba instrucciones de camino a la habitación 122. Al llegar, cambiaba el tono de voz  y decía muy alegre “Mira quiénes han venido a verte”.
Y papá contestaba “Hombre, si son Napoleón y Atila”, y nos preguntaba un montón de cosas. Quique visitaba a papá encantado porque le guardaba las galletas de la merienda, sin embargo a mí me disgustaba un poco, porque al preguntarle cuándo volvía a casa siempre contestaba “Probablemente mañana”.

Un día apareció una gruesa línea amarilla pintada en el asfalto. Me pareció una señal. Le dije a Quique que no la pisara. “Si no la pisas, papá vuelve a casa con nosotros”, y lo alejé del aparcamiento.
Pero un domingo por la mañana Quique pisó la línea y yo también lo hice mientras forcejeaba con él para apartarle de allí. En aquel momento mamá salió a buscarnos llorando. Se habían acabado las visitas a la 122. Yo estaba convencido de que todo era culpa nuestra. Pasó un tiempo  hasta que me atreví a confesarle nuestro secreto, entonces ella me habló de la enfermedad de papá, y fui comprendiendo que en el mundo de los adultos las cosas son más complicadas que pisar o no una línea amarilla.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Llevábamos más de dos meses yendo al hospital nuevo. Mamá subía y nosotros esperábamos en el hall hasta que volvía a buscarnos, mientras, yo cuidaba de Quique.<br />
Con la llegada del buen tiempo, a menudo salíamos a jugar al aparcamiento, pero cada vez había más coches y mamá nos prohibió estar allí por miedo a que nos atropellaran, pero sólo hacíamos caso a medias.<br />
Cuando mamá venía a llamarnos, nunca nos regañaba, aunque muchos días no podíamos ocultar la suciedad de nuestras manos, en lugar de eso nos peinaba con los dedos,  mientras susurraba instrucciones de camino a la habitación 122. Al llegar, cambiaba el tono de voz  y decía muy alegre “Mira quiénes han venido a verte”.<br />
Y papá contestaba “Hombre, si son Napoleón y Atila”, y nos preguntaba un montón de cosas. Quique visitaba a papá encantado porque le guardaba las galletas de la merienda, sin embargo a mí me disgustaba un poco, porque al preguntarle cuándo volvía a casa siempre contestaba “Probablemente mañana”.</p>
<p>Un día apareció una gruesa línea amarilla pintada en el asfalto. Me pareció una señal. Le dije a Quique que no la pisara. “Si no la pisas, papá vuelve a casa con nosotros”, y lo alejé del aparcamiento.<br />
Pero un domingo por la mañana Quique pisó la línea y yo también lo hice mientras forcejeaba con él para apartarle de allí. En aquel momento mamá salió a buscarnos llorando. Se habían acabado las visitas a la 122. Yo estaba convencido de que todo era culpa nuestra. Pasó un tiempo  hasta que me atreví a confesarle nuestro secreto, entonces ella me habló de la enfermedad de papá, y fui comprendiendo que en el mundo de los adultos las cosas son más complicadas que pisar o no una línea amarilla.</p>
<p>&raquo; <a class="ver-todo" href="http://300palabras.com/cuentos/2958066949" rel="nofollow">Ver todos los cuentos de ANNIE HALL7</a></p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de bonybrida en La gruesa linea amarilla</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/10/la-gruesa-linea-amarilla/comment-page-1/#comment-357</link>
		<dc:creator>bonybrida</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 19:38:48 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=85#comment-357</guid>
		<description>Eran como las dos de la mañana. Salía de la guardia de los viernes en el hospital zonal, y ese día no tenía mi auto.
Fui hasta la estación . Las calles estaban tan vacías como el andén. Solo un hombre con un abrigo largo, color negro, se hallaba en espera del próximo tren. Sus solapas levantadas sumadas al sombrero, me impedían verle la cara  y calcular su edad. 
Sentí un poco de temor. Todos los noticieros y los diarios hablaban de asaltos, violaciones y secuestros que se producían en las noches.
Me senté un poco lejos y saqué el sprite de defensa de la cartera para estar preparada por si acaso.
Sin embargo el hombre, no se movía ni un milímetro. Estaba parado justo en el límite de la franja amarilla.
De pronto se escuchó el pito del tren que se acercaba a toda velocidad.
Respiré aliviada, seguramente vendría cargado con otros pasajeros y podría sentirme un poco más segura. En la próxima estación me esperaba mi padre.
El tren aminoró en algo su velocidad y justo en el momento en que entraba a la estación el hombre saltó la línea y se tiró a las vías. Cuando cayó, un papel voló por el aire.
Espantada por lo sucedido, corrí a buscarlo pensando que allí estaría el motivo del suicidio.
Efectivamente decía. “Siempre me pregunté cuanta valentía se necesitaba para saltar esta línea en el momento preciso. Ahora sé que lo que hace falta es no tener ningún motivo para no hacerlo.”</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Eran como las dos de la mañana. Salía de la guardia de los viernes en el hospital zonal, y ese día no tenía mi auto.<br />
Fui hasta la estación . Las calles estaban tan vacías como el andén. Solo un hombre con un abrigo largo, color negro, se hallaba en espera del próximo tren. Sus solapas levantadas sumadas al sombrero, me impedían verle la cara  y calcular su edad.<br />
Sentí un poco de temor. Todos los noticieros y los diarios hablaban de asaltos, violaciones y secuestros que se producían en las noches.<br />
Me senté un poco lejos y saqué el sprite de defensa de la cartera para estar preparada por si acaso.<br />
Sin embargo el hombre, no se movía ni un milímetro. Estaba parado justo en el límite de la franja amarilla.<br />
De pronto se escuchó el pito del tren que se acercaba a toda velocidad.<br />
Respiré aliviada, seguramente vendría cargado con otros pasajeros y podría sentirme un poco más segura. En la próxima estación me esperaba mi padre.<br />
El tren aminoró en algo su velocidad y justo en el momento en que entraba a la estación el hombre saltó la línea y se tiró a las vías. Cuando cayó, un papel voló por el aire.<br />
Espantada por lo sucedido, corrí a buscarlo pensando que allí estaría el motivo del suicidio.<br />
Efectivamente decía. “Siempre me pregunté cuanta valentía se necesitaba para saltar esta línea en el momento preciso. Ahora sé que lo que hace falta es no tener ningún motivo para no hacerlo.”</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de ANNIE HALL7 en Avistamiento</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/09/avistamiento/comment-page-1/#comment-356</link>
		<dc:creator>ANNIE HALL7</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 09:59:13 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=82#comment-356</guid>
		<description>Cuando aquel médico, que no llegaba a los treinta, se dirigió a Antonio con mirada apurada, él  ya sabía  lo que iba a decirle antes de que hablase. Y eso fue exactamente lo que le dijo.
 Sus palabras fueron como un manotazo que cerró de golpe la tapa del baúl  en el que había ido metiendo apresuradamente los temas pendientes y  los sueños sin cumplir. El  tiempo se acababa.
Horas después,  sentado en un banco del paseo,  su mente decidió asimilar la noticia sin dramatismos. 
El  Pepito Grillo que vivía en su cabeza y siempre se pronunciaba en las grandes ocasiones dictó sentencia:
“- Tampoco es para tanto. Un leguleyo del tres al cuarto como tú, cincuentón, desengañado y cascarrabias, cuya única aficción consiste en espiar a los vecinos con unos prismáticos... Sí. ¿Creías que no me había dado cuenta?.  Ya, ahora me saldrás con que los  habías comprado para retomar tu aficción por la ornitología.  Lo que pasa es que eres un cotilla voyeur sin vida propia”
Le sacó de su ensoñación un roce en el zapato, un pastor alemán le mordisqueaba la suela.  Su dueña se materializó repentinamente a su lado disculpándose ruborizada. Era insultantemente joven, alta, esplendorosa..  Sus  rizos bailaron desordenados mientras trataba de coger al perro. Los ojos verdes esquivos, las pecas de sus mejillas como puntitos dibujados a lápiz.
Quizás fue su perfume, tal vez  la inminencia de lo inevitable, o acaso la osadía del que no tiene nada que perder, pero cuando ella ya se daba la vuelta para irse, Antonio se declaró:
-	Es usted preciosa, señorita. 
Ella lo miró sorprendida, preguntándose si habría oído mal, y se alejó tirando de la correa del perro rebelde  mascullando “gracias”.
Antonio se quedó perplejo ante su propia osadía. Al final,  vivir tampoco era tan difícil.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando aquel médico, que no llegaba a los treinta, se dirigió a Antonio con mirada apurada, él  ya sabía  lo que iba a decirle antes de que hablase. Y eso fue exactamente lo que le dijo.<br />
 Sus palabras fueron como un manotazo que cerró de golpe la tapa del baúl  en el que había ido metiendo apresuradamente los temas pendientes y  los sueños sin cumplir. El  tiempo se acababa.<br />
Horas después,  sentado en un banco del paseo,  su mente decidió asimilar la noticia sin dramatismos.<br />
El  Pepito Grillo que vivía en su cabeza y siempre se pronunciaba en las grandes ocasiones dictó sentencia:<br />
“- Tampoco es para tanto. Un leguleyo del tres al cuarto como tú, cincuentón, desengañado y cascarrabias, cuya única aficción consiste en espiar a los vecinos con unos prismáticos&#8230; Sí. ¿Creías que no me había dado cuenta?.  Ya, ahora me saldrás con que los  habías comprado para retomar tu aficción por la ornitología.  Lo que pasa es que eres un cotilla voyeur sin vida propia”<br />
Le sacó de su ensoñación un roce en el zapato, un pastor alemán le mordisqueaba la suela.  Su dueña se materializó repentinamente a su lado disculpándose ruborizada. Era insultantemente joven, alta, esplendorosa..  Sus  rizos bailaron desordenados mientras trataba de coger al perro. Los ojos verdes esquivos, las pecas de sus mejillas como puntitos dibujados a lápiz.<br />
Quizás fue su perfume, tal vez  la inminencia de lo inevitable, o acaso la osadía del que no tiene nada que perder, pero cuando ella ya se daba la vuelta para irse, Antonio se declaró:<br />
-	Es usted preciosa, señorita.<br />
Ella lo miró sorprendida, preguntándose si habría oído mal, y se alejó tirando de la correa del perro rebelde  mascullando “gracias”.<br />
Antonio se quedó perplejo ante su propia osadía. Al final,  vivir tampoco era tan difícil.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de javieru en No pasar</title>
		<link>http://300palabras.com/2008/12/no-pasar/comment-page-1/#comment-355</link>
		<dc:creator>javieru</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 10:57:24 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/2008/12/no-pasar/#comment-355</guid>
		<description>En la puerta trasera del almacén de frutas había un cartel que impedía el paso. Tampoco se podía entrar en la sacristía ni en los vestuarios del equipo de fútbol. Y qué decir del vestuario de las chicas; de todos los vestuarios de todas las chicas del mundo en general. Tampoco se podía pasar.

Estaba prohibido subir al autocar sin que el conductor hiciera una muesca en tu billete.  En el despacho del director no se podía pasar sin llamar. Cuando el director mató a su esposa pusieron una cinta amarilla en la puerta de su casa que decía “no pasar”.

No estaba permitida la visita al camerino de los artistas, ni entrar en la sala vip; en ninguna sala vip. 

Las catedrales nunca se enseñaban por completo. Siempre quedaba la pequeña puerta de madera que llevaba al campanario. O la que únicamente se abría una vez año.

Los niños nunca cruzaban la calle con el muñeco del semáforo en color rojo. Los mayores solían hacerlo, excepto cuando iban de la mano con un niño.

La mayoría de las puertas estaban prohibidas en el hospital y el día que la comisión de evaluación del Comité Olímpico Internacional llegó para alojarse en el hotel.

Ninguna de aquellas puertas era tan hermética e inaccesible para mi, como la que llevaba hacia ti.  Ningún camino estaba más prohíbido. 

Con la cordialidad inexistente de un bar de noche en carretera; así me recibiste.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En la puerta trasera del almacén de frutas había un cartel que impedía el paso. Tampoco se podía entrar en la sacristía ni en los vestuarios del equipo de fútbol. Y qué decir del vestuario de las chicas; de todos los vestuarios de todas las chicas del mundo en general. Tampoco se podía pasar.</p>
<p>Estaba prohibido subir al autocar sin que el conductor hiciera una muesca en tu billete.  En el despacho del director no se podía pasar sin llamar. Cuando el director mató a su esposa pusieron una cinta amarilla en la puerta de su casa que decía “no pasar”.</p>
<p>No estaba permitida la visita al camerino de los artistas, ni entrar en la sala vip; en ninguna sala vip. </p>
<p>Las catedrales nunca se enseñaban por completo. Siempre quedaba la pequeña puerta de madera que llevaba al campanario. O la que únicamente se abría una vez año.</p>
<p>Los niños nunca cruzaban la calle con el muñeco del semáforo en color rojo. Los mayores solían hacerlo, excepto cuando iban de la mano con un niño.</p>
<p>La mayoría de las puertas estaban prohibidas en el hospital y el día que la comisión de evaluación del Comité Olímpico Internacional llegó para alojarse en el hotel.</p>
<p>Ninguna de aquellas puertas era tan hermética e inaccesible para mi, como la que llevaba hacia ti.  Ningún camino estaba más prohíbido. </p>
<p>Con la cordialidad inexistente de un bar de noche en carretera; así me recibiste.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de javieru en El paraguas naranja</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/05/el-paraguas-naranja/comment-page-1/#comment-354</link>
		<dc:creator>javieru</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Sep 2009 14:58:47 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=70#comment-354</guid>
		<description>Primera tarde de Octubre de los años noventa. Gabriel esperaba ansioso mientras veía cómo iban cayendo, puntuales a su cita, las primeras gotas del otoño. El bar se iba llenando poco a poco de personas que disfrutaban pidiendo los primeros cafés &quot;calentitos&quot; del año. Él miraba nervioso desde su mesa a través del cristal de la puerta. La gente cruzaba apresurada los pasos de cebra. Se iban abriendo los paraguas.

Gabriel odiaba los paraguas.  Prefería mojarse a cargar con uno de ellos todo el día.Y mucho peor si se trataba de uno de esos enormes y pesados que no se podían plegar. &quot;Son del siglo diecisiete”- decía siempre - “ Los paraguas para los viejos”- añadía de vez en cuando. 

Por fin la vio llegar. Sólo tenía de ella aquella foto recibida en su correo electrónico unos días antes. Antes de la primera cita. De la primera en carne y hueso. Aquella vez tenía que funcionar. No podían tirarse por la borda tantos besos tecleados tantas veces.

Los primeros minutos fueron dos corazones a mil por hora. Ella abrió su regalo; unos pendientes.

-Me dijiste que te gustaban pequeños - dijo Gabriel. Luego , él abrió el suyo.

-El color naranja me pareció original. Así podremos dar largos paseos aunque se ponga a llover - dijo ella.

Gabriel sonrió por fuera intentando recordar en qué momento la suerte le dijo adiós.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Primera tarde de Octubre de los años noventa. Gabriel esperaba ansioso mientras veía cómo iban cayendo, puntuales a su cita, las primeras gotas del otoño. El bar se iba llenando poco a poco de personas que disfrutaban pidiendo los primeros cafés &#8220;calentitos&#8221; del año. Él miraba nervioso desde su mesa a través del cristal de la puerta. La gente cruzaba apresurada los pasos de cebra. Se iban abriendo los paraguas.</p>
<p>Gabriel odiaba los paraguas.  Prefería mojarse a cargar con uno de ellos todo el día.Y mucho peor si se trataba de uno de esos enormes y pesados que no se podían plegar. &#8220;Son del siglo diecisiete”- decía siempre &#8211; “ Los paraguas para los viejos”- añadía de vez en cuando. </p>
<p>Por fin la vio llegar. Sólo tenía de ella aquella foto recibida en su correo electrónico unos días antes. Antes de la primera cita. De la primera en carne y hueso. Aquella vez tenía que funcionar. No podían tirarse por la borda tantos besos tecleados tantas veces.</p>
<p>Los primeros minutos fueron dos corazones a mil por hora. Ella abrió su regalo; unos pendientes.</p>
<p>-Me dijiste que te gustaban pequeños &#8211; dijo Gabriel. Luego , él abrió el suyo.</p>
<p>-El color naranja me pareció original. Así podremos dar largos paseos aunque se ponga a llover &#8211; dijo ella.</p>
<p>Gabriel sonrió por fuera intentando recordar en qué momento la suerte le dijo adiós.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de bonybrida en Avistamiento</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/09/avistamiento/comment-page-1/#comment-353</link>
		<dc:creator>bonybrida</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 11:31:11 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=82#comment-353</guid>
		<description>Viajábamos con un grupo de turistas desde Río de Janeiro a Jamaica. La embarcación era una especie de yate un poco extraño y  bastante antiguo, pero  el valor en dólares era increíblemente económico, motivo por el cual no lo pensamos dos veces.
Partimos aquel jueves de noviembre a las nueve de la mañana. 
El día transcurrió entre exóticos tragos, música, charlas con desconocidos y largos ratos de descanso, disfrutando del sol al borde de la piscina, o contemplando el mar increíblemente turquesa.
Esa noche nos fuimos a dormir con la placentera sensación de haber sido elegidos para ese viaje increíble. Nos llamó la atención un largavista depositado sobre la mesa con un mensaje del capitán.”Por las dudas” decía .Decidimos averiguar a la mañana siguiente.                           
La pesadilla comenzó cuando despertamos. Lo primero que advertimos es la quietud y el silencio. El barco no se movía y el ruido del mar no se escuchaba.
Nos vestimos presurosos y cuando abrimos la puerta del camarote nos quedamos paralizados por el asombro.
Ya no estábamos en un barco sino en lo que parecía ser una isla desierta, y al parecer estábamos solos. Cuando recobramos el habla  tratamos de entender lo inentendible.
Contar los días siguientes, sería muy largo, solo les diré que en la isla había toda clase de árboles frutales, con los que nos alimentamos, leña para calentarnos y belleza para extasiarnos, pero no encontramos un alma viviente y estábamos desesperados.
Todos los días nos turnábamos con el largavista, con la esperanza de avistar algún barco.
Pasaron casi siete días, una vez más nos fuimos a dormir desilusionados a nuestro camarote –vivienda  y una vez más nos sorprendió la mañana cuando nos despertó el camarero para avisarnos que estábamos llegando al puerto de Jamaica. 
¿Un sueño? Les juro que no. ¡Déjelo ahí!!.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Viajábamos con un grupo de turistas desde Río de Janeiro a Jamaica. La embarcación era una especie de yate un poco extraño y  bastante antiguo, pero  el valor en dólares era increíblemente económico, motivo por el cual no lo pensamos dos veces.<br />
Partimos aquel jueves de noviembre a las nueve de la mañana.<br />
El día transcurrió entre exóticos tragos, música, charlas con desconocidos y largos ratos de descanso, disfrutando del sol al borde de la piscina, o contemplando el mar increíblemente turquesa.<br />
Esa noche nos fuimos a dormir con la placentera sensación de haber sido elegidos para ese viaje increíble. Nos llamó la atención un largavista depositado sobre la mesa con un mensaje del capitán.”Por las dudas” decía .Decidimos averiguar a la mañana siguiente.<br />
La pesadilla comenzó cuando despertamos. Lo primero que advertimos es la quietud y el silencio. El barco no se movía y el ruido del mar no se escuchaba.<br />
Nos vestimos presurosos y cuando abrimos la puerta del camarote nos quedamos paralizados por el asombro.<br />
Ya no estábamos en un barco sino en lo que parecía ser una isla desierta, y al parecer estábamos solos. Cuando recobramos el habla  tratamos de entender lo inentendible.<br />
Contar los días siguientes, sería muy largo, solo les diré que en la isla había toda clase de árboles frutales, con los que nos alimentamos, leña para calentarnos y belleza para extasiarnos, pero no encontramos un alma viviente y estábamos desesperados.<br />
Todos los días nos turnábamos con el largavista, con la esperanza de avistar algún barco.<br />
Pasaron casi siete días, una vez más nos fuimos a dormir desilusionados a nuestro camarote –vivienda  y una vez más nos sorprendió la mañana cuando nos despertó el camarero para avisarnos que estábamos llegando al puerto de Jamaica.<br />
¿Un sueño? Les juro que no. ¡Déjelo ahí!!.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de clown en Coccinellidae</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/07/coccinellidae/comment-page-1/#comment-352</link>
		<dc:creator>clown</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 17:06:59 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=79#comment-352</guid>
		<description>En una tarde de fines del invierno, mientras miraba por  una ventana de la habitacion donde estaba, en ese momento miraba  como la vida renacia despues de un crudo invierno, las plantas emergian de un largo letargo y quizas  por las caricias  de los rayos de sol que caian sobre ellas renacian nuevamente.
Con la mirada recorria ese patio, que mas que patio era un solar de cemento con pequeñas zonas de vegetación; pero a pesar de ello, la vida emergía en esos pequeños espacios, observaba los distintos tonos de verdes que se generaban al llegar  los  vientos lumninosos sobre ellas, era digno de mirar.
En las alturas se sentia el trinar de las aves que tambien hacian sentir ese cambio de estación avisandonos que volvia la vida a este pequeño lugar, sus cuerpos diminutos se preparaban para vivir un nuevo ciclo de vida.
Pero no era lo unico  que podia observar, sobre ese manto de colores verdes y una infinidad de formas geometricas que se dejaban ver, habian otros individuos  que tambien  se preparaban para vivir el cambio, diminutos; pero de variados colores, algunos de ellos podian volar, mientra que otros tan solo caminaban o rectaban segun sea el  caso. Pero al poco tiempo, veo unos pequeños puntos de colores que se mueven a traves de las hojas , tenian su caparazon de color rojizo con puntos negros, su cabeza negra con grandes mandibulas, eran las chinitas como se conocen por estos lares, estaban moviendose en grupos  quizas cazando; pero eran bastantes.
Mientras las observaba, sus deplazamientos su pequeños vuelos siempre en torno a su grupo, en ese momento me dio la idea que observaba a una famillia; pero esto de pronto cambio, una sombra, una corriente de aire y la muerte.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En una tarde de fines del invierno, mientras miraba por  una ventana de la habitacion donde estaba, en ese momento miraba  como la vida renacia despues de un crudo invierno, las plantas emergian de un largo letargo y quizas  por las caricias  de los rayos de sol que caian sobre ellas renacian nuevamente.<br />
Con la mirada recorria ese patio, que mas que patio era un solar de cemento con pequeñas zonas de vegetación; pero a pesar de ello, la vida emergía en esos pequeños espacios, observaba los distintos tonos de verdes que se generaban al llegar  los  vientos lumninosos sobre ellas, era digno de mirar.<br />
En las alturas se sentia el trinar de las aves que tambien hacian sentir ese cambio de estación avisandonos que volvia la vida a este pequeño lugar, sus cuerpos diminutos se preparaban para vivir un nuevo ciclo de vida.<br />
Pero no era lo unico  que podia observar, sobre ese manto de colores verdes y una infinidad de formas geometricas que se dejaban ver, habian otros individuos  que tambien  se preparaban para vivir el cambio, diminutos; pero de variados colores, algunos de ellos podian volar, mientra que otros tan solo caminaban o rectaban segun sea el  caso. Pero al poco tiempo, veo unos pequeños puntos de colores que se mueven a traves de las hojas , tenian su caparazon de color rojizo con puntos negros, su cabeza negra con grandes mandibulas, eran las chinitas como se conocen por estos lares, estaban moviendose en grupos  quizas cazando; pero eran bastantes.<br />
Mientras las observaba, sus deplazamientos su pequeños vuelos siempre en torno a su grupo, en ese momento me dio la idea que observaba a una famillia; pero esto de pronto cambio, una sombra, una corriente de aire y la muerte.</p>
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]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Comentario de bonybrida en Coccinellidae</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/07/coccinellidae/comment-page-1/#comment-351</link>
		<dc:creator>bonybrida</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 22:54:20 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=79#comment-351</guid>
		<description>-Debes tener esperanza, José
-Es difícil. El camino es muy largo y estoy muy cansado.
-Yo estaré contigo.
-Gracias es lo único que me alienta a seguir adelante. No sé, no veo nada en el horizonte.
-Pero ves el horizonte, ves el lugar donde la tierra y el cielo se encuentran.
-Es una ilusión.
-Todo es una ilusión. La vida, la muerte, vos, yo.
-Ahora veo una sombra.¿La ves? Preguntó Jose con un hilo de voz.
-Si, parece un Oasis. Te dije que llegarías.
-Cada paso es una tortura. Me duelen las piernas. La vista se me nubla.
-¡Vamos, estás tan cerca! No vas a darte por vencido justo ahora.
-Necesito agua. Creo que voy a morir.
Esas palabras fueron las últimas palabras de José, antes de desmayarse.
Una caravana que pasó, rato después, lo rescató y lo llevó hasta el poblado. Cuando recuperó el conocimiento el médico le habló de la sorpresa, ante la hazaña de cruzar el desierto, sin agua y sin alimento.
- Una amiga me acompañó. Me dio ánimo, coraje.
-¿Una amiga? Pero, usted estaba solo.  
-Se equivoca, una vaquita de San Antonio me acompañó todo el camino. Son las vaquitas de la suerte, ¿Las conoce? Son rojas con pintas negras. Encontré una en el tablero del helicóptero antes de emprender vuelo. Como no tenía con quien hablar durante el viaje, hablé con ella como si pudiera escuchar y cuando pude salir del aparato en llamas la encontré en la solapa de mi chaleco. Entonces fue ella la que me habló a mí.. Se que es difícil de creer. Usted dirá que fue una alucinación. Puede que tenga razón. , pero sin ella, le aseguro que ahora, estaría muerto.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>-Debes tener esperanza, José<br />
-Es difícil. El camino es muy largo y estoy muy cansado.<br />
-Yo estaré contigo.<br />
-Gracias es lo único que me alienta a seguir adelante. No sé, no veo nada en el horizonte.<br />
-Pero ves el horizonte, ves el lugar donde la tierra y el cielo se encuentran.<br />
-Es una ilusión.<br />
-Todo es una ilusión. La vida, la muerte, vos, yo.<br />
-Ahora veo una sombra.¿La ves? Preguntó Jose con un hilo de voz.<br />
-Si, parece un Oasis. Te dije que llegarías.<br />
-Cada paso es una tortura. Me duelen las piernas. La vista se me nubla.<br />
-¡Vamos, estás tan cerca! No vas a darte por vencido justo ahora.<br />
-Necesito agua. Creo que voy a morir.<br />
Esas palabras fueron las últimas palabras de José, antes de desmayarse.<br />
Una caravana que pasó, rato después, lo rescató y lo llevó hasta el poblado. Cuando recuperó el conocimiento el médico le habló de la sorpresa, ante la hazaña de cruzar el desierto, sin agua y sin alimento.<br />
- Una amiga me acompañó. Me dio ánimo, coraje.<br />
-¿Una amiga? Pero, usted estaba solo.<br />
-Se equivoca, una vaquita de San Antonio me acompañó todo el camino. Son las vaquitas de la suerte, ¿Las conoce? Son rojas con pintas negras. Encontré una en el tablero del helicóptero antes de emprender vuelo. Como no tenía con quien hablar durante el viaje, hablé con ella como si pudiera escuchar y cuando pude salir del aparato en llamas la encontré en la solapa de mi chaleco. Entonces fue ella la que me habló a mí.. Se que es difícil de creer. Usted dirá que fue una alucinación. Puede que tenga razón. , pero sin ella, le aseguro que ahora, estaría muerto.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de ANNIE HALL7 en Coccinellidae</title>
		<link>http://300palabras.com/2009/07/coccinellidae/comment-page-1/#comment-350</link>
		<dc:creator>ANNIE HALL7</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Jul 2009 13:11:40 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://300palabras.com/?p=79#comment-350</guid>
		<description>John se tumbó en el césped mientras sus dos risueños compañeros contaban chismes y  afinaban  la guitarra. 
Iba a cerrar los ojos,  cuando una mariquita que se movía en la hierba llamó su atención. Puso la mano para cogerla y en cuanto sintió el cosquilleo de las patas en sus dedos, su mente  sufrió  una regresión, que le tranladó doce años atrás.

 El adolescente larguilucho de nariz afilada, era entonces un niño de cinco años, chato y regordete que despedía a su madre en el jardín de la casa de tía Mimi.

- Cariño, si sólo van a ser un par de meses, … pasarás un verano estupendo con los tíos, ¿has visto qué jardín para jugar?.

John todavía no lo había visto con detalle, pero durante los años  siguientes tuvo tiempo de conocerlo a fondo,  ya que iba a ser su hogar definitivo.

- Mira mi amor ¡una mariquita!, ¿recuerdas lo que te dije?, cuando cojas una, piensa un deseo, sopla, y saldrá volando, eso es que tu deseo se cumple.

¡Ladybird, Ladybird!. Desde aquel día John llamaba así  a su madre cada vez que  venía a visitarle.

- ¡Joder, tío!, ¿estás ido o qué?. ¿Tú que dices?- los impacientes zarandeos de sus amigos le hicieron volver a la realidad.

Antes de contestar, pensó un deseo y sopló a la mariquita que aún tenía en la mano.

- Que sí,… que estaba pensando. Ya sé cómo se va a llamar nuestro grupo. Hay que cambiarle el nombre, nos vamos a llamar  “Beatles”.
- ¿Beetles? (Escarabajos), tío pero dónde vas con ese nombre.
- No, hombre , con “a”, Beatles (Rítmicos), ¿lo pilláis?.
Paul frunció la boca pensativo.
- No sé tío, ¿quién se va a quedar con ese nombre?, a mí me suena igual que Beetles.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>John se tumbó en el césped mientras sus dos risueños compañeros contaban chismes y  afinaban  la guitarra.<br />
Iba a cerrar los ojos,  cuando una mariquita que se movía en la hierba llamó su atención. Puso la mano para cogerla y en cuanto sintió el cosquilleo de las patas en sus dedos, su mente  sufrió  una regresión, que le tranladó doce años atrás.</p>
<p> El adolescente larguilucho de nariz afilada, era entonces un niño de cinco años, chato y regordete que despedía a su madre en el jardín de la casa de tía Mimi.</p>
<p>- Cariño, si sólo van a ser un par de meses, … pasarás un verano estupendo con los tíos, ¿has visto qué jardín para jugar?.</p>
<p>John todavía no lo había visto con detalle, pero durante los años  siguientes tuvo tiempo de conocerlo a fondo,  ya que iba a ser su hogar definitivo.</p>
<p>- Mira mi amor ¡una mariquita!, ¿recuerdas lo que te dije?, cuando cojas una, piensa un deseo, sopla, y saldrá volando, eso es que tu deseo se cumple.</p>
<p>¡Ladybird, Ladybird!. Desde aquel día John llamaba así  a su madre cada vez que  venía a visitarle.</p>
<p>- ¡Joder, tío!, ¿estás ido o qué?. ¿Tú que dices?- los impacientes zarandeos de sus amigos le hicieron volver a la realidad.</p>
<p>Antes de contestar, pensó un deseo y sopló a la mariquita que aún tenía en la mano.</p>
<p>- Que sí,… que estaba pensando. Ya sé cómo se va a llamar nuestro grupo. Hay que cambiarle el nombre, nos vamos a llamar  “Beatles”.<br />
- ¿Beetles? (Escarabajos), tío pero dónde vas con ese nombre.<br />
- No, hombre , con “a”, Beatles (Rítmicos), ¿lo pilláis?.<br />
Paul frunció la boca pensativo.<br />
- No sé tío, ¿quién se va a quedar con ese nombre?, a mí me suena igual que Beetles.</p>
<p>&raquo; <a class="ver-todo" href="http://300palabras.com/cuentos/2958066949" rel="nofollow">Ver todos los cuentos de ANNIE HALL7</a></p>
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