El cielo estaba lleno de nubes. La playa desierta. Había una furgoneta extrañamente plantada en la mitad de la arena. No se veía a nadie alrededor. En uno de los laterales, escrito con pintura roja, podía leerse: “Precaución: Cadáver en el interior”. El hombre, aguijoneada su curiosidad, se acercó a las ventanillas traseras del vehículo, pero los cristales tintados le impidieron atisbar el interior. Ya iba a alejarse cuando escuchó algo extraño. A pesar del ruido de las olas y el viento, percibió claramente un sonido parecido al gruñido de un perro. Una especie de ronquido grave y rítmico. Se preguntó si habría un perro dentro. Mientras, en el interior de la furgoneta, una mujer atada de pies y manos y amordazada, insistía en sus gritos ahogados e inútiles. El hombre escuchó con más atención y esta vez creyó que el sonido podría proceder de alguien durmiendo en el interior. No quería molestar a nadie ni entrometerse, así que decidió marcharse y continuar con su paseo. Estaba seguro de que no había ningún cadáver en el interior, sabía que los cadáveres no roncan.
La soledad y el mar
Solo tus huellas quedaban en la arena aquella mañana de octubre.
Y la marea subía…
Asomada a mi ventana recordaba aquel breve puente de ternura en
una inolvidable noche de amor.
Y la marea subía…
La absoluta soledad de la playa, el ruido de las olas y las mentirosas
palabras de amor, sonaban aun en el espacio vacío.
Y la marea llego y borro tus huellas.
Dos grandes lagrimones se mezclaron con el recuerdo salado del mar.
La esperanza navega demasiado lejos, hacia un horizonte inexistente.
¿Cómo rescatar la imagen del olvido?
¿Como recuperar lo que nunca fue mío?
Soledad, es todo lo que conozco, todo lo que soy, y no hay nada que odie mas, bien es cierto que yo elegí este camino y aunque sabia que no había vuelta atrás seguí adelante y hoy me arrepiento.
Lo deje todo atrás, creí que tenia el destino en mis manos pero lo único que tenia era una pistola y una foto, no era mas que un peón y ahora estoy solo.
Durante muchos años me e dedicado a esto, a eliminar a la gente, matarlos sin compasión a cambio de dinero, en muchas ocasiones sufrí, heridas de bala, quemaduras, palizas pero nada comparado con el dolor que me produce este vacío.
Luego vuelvo, te dije te bese y me fui, como cada día, a trabajar no te hable nunca de mí, tu no parabas de hablar de ti, aquella noche conocería a tu familia, estaba ansioso.
En la foto aparecía un hombre, anciano de unos 60 años, no parecía peligroso ni mala persona, pero eso a mi me da igual, si pagan, entonces que sea lo que ellos quieran, se encontraba sentado en un restaurante leyendo un libro, tomando un café, me acerque le mire a los ojos y apreté el gatillo, un trabajo mas, la gente corría y gritaba, todos menos una persona.
Una chica, preciosa, aterrada, me miraba con los ojos empañados en lagrimas, lo siento, te dije, pero ya era tarde, de verdad que quería conocer a tu padre y desearía haberlo hecho antes.
Y ahora solo me queda la soledad, huí como un cobarde, no de la policía ni de mis superiores, ni siquiera de los hombres de tu padre, huí del dolor de haberte roto el corazón.
Ahora estoy solo no soy mas que un peón de la muerte, que una sombra en tus sueños, pero, aun te quiero.
Cuando desperté ese día descubrí que no podía hablar, mejor dicho, hablaba como siempre pero cada palabra que salía de mi boca parecía pronunciada en un idioma que ni yo mismo conocía. De igual manera era incapaz de comprender lo que me decían los demás, para mi sorpresa y desesperación. La televisión emitía programas en un lenguaje que sabía que había manejado con comodidad sólo un día antes, pero que resultaba totalmente ininteligible para mí en ese momento. En los meses siguientes descubrí con pánico que mis pensamientos más complejos, los más íntimos habían quedado sellados para siempre en mi mente, nunca sería capaz de expresarme más allá de conceptos básicos que no necesitaran capacidad de abstracción para ser expresados o comprendidos.
Desde entonces no todo ha sido malo. Al no ser capaz de entender a mi mujer, descubrí un millón de matices en su mirada, sus posturas, su tono de voz… No todo lo que observaba me gustó, pero como tampoco tenía manera de preguntar si acertaba en mi percepción decidí dar un valor relativo a estas interpretaciones. Sin embargo todo se complicaba cuando estábamos con más gente. Mi mujer hablaba normalmente con nuestros amigos y familiares, y yo me sentía como si fuera un extranjero que ella había acogido. Tampoco puedo leer ni escribir, ya que cuando trato de materializar la representación gráfica de las letras en mi cabeza todo se nubla y no logro más que representar signos absurdos que nada quieren decir. Soy un extranjero allá donde vaya, perdido y aislado de la cotidianeidad.
Siempre que puedo me vengo a esta playa. Sentado frente al mar descubrí que todavía y por siempre, mi única cómplice sería su azul inmensidad. No necesito palabras, al mirarlo siento que es lo único que aún entiendo.
Fui tan efímera como el aire que me dio cuerpo. Al salir de tu boca morí. En el mismo instante de ver la luz, de contemplar aquel paisaje tan perfecto; el único e inigualable paisaje que pude ver en mi corta vida!!! el mar.
Al salir despedida de tus labios sentí frio, un frio que me quemó por dentro y cortó una a una las sílabas que me formaban, para caer de lleno en el espumoso manto blanco que una ola me brindaba. Sentí cierto alivio al poder comprobar que mi función había sido cumplida con total precisión. Lo sé, porque con el rabillo de la “o”, puede contemplar como abrazabas a aquella, cuya imagen tanto tiempo pude ver mientras bullía en la caldera de tus pensamientos. Al fin, mi mensaje había sido dado. Claro está que tuve que desprenderme de tu mente, agitarme en tu razón, salir por tu boca y flotar en la soledad fria y húmeda de una ola de mar,…pero mereció la pena.
Como recuerdo último antes de desvanecer sé que ella te abrazó y sentí en tus ojos,…calor. No sé muy bien el porqué de aquellos actos ni tampoco logro alcanzar el significado de mi existencia, solo sé como me llamo: “quiero”, y que en el mundo de tus ideas, donde nos unimos todas las palabras que alguna vez tendremos que salir, me siento alabada pues, aunque aparezco en raras ocasiones siento que mi sola presencia (como la ola que me recogió a mi)recubre y protege el resto de palabras que en tu cabeza están deseando saltar a la luz. Ojala todas tengan un lecho para descansar tan especial, como el que tuve yo,…aquella inmesidad azul que me acogió.
Esta que ven ustedes es NUESTRA playa. La playa solitaria, gris y fría de todos los días.
Nos gusta así, es un playa perfecta para NUESTROS intereses: arenal inmenso, abundante pesca. Nadie nos molesta.
Como ven hay algunos humanos. No nos importan, llegan, caminan y se van. No entran en el agua pues, como todos sabemos, les recubre un pellejo vulgar incapaz de soportar la frialdad de NUESTRAS aguas.
Pero, como también observarán, en el arenal han anclado un feo artefacto de color azul. En él habita un humano andrajoso cuyo pellejo aguanta el frío. Se monta en una tabla y se pasa gran parte del día cabalgando sobre las olas. Nos molesta este humano. Nos perturba. No nos acostumbramos a soportar su presencia. NUESTRAS crías sufren. NUESTROS mayores sufren.
Le hemos chillado día y noche. Hemos volado y planeado largas horas sobre su cabeza, amenazantes. El humano nos mira e, inmutable, se lanza al mar.
Estamos hartos. Ayer tomamos una decisión en asamblea. Nos costó sacarla adelante; tengo el honor de ser su promotor y su principal defensor. En resumidas cuentas, el grupo ha decidido atacar al humano sin piedad, utilizando para ello picos y garras. He sugerido que se afilen a conciencia a lo largo del día. Mañana, al amanacer, cantaremos victoria.
Harta de competir y compartir para llevar a cabo aseo y desayuno, salgo de casa temprano.Respiro hondo y disfruto durante el pequeño tramo que dista hasta que llego al metro.Trayecto multitudinario que intento olvidar si encuentro caras conocidas con quien compartir unas palabras amables. De vuelta a la superficie me esperan diez minutos de prisas compartidas con innumerables peatones y vehículos hasta que llego a los almacenes en los que colaboro a su enriquecimiento a cambio de mi supervivencia mediante el trato contínuo con multitud de personas desesperadas por colaborar en ello.
Hambrienta a las once, compito en una barra de bar con mucha gente, por un café con tostada (deseo leer el periódico sola).La escena se repite a la hora de comer (había pensado estar sola y leer novela, pero imposible..) comparto mesa.
Acabo mi jornada y planeo o bien obligaciones sociales, médicas, de abastecimiento, burocráticas o placeres tales como cine, teatro, música, copas y en todas y cada una de estas actividades tengo que compartir con gran afluencia de iguales que me envuelven, absorven, distraen, me hacen feliz, me alejan una y otra vez de la playa solitaria que yo soy.
A medida que pasa el tiempo buscó más la soledad (deseada). Cierto es que siempre había disfrutado con ella y de ella. La ha necesitado (y la necesita) en ciertos momentos de su vida (más de los que recuerda); y lo hizo y hace para poder escucharse, a modo de terapia individual.
Ahora, cuando parece que tarde o temprano todo tendría su fin, la contempla en la distancia como una amiga. Una amiga fiel y necesaria que siempre lo estará esperando y que tendrá para él un rincón en el que ahogar poco a poco su vida.
Podría ser un parque, un camino, una casa. También, por supuesto, una playa. El lugar es lo de menos, lo importante es encontrarla como tantas veces lo ha hecho, y una vez allí, dejarse envolver por ella. El resto vendrá solo.
Cuenta las horas, los días, quizá los meses que aún le quedan, pero sabe que ocurrirá. Sólo le falta armarse de valor, ese valor que siempre le ha faltado, para afrontar la muerte de la vida que lleva e iniciar una nueva. Esta vez en completa soledad.
¿Qué ves desde aquí?
-La playa…
Ya, una playa, supongo, pero… ¿nada más?
-Una playa, la costa, hay montañas, el mar…que sé yo, hay alguien también ahí abajo dando vueltas, hasta un coche…
Vale, eso me gusta más….pero cuéntame, ¿cómo es?
-¿Cómo es qué?
¡La playa, hombre!…es la primera vez que me traes y ya no la puedo ver…díme si es grande…¿hay dunas?…no, espera, quiero que haya dunas, si no las hay te las inventas y me lo cuentas, me encantan las dunas, hijo.
-Lo que tú quieras. Pues sí…hay dunas aquí y allá, por todos lados, se mueven arriba y abajo, se dan un baño y vuelven a secarse a la playa…
¡Qué tonto, pero que tonto eres!…
-Ya sabes, si no le echamos humor a la vida no merece la pena. Se está haciendo tarde y tenemos que volver a casa. Mónica nos estará esperando, hay que preparar la cena -hoy es Nochebuena- ¿recuerdas?
Sí…¿eh? claro.
-…¿en qué estabas pensando?
Hmm. Pensaba, sólo eso…
-Pensabas en papá.
Pues sí, pensaba en tu padre, el año pasado estaba con nosotros y ahora…
-Ahora también mamá, él está aquí de una forma o de otra…supongo.
Ya. ¿Sabes? no es verdad que no conozca esta playa, he estado aquí otras veces pero necesitaba que alguien me la describiese de nuevo…era un lugar especial para nosotros, tu padre y yo…la última vez fue hace muchos años, más de diez creo…
-No lo sabía, no dijisteis nunca nada.
Éramos tus padres pero esto nos pertenecía, a nosotros dos. Ahora él no está y quiero que tú también lo sepas. Cuando vuelvas, dentro de otros diez años, y yo tampoco esté, recordarás que este lugar fue especial para nosotros…seguro que también tendreis un lugar especial, Mónica y tú…y volvereis a él algún día…
Vivo en esta playa desde hace un par de años. En el interior de la furgoneta guardo, junto a unos pocos enseres que conforman todo mi patrimonio, un viejo ordenador portátil por cuya pantalla me asomo al mundo. Hace unos meses se me ocurrió la idea de contar mi historia en un blog. Y la verdad, no podía imaginar que llegase a tantas personas. Constantemente me llegan correos animándome a seguir con esta vida. Incluso hay un grupo que me acompaña todo el tiempo. Ya casi somos una familia. Antes de salir hacia el trabajo, los más madrugadores, la taza caliente entre las manos, quieren saber qué color tiene el mar por la mañana. A mediodía se asoman y preguntan qué hay de comer. Aunque hablan idiomas extraños, el caso es que se entienden perfectamente. Les encanta dar consejos, y por supuesto todos están convencidos de poseer la mejor receta. A veces tengo que poner un poco de orden. Lo normal en todas las familias. Por la tarde, después de la siesta y el baño, coloco el toldo y me siento a escuchar sus consejos sobre la mejor manera de reparar los objetos que los vecinos del pueblo cercano me van dejando como excusa para ayudarme a ganarme el sustento. El día que llegué me miraron con recelo, pero después se acostumbraron a ver la furgoneta. Y ahora creo que hasta les gusta que viva aquí, custodiando permanentemente su playa. Además, he oído que presumen de tener un vecino forastero. Algunos vienen a verme un rato por la tarde. Por la noche, cuando me quedo otra vez solo, enciendo nuevamente el ordenador. Ellos me están esperando. Es la hora de las confidencias y los secretos. Es extraño, nunca me he sentido más acompañado.
Con la memoria de tus ojos grandes , de tu forma de caminar, tan peculiarmente tuya, pocas veces despacio, la mayoria diligente y apresurada; de tus vestidos informales y diversos, pensados para cada ocasión, como si cada una fuera distinta si casi siempre es la misma, y la de hoy se parece a la de ayer y a la de casi todos los dias, te pienso abandonando tu casa, temprano, oliendo tu pelo a lavanda y a rosas y tus labios al primer café de la mañana, y es que, en nuestras mutuas soledades, nos hemos cruzado tantas veces la mirada, la tuya casi siempre indolente, simulando indiferencia, la mia inquisitiva, mucho mas interesada, hasta lograr aprisionar la tuya y hacerla propia aunque tu no lo sepas. Y te sigo imaginando cada día, siendo peregrinos comunes del mismo trayecto, solos, rodeados de los mismos rostros, las mismas rutinas, idénticos gestos y conjuros, hasta que, con todos mis interrogantes intactos ya tan cotidianos, desapareces en tus grandes almacenes donde, otra vez sola, entre tanta gente, me parece que expides quimeras a cambio de voluntades. Y sigues solitaria a pesar de las palabras y las forzadas sonrisas sin encontrar a nadie que te rescate del ingente agobio hasta el filo de mediodía que te detiene para restaurar los estragos del hambre y tu figura. ¿Puede extrañarte, acaso, que cada tarde buscando tu soledad me acerco a esta playa, por sola tan tuya, como si fueras parte de la misma, y quiera compartir la mia?
Siempre veo el mar con ojos de niño asustado. Nado bien, soy prudente, no me arriesgo, en el mar como en la vida, siempre veo el mar con esos mismos ojos. En un tiempo preferí las playas pequeñas, las calas, las piedras, el camino tortuoso de bajada, el anonimato, hasta que de repente me di cuenta de que no podía seguir así, de que mi soledad era tan grande que una pequeña cala no podía abarcarla, de que necesitaba millones de milímetros de arena tibia para calmar mis ansias de ser, pese a que era, pero no podía aceptar que era. Siempre miro el mar con prudencia, como a la vida, lo que no quita que ya llego tres rescates, dos naufragios, tres puntos en una rodilla, dos multas por presunto furtivo y nunca hice el amor en una playa. Lo peor de todo es que soy alpinista, huyo de lo que amo, o le expreso mi amor con la ausencia.
No tengo furgoneta, no sé conducir, siempre desee que me llevasen, al mar, al amor…y quizá consiga que me lleven a todas partes, incluso a las que no deseo. No quisiera morir ahogado, ni en el mar, no me gusta el agua fría, quizá por ello he buscado la muerte en otros lugares, y cuando regreso a la playa no dejo de mirarla con ojos de niño, asustado, pero niño.
La furgoneta tiene tres años. Salio buena, ninguna avería hasta el momento. Se dormía muy bien en el colchón doble del techo. Hasta paellas cocinábamos en la minúscula pero efectiva cocinita. Llegaba el mes de Julio y nos embarcábamos en una nueva aventura. Pero antes, habíamos pasado mucho tiempo proyectando nuestros sueños por innumerables mapas de carreteras.Recuerdo un viaje a Bretaña. Estuvo lloviendo quince días seguidos. Fue un verano de tés y libros al abrigo de nuestra furgoneta. Era maravilloso dejarse llevar por el sonido de la lluvia al golpear el techo,por la música del viento al peinar la playa vacía. Por las noches desafiábamos al temporal y paseábamos por la playa. Se adivinaban algunas luces en la costa. Una noche nos adentramos en un bosque cercano a la playa siguiendo una pista luminosa. Llegamos a una especie de Camping en el que celebraban una fiesta bajo la lluvia. Era un grupo de Irlandeses y corría el Whisky y la cerveza por doquier. Fue divertidísimo.
La cuidamos mucho. Los fines de semana, a veces, incluso dormíamos en ella.
– Por eso le digo que para mi el dinero es lo de menos, que a mi lo que me importa es el trato que se le vaya a dar. Desde que ella se fue no puedo entrar dentro y menos aún salir de paseo . Me comprende?
– Claro que le comprendo. Cómo no voy a comprenderlo si a mi me pasó lo mismo que a usted. Me dejó por otro que conoció en verano. En unas vacaciones juntos.
– ¿Saldrá mucho con ella?
– ¿ Con la furgoneta? Ya le digo, no tengo otro sitio dormir.
El cielo estaba lleno de nubes. La playa desierta. Había una furgoneta extrañamente plantada en la mitad de la arena. No se veía a nadie alrededor. En uno de los laterales, escrito con pintura roja, podía leerse: “Precaución: Cadáver en el interior”. El hombre, aguijoneada su curiosidad, se acercó a las ventanillas traseras del vehículo, pero los cristales tintados le impidieron atisbar el interior. Ya iba a alejarse cuando escuchó algo extraño. A pesar del ruido de las olas y el viento, percibió claramente un sonido parecido al gruñido de un perro. Una especie de ronquido grave y rítmico. Se preguntó si habría un perro dentro. Mientras, en el interior de la furgoneta, una mujer atada de pies y manos y amordazada, insistía en sus gritos ahogados e inútiles. El hombre escuchó con más atención y esta vez creyó que el sonido podría proceder de alguien durmiendo en el interior. No quería molestar a nadie ni entrometerse, así que decidió marcharse y continuar con su paseo. Estaba seguro de que no había ningún cadáver en el interior, sabía que los cadáveres no roncan.
» Ver todos los cuentos de matilde
La soledad y el mar
Solo tus huellas quedaban en la arena aquella mañana de octubre.
Y la marea subía…
Asomada a mi ventana recordaba aquel breve puente de ternura en
una inolvidable noche de amor.
Y la marea subía…
La absoluta soledad de la playa, el ruido de las olas y las mentirosas
palabras de amor, sonaban aun en el espacio vacío.
Y la marea llego y borro tus huellas.
Dos grandes lagrimones se mezclaron con el recuerdo salado del mar.
La esperanza navega demasiado lejos, hacia un horizonte inexistente.
¿Cómo rescatar la imagen del olvido?
¿Como recuperar lo que nunca fue mío?
» Ver todos los cuentos de bonybrida
Soledad, es todo lo que conozco, todo lo que soy, y no hay nada que odie mas, bien es cierto que yo elegí este camino y aunque sabia que no había vuelta atrás seguí adelante y hoy me arrepiento.
Lo deje todo atrás, creí que tenia el destino en mis manos pero lo único que tenia era una pistola y una foto, no era mas que un peón y ahora estoy solo.
Durante muchos años me e dedicado a esto, a eliminar a la gente, matarlos sin compasión a cambio de dinero, en muchas ocasiones sufrí, heridas de bala, quemaduras, palizas pero nada comparado con el dolor que me produce este vacío.
Luego vuelvo, te dije te bese y me fui, como cada día, a trabajar no te hable nunca de mí, tu no parabas de hablar de ti, aquella noche conocería a tu familia, estaba ansioso.
En la foto aparecía un hombre, anciano de unos 60 años, no parecía peligroso ni mala persona, pero eso a mi me da igual, si pagan, entonces que sea lo que ellos quieran, se encontraba sentado en un restaurante leyendo un libro, tomando un café, me acerque le mire a los ojos y apreté el gatillo, un trabajo mas, la gente corría y gritaba, todos menos una persona.
Una chica, preciosa, aterrada, me miraba con los ojos empañados en lagrimas, lo siento, te dije, pero ya era tarde, de verdad que quería conocer a tu padre y desearía haberlo hecho antes.
Y ahora solo me queda la soledad, huí como un cobarde, no de la policía ni de mis superiores, ni siquiera de los hombres de tu padre, huí del dolor de haberte roto el corazón.
Ahora estoy solo no soy mas que un peón de la muerte, que una sombra en tus sueños, pero, aun te quiero.
» Ver todos los cuentos de Banisco
Cuando desperté ese día descubrí que no podía hablar, mejor dicho, hablaba como siempre pero cada palabra que salía de mi boca parecía pronunciada en un idioma que ni yo mismo conocía. De igual manera era incapaz de comprender lo que me decían los demás, para mi sorpresa y desesperación. La televisión emitía programas en un lenguaje que sabía que había manejado con comodidad sólo un día antes, pero que resultaba totalmente ininteligible para mí en ese momento. En los meses siguientes descubrí con pánico que mis pensamientos más complejos, los más íntimos habían quedado sellados para siempre en mi mente, nunca sería capaz de expresarme más allá de conceptos básicos que no necesitaran capacidad de abstracción para ser expresados o comprendidos.
Desde entonces no todo ha sido malo. Al no ser capaz de entender a mi mujer, descubrí un millón de matices en su mirada, sus posturas, su tono de voz… No todo lo que observaba me gustó, pero como tampoco tenía manera de preguntar si acertaba en mi percepción decidí dar un valor relativo a estas interpretaciones. Sin embargo todo se complicaba cuando estábamos con más gente. Mi mujer hablaba normalmente con nuestros amigos y familiares, y yo me sentía como si fuera un extranjero que ella había acogido. Tampoco puedo leer ni escribir, ya que cuando trato de materializar la representación gráfica de las letras en mi cabeza todo se nubla y no logro más que representar signos absurdos que nada quieren decir. Soy un extranjero allá donde vaya, perdido y aislado de la cotidianeidad.
Siempre que puedo me vengo a esta playa. Sentado frente al mar descubrí que todavía y por siempre, mi única cómplice sería su azul inmensidad. No necesito palabras, al mirarlo siento que es lo único que aún entiendo.
» Ver todos los cuentos de akuma.shiroi
Fui tan efímera como el aire que me dio cuerpo. Al salir de tu boca morí. En el mismo instante de ver la luz, de contemplar aquel paisaje tan perfecto; el único e inigualable paisaje que pude ver en mi corta vida!!! el mar.
Al salir despedida de tus labios sentí frio, un frio que me quemó por dentro y cortó una a una las sílabas que me formaban, para caer de lleno en el espumoso manto blanco que una ola me brindaba. Sentí cierto alivio al poder comprobar que mi función había sido cumplida con total precisión. Lo sé, porque con el rabillo de la “o”, puede contemplar como abrazabas a aquella, cuya imagen tanto tiempo pude ver mientras bullía en la caldera de tus pensamientos. Al fin, mi mensaje había sido dado. Claro está que tuve que desprenderme de tu mente, agitarme en tu razón, salir por tu boca y flotar en la soledad fria y húmeda de una ola de mar,…pero mereció la pena.
Como recuerdo último antes de desvanecer sé que ella te abrazó y sentí en tus ojos,…calor. No sé muy bien el porqué de aquellos actos ni tampoco logro alcanzar el significado de mi existencia, solo sé como me llamo: “quiero”, y que en el mundo de tus ideas, donde nos unimos todas las palabras que alguna vez tendremos que salir, me siento alabada pues, aunque aparezco en raras ocasiones siento que mi sola presencia (como la ola que me recogió a mi)recubre y protege el resto de palabras que en tu cabeza están deseando saltar a la luz. Ojala todas tengan un lecho para descansar tan especial, como el que tuve yo,…aquella inmesidad azul que me acogió.
» Ver todos los cuentos de mabepez
Esta que ven ustedes es NUESTRA playa. La playa solitaria, gris y fría de todos los días.
Nos gusta así, es un playa perfecta para NUESTROS intereses: arenal inmenso, abundante pesca. Nadie nos molesta.
Como ven hay algunos humanos. No nos importan, llegan, caminan y se van. No entran en el agua pues, como todos sabemos, les recubre un pellejo vulgar incapaz de soportar la frialdad de NUESTRAS aguas.
Pero, como también observarán, en el arenal han anclado un feo artefacto de color azul. En él habita un humano andrajoso cuyo pellejo aguanta el frío. Se monta en una tabla y se pasa gran parte del día cabalgando sobre las olas. Nos molesta este humano. Nos perturba. No nos acostumbramos a soportar su presencia. NUESTRAS crías sufren. NUESTROS mayores sufren.
Le hemos chillado día y noche. Hemos volado y planeado largas horas sobre su cabeza, amenazantes. El humano nos mira e, inmutable, se lanza al mar.
Estamos hartos. Ayer tomamos una decisión en asamblea. Nos costó sacarla adelante; tengo el honor de ser su promotor y su principal defensor. En resumidas cuentas, el grupo ha decidido atacar al humano sin piedad, utilizando para ello picos y garras. He sugerido que se afilen a conciencia a lo largo del día. Mañana, al amanacer, cantaremos victoria.
» Ver todos los cuentos de dune
Harta de competir y compartir para llevar a cabo aseo y desayuno, salgo de casa temprano.Respiro hondo y disfruto durante el pequeño tramo que dista hasta que llego al metro.Trayecto multitudinario que intento olvidar si encuentro caras conocidas con quien compartir unas palabras amables. De vuelta a la superficie me esperan diez minutos de prisas compartidas con innumerables peatones y vehículos hasta que llego a los almacenes en los que colaboro a su enriquecimiento a cambio de mi supervivencia mediante el trato contínuo con multitud de personas desesperadas por colaborar en ello.
Hambrienta a las once, compito en una barra de bar con mucha gente, por un café con tostada (deseo leer el periódico sola).La escena se repite a la hora de comer (había pensado estar sola y leer novela, pero imposible..) comparto mesa.
Acabo mi jornada y planeo o bien obligaciones sociales, médicas, de abastecimiento, burocráticas o placeres tales como cine, teatro, música, copas y en todas y cada una de estas actividades tengo que compartir con gran afluencia de iguales que me envuelven, absorven, distraen, me hacen feliz, me alejan una y otra vez de la playa solitaria que yo soy.
» Ver todos los cuentos de ona
A medida que pasa el tiempo buscó más la soledad (deseada). Cierto es que siempre había disfrutado con ella y de ella. La ha necesitado (y la necesita) en ciertos momentos de su vida (más de los que recuerda); y lo hizo y hace para poder escucharse, a modo de terapia individual.
Ahora, cuando parece que tarde o temprano todo tendría su fin, la contempla en la distancia como una amiga. Una amiga fiel y necesaria que siempre lo estará esperando y que tendrá para él un rincón en el que ahogar poco a poco su vida.
Podría ser un parque, un camino, una casa. También, por supuesto, una playa. El lugar es lo de menos, lo importante es encontrarla como tantas veces lo ha hecho, y una vez allí, dejarse envolver por ella. El resto vendrá solo.
Cuenta las horas, los días, quizá los meses que aún le quedan, pero sabe que ocurrirá. Sólo le falta armarse de valor, ese valor que siempre le ha faltado, para afrontar la muerte de la vida que lleva e iniciar una nueva. Esta vez en completa soledad.
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¿Qué ves desde aquí?
-La playa…
Ya, una playa, supongo, pero… ¿nada más?
-Una playa, la costa, hay montañas, el mar…que sé yo, hay alguien también ahí abajo dando vueltas, hasta un coche…
Vale, eso me gusta más….pero cuéntame, ¿cómo es?
-¿Cómo es qué?
¡La playa, hombre!…es la primera vez que me traes y ya no la puedo ver…díme si es grande…¿hay dunas?…no, espera, quiero que haya dunas, si no las hay te las inventas y me lo cuentas, me encantan las dunas, hijo.
-Lo que tú quieras. Pues sí…hay dunas aquí y allá, por todos lados, se mueven arriba y abajo, se dan un baño y vuelven a secarse a la playa…
¡Qué tonto, pero que tonto eres!…
-Ya sabes, si no le echamos humor a la vida no merece la pena. Se está haciendo tarde y tenemos que volver a casa. Mónica nos estará esperando, hay que preparar la cena -hoy es Nochebuena- ¿recuerdas?
Sí…¿eh? claro.
-…¿en qué estabas pensando?
Hmm. Pensaba, sólo eso…
-Pensabas en papá.
Pues sí, pensaba en tu padre, el año pasado estaba con nosotros y ahora…
-Ahora también mamá, él está aquí de una forma o de otra…supongo.
Ya. ¿Sabes? no es verdad que no conozca esta playa, he estado aquí otras veces pero necesitaba que alguien me la describiese de nuevo…era un lugar especial para nosotros, tu padre y yo…la última vez fue hace muchos años, más de diez creo…
-No lo sabía, no dijisteis nunca nada.
Éramos tus padres pero esto nos pertenecía, a nosotros dos. Ahora él no está y quiero que tú también lo sepas. Cuando vuelvas, dentro de otros diez años, y yo tampoco esté, recordarás que este lugar fue especial para nosotros…seguro que también tendreis un lugar especial, Mónica y tú…y volvereis a él algún día…
» Ver todos los cuentos de Franjrohe
Vivo en esta playa desde hace un par de años. En el interior de la furgoneta guardo, junto a unos pocos enseres que conforman todo mi patrimonio, un viejo ordenador portátil por cuya pantalla me asomo al mundo. Hace unos meses se me ocurrió la idea de contar mi historia en un blog. Y la verdad, no podía imaginar que llegase a tantas personas. Constantemente me llegan correos animándome a seguir con esta vida. Incluso hay un grupo que me acompaña todo el tiempo. Ya casi somos una familia. Antes de salir hacia el trabajo, los más madrugadores, la taza caliente entre las manos, quieren saber qué color tiene el mar por la mañana. A mediodía se asoman y preguntan qué hay de comer. Aunque hablan idiomas extraños, el caso es que se entienden perfectamente. Les encanta dar consejos, y por supuesto todos están convencidos de poseer la mejor receta. A veces tengo que poner un poco de orden. Lo normal en todas las familias. Por la tarde, después de la siesta y el baño, coloco el toldo y me siento a escuchar sus consejos sobre la mejor manera de reparar los objetos que los vecinos del pueblo cercano me van dejando como excusa para ayudarme a ganarme el sustento. El día que llegué me miraron con recelo, pero después se acostumbraron a ver la furgoneta. Y ahora creo que hasta les gusta que viva aquí, custodiando permanentemente su playa. Además, he oído que presumen de tener un vecino forastero. Algunos vienen a verme un rato por la tarde. Por la noche, cuando me quedo otra vez solo, enciendo nuevamente el ordenador. Ellos me están esperando. Es la hora de las confidencias y los secretos. Es extraño, nunca me he sentido más acompañado.
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Con la memoria de tus ojos grandes , de tu forma de caminar, tan peculiarmente tuya, pocas veces despacio, la mayoria diligente y apresurada; de tus vestidos informales y diversos, pensados para cada ocasión, como si cada una fuera distinta si casi siempre es la misma, y la de hoy se parece a la de ayer y a la de casi todos los dias, te pienso abandonando tu casa, temprano, oliendo tu pelo a lavanda y a rosas y tus labios al primer café de la mañana, y es que, en nuestras mutuas soledades, nos hemos cruzado tantas veces la mirada, la tuya casi siempre indolente, simulando indiferencia, la mia inquisitiva, mucho mas interesada, hasta lograr aprisionar la tuya y hacerla propia aunque tu no lo sepas. Y te sigo imaginando cada día, siendo peregrinos comunes del mismo trayecto, solos, rodeados de los mismos rostros, las mismas rutinas, idénticos gestos y conjuros, hasta que, con todos mis interrogantes intactos ya tan cotidianos, desapareces en tus grandes almacenes donde, otra vez sola, entre tanta gente, me parece que expides quimeras a cambio de voluntades. Y sigues solitaria a pesar de las palabras y las forzadas sonrisas sin encontrar a nadie que te rescate del ingente agobio hasta el filo de mediodía que te detiene para restaurar los estragos del hambre y tu figura. ¿Puede extrañarte, acaso, que cada tarde buscando tu soledad me acerco a esta playa, por sola tan tuya, como si fueras parte de la misma, y quiera compartir la mia?
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Siempre veo el mar con ojos de niño asustado. Nado bien, soy prudente, no me arriesgo, en el mar como en la vida, siempre veo el mar con esos mismos ojos. En un tiempo preferí las playas pequeñas, las calas, las piedras, el camino tortuoso de bajada, el anonimato, hasta que de repente me di cuenta de que no podía seguir así, de que mi soledad era tan grande que una pequeña cala no podía abarcarla, de que necesitaba millones de milímetros de arena tibia para calmar mis ansias de ser, pese a que era, pero no podía aceptar que era. Siempre miro el mar con prudencia, como a la vida, lo que no quita que ya llego tres rescates, dos naufragios, tres puntos en una rodilla, dos multas por presunto furtivo y nunca hice el amor en una playa. Lo peor de todo es que soy alpinista, huyo de lo que amo, o le expreso mi amor con la ausencia.
No tengo furgoneta, no sé conducir, siempre desee que me llevasen, al mar, al amor…y quizá consiga que me lleven a todas partes, incluso a las que no deseo. No quisiera morir ahogado, ni en el mar, no me gusta el agua fría, quizá por ello he buscado la muerte en otros lugares, y cuando regreso a la playa no dejo de mirarla con ojos de niño, asustado, pero niño.
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La furgoneta tiene tres años. Salio buena, ninguna avería hasta el momento. Se dormía muy bien en el colchón doble del techo. Hasta paellas cocinábamos en la minúscula pero efectiva cocinita. Llegaba el mes de Julio y nos embarcábamos en una nueva aventura. Pero antes, habíamos pasado mucho tiempo proyectando nuestros sueños por innumerables mapas de carreteras.Recuerdo un viaje a Bretaña. Estuvo lloviendo quince días seguidos. Fue un verano de tés y libros al abrigo de nuestra furgoneta. Era maravilloso dejarse llevar por el sonido de la lluvia al golpear el techo,por la música del viento al peinar la playa vacía. Por las noches desafiábamos al temporal y paseábamos por la playa. Se adivinaban algunas luces en la costa. Una noche nos adentramos en un bosque cercano a la playa siguiendo una pista luminosa. Llegamos a una especie de Camping en el que celebraban una fiesta bajo la lluvia. Era un grupo de Irlandeses y corría el Whisky y la cerveza por doquier. Fue divertidísimo.
La cuidamos mucho. Los fines de semana, a veces, incluso dormíamos en ella.
– Por eso le digo que para mi el dinero es lo de menos, que a mi lo que me importa es el trato que se le vaya a dar. Desde que ella se fue no puedo entrar dentro y menos aún salir de paseo . Me comprende?
– Claro que le comprendo. Cómo no voy a comprenderlo si a mi me pasó lo mismo que a usted. Me dejó por otro que conoció en verano. En unas vacaciones juntos.
– ¿Saldrá mucho con ella?
– ¿ Con la furgoneta? Ya le digo, no tengo otro sitio dormir.
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