La mansión

26/06/2008




Hay 2 cuentos sobre “La mansión”


  1.  Me ha gustado +  +3
    El cuento de bonybrida:

    Uno a uno fueron llegando a la mansión.
    -Es muy importante que estén todos, había dicho el abogado.
    El testamento de, Maria Aurelia va a ser develado.
    Todos estaban presentes y también Lucía citada el día anterior, sin entender el motivo.
    Era una estudiante de enfermería que en los últimos meses le aplicaba las inyecciones de morfina que le aliviaban el terrible dolor que le producía su enfermedad.
    Muchas tardes se quedaba conversando con ella, esperando el tan ansiado alivio y así se fue enterando de gran parte de su vida, de su soledad, de su dolor de no haber podido tener hijos, de lo mucho que amó al hombre con quien estuvo casada y con el cual esperaba encontrarse el día de su muerte.
    -Mis sobrinos, conocen muy bien cada acontecimiento de mi vida. Ellos y tú que me visitas diariamente.
    Un día cualquiera, uno de los últimos, antes de que Lucía se retirara le preguntó:
    -¿Te conté alguna vez cual fue el día más feliz de mi vida?
    -No, dijo ella extrañada.
    -Pues siéntate. Estaba con mi marido en la playa de Aruba
    y de repente me di cuenta que un pequeño de cinco o seis años se había caído desde la escollera y se estaba ahogando. Rápidamente y sin pensarlo me tiré al agua y nadé hacia él,
    luchando contra un mar que no estaba en su mejor forma. Pude rescatarlo y entregárselo a su madre que lloraba desesperadamente. Ese día fue el más feliz .Y ahora vete.
    El Dr. Bornias, enumeró cada uno de los bienes y dijo:
    -Todo esto se lo entregaré a quien sepa contestar esta pregunta:
    -¿Cuál fue el día más feliz en la vida de la señora?
    Solo había entre los presentes una persona que conocía la respuesta.

  2.  Me ha gustado +  +4
    El cuento de POPY:

    El chico de los pantalones rojos entró en la mansión seguido de “CALLE”. “CALLE” olisqueaba en todos los rincones al son de un cascabel que le había puesto su dueño aunque tuviera más de perro que de gato. El chico de los pantalones colorados, al tiempo que “CALLE” investigaba su nueva casa, describía la estancia no sin cierta melancolía.
    El salón muy amplio donde darían grandiosas fiestas, la cocina suficientemente equipada donde cocinarían manjares imposibles, varios dormitorios donde permitirían a sus invitados descansar tras las fiestas y los manjares.
    “CALLE”, por un momento, se fijó en su dueño, el chico en blanco y negro de siempre, el chico de pelo enredado, el chico de risa y llanto fácil, el chico que le había recogido del infierno, el chico que siempre le hablaba en plural.
    Entonces el joven de pantalones rojos enmudeció abriendo el saco de la realidad y extendiéndolo en un rincón. “CALLE” se acurrucó entre sus brazos y los dos miraron al cielo, uno lamentándose de su vida y el otro muy agradecido por tenerla.

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