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Coccinellidae

21/07/2009

Hay 4 cuentos sobre “Coccinellidae”

  1. POPY dice:

    – ¡Mamá, mamá…mira ven corre! Dos mariquitas se han venido a vivir a nuestra planta…
    A sus seis añitos de edad Darío ya tenía muy claro lo que quería ser de mayor, “animalista” decía en su aún vocabulario infantil.
    – ¿Y qué comen, mami? Beberán agua ¿no? ¿Las puedo llevar al cole? ¡Les voy a poner un nombre a cada una?
    Su madre le aconsejó que no las tocara que había escuchado que la presencia de dos vaquitas de San Antonio (le explicó que también se podían llamar así) era un signo de buena suerte.
    Así Darío se pasaba las tardes observando a sus POCO y YO colorados, inventándose conversaciones con ellas.
    Una de esas tardes su madre le escuchó:
    – ¿Qué pasa YO es que POCO ronca mucho? Os lo pregunto por que nunca dormís juntas…Mis padres duermen separados y mi madre me ha dicho que es por que mi padre ronca como un oso…
    Su madre dejó escapar un leve suspiro que se completó en una lágrima inaudible por Darío pero no por una de las mariquitas que arrancó un lento vuelo escapando por la ventana.
    Darío conmocionado gritó:
    – ¡Mami…POCO se ha ido! ¡Mami…! ¿Ahora tendremos mala suerte?
    Su madre le abrazó con ternura besando su lacio pelo castaño.
    – No, hijo, YO se ha quedado sola, nada más.

    Y Darío no fue veterinario si no un gran abogado matrimonialista.

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  2. ANNIE HALL7 dice:

    John se tumbó en el césped mientras sus dos risueños compañeros contaban chismes y afinaban la guitarra.
    Iba a cerrar los ojos, cuando una mariquita que se movía en la hierba llamó su atención. Puso la mano para cogerla y en cuanto sintió el cosquilleo de las patas en sus dedos, su mente sufrió una regresión, que le tranladó doce años atrás.

    El adolescente larguilucho de nariz afilada, era entonces un niño de cinco años, chato y regordete que despedía a su madre en el jardín de la casa de tía Mimi.

    – Cariño, si sólo van a ser un par de meses, … pasarás un verano estupendo con los tíos, ¿has visto qué jardín para jugar?.

    John todavía no lo había visto con detalle, pero durante los años siguientes tuvo tiempo de conocerlo a fondo, ya que iba a ser su hogar definitivo.

    – Mira mi amor ¡una mariquita!, ¿recuerdas lo que te dije?, cuando cojas una, piensa un deseo, sopla, y saldrá volando, eso es que tu deseo se cumple.

    ¡Ladybird, Ladybird!. Desde aquel día John llamaba así a su madre cada vez que venía a visitarle.

    – ¡Joder, tío!, ¿estás ido o qué?. ¿Tú que dices?- los impacientes zarandeos de sus amigos le hicieron volver a la realidad.

    Antes de contestar, pensó un deseo y sopló a la mariquita que aún tenía en la mano.

    – Que sí,… que estaba pensando. Ya sé cómo se va a llamar nuestro grupo. Hay que cambiarle el nombre, nos vamos a llamar “Beatles”.
    – ¿Beetles? (Escarabajos), tío pero dónde vas con ese nombre.
    – No, hombre , con “a”, Beatles (Rítmicos), ¿lo pilláis?.
    Paul frunció la boca pensativo.
    – No sé tío, ¿quién se va a quedar con ese nombre?, a mí me suena igual que Beetles.

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  3. bonybrida dice:

    -Debes tener esperanza, José
    -Es difícil. El camino es muy largo y estoy muy cansado.
    -Yo estaré contigo.
    -Gracias es lo único que me alienta a seguir adelante. No sé, no veo nada en el horizonte.
    -Pero ves el horizonte, ves el lugar donde la tierra y el cielo se encuentran.
    -Es una ilusión.
    -Todo es una ilusión. La vida, la muerte, vos, yo.
    -Ahora veo una sombra.¿La ves? Preguntó Jose con un hilo de voz.
    -Si, parece un Oasis. Te dije que llegarías.
    -Cada paso es una tortura. Me duelen las piernas. La vista se me nubla.
    -¡Vamos, estás tan cerca! No vas a darte por vencido justo ahora.
    -Necesito agua. Creo que voy a morir.
    Esas palabras fueron las últimas palabras de José, antes de desmayarse.
    Una caravana que pasó, rato después, lo rescató y lo llevó hasta el poblado. Cuando recuperó el conocimiento el médico le habló de la sorpresa, ante la hazaña de cruzar el desierto, sin agua y sin alimento.
    – Una amiga me acompañó. Me dio ánimo, coraje.
    -¿Una amiga? Pero, usted estaba solo.
    -Se equivoca, una vaquita de San Antonio me acompañó todo el camino. Son las vaquitas de la suerte, ¿Las conoce? Son rojas con pintas negras. Encontré una en el tablero del helicóptero antes de emprender vuelo. Como no tenía con quien hablar durante el viaje, hablé con ella como si pudiera escuchar y cuando pude salir del aparato en llamas la encontré en la solapa de mi chaleco. Entonces fue ella la que me habló a mí.. Se que es difícil de creer. Usted dirá que fue una alucinación. Puede que tenga razón. , pero sin ella, le aseguro que ahora, estaría muerto.

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  4. clown dice:

    En una tarde de fines del invierno, mientras miraba por una ventana de la habitacion donde estaba, en ese momento miraba como la vida renacia despues de un crudo invierno, las plantas emergian de un largo letargo y quizas por las caricias de los rayos de sol que caian sobre ellas renacian nuevamente.
    Con la mirada recorria ese patio, que mas que patio era un solar de cemento con pequeñas zonas de vegetación; pero a pesar de ello, la vida emergía en esos pequeños espacios, observaba los distintos tonos de verdes que se generaban al llegar los vientos lumninosos sobre ellas, era digno de mirar.
    En las alturas se sentia el trinar de las aves que tambien hacian sentir ese cambio de estación avisandonos que volvia la vida a este pequeño lugar, sus cuerpos diminutos se preparaban para vivir un nuevo ciclo de vida.
    Pero no era lo unico que podia observar, sobre ese manto de colores verdes y una infinidad de formas geometricas que se dejaban ver, habian otros individuos que tambien se preparaban para vivir el cambio, diminutos; pero de variados colores, algunos de ellos podian volar, mientra que otros tan solo caminaban o rectaban segun sea el caso. Pero al poco tiempo, veo unos pequeños puntos de colores que se mueven a traves de las hojas , tenian su caparazon de color rojizo con puntos negros, su cabeza negra con grandes mandibulas, eran las chinitas como se conocen por estos lares, estaban moviendose en grupos quizas cazando; pero eran bastantes.
    Mientras las observaba, sus deplazamientos su pequeños vuelos siempre en torno a su grupo, en ese momento me dio la idea que observaba a una famillia; pero esto de pronto cambio, una sombra, una corriente de aire y la muerte.

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