-Hay duendes en esta casa, estoy seguro. Ayer cerré la puerta y dejé las llaves puestas. Hoy amanecían en la mesa del comedor. Y no sólo eso. Ayer puse a cocer coliflor y al ir a comer, no sé cómo, se había transformado en judías verdes. Y lo peor, lo que más me ha trastornado es la desaparición de “Azulona”. Ayer, como todos los días, fui al garaje a darle las buenas noches. Sabes que siempre lo hago, se lo merece por los buenos momentos que he pasado junto a ella. A tu madre le encantaba. No iba a ninguna parte si no la llevaba en “Azulona”. Y hoy, ¿te lo puedes creer hijo mío? ¡Había desaparecido! Lo que te digo, hay duendes o algo raro en esta casa, estoy seguro.
El hijo escuchaba a su padre fumando un cigarro. Sabía que esos duendes no eran más que pérdidas de memoria cada vez mayores, no se lo dijo pues lo olvidaría. Sacó la cartera de su chaqueta. Le quería contar que “Azulona” tenía otro dueño, que por quinientas libras que acabarían saldando deudas le había arrebatado la única razón para levantarse cada mañana. Se lo quería decir pero eso su padre nunca lo olvidaría.
Se levantó de la mesa y se acercó a su padre.
- Papá, no te preocupes, hoy mismo pondré trampas para atrapar a esos duendes.
Siempre me pasa lo mismo, y mira que lo veia venir. Tengo la extraordinaria habilidad de dejar las compras de navidad para el último día.
Este año he decidido no pisar un centro comercial y evitar así la lucha contra las masas, además este año las compras van a ser especiales, en verano conseguí mi primer empleo, mi primo Larry a través de un amigo se enteró que necesitaban un ayudante de mecánico en el taller a la salida del pueblo, junto a la gasolinera.
Pues bien, ya que por primera vez dispongo de mis propios ahorros voy a ser generoso con mis regalos, y especialmente con mi abuelo. El pobre anda desolado las últimas semanas, dice que le han robado su moto de juventud, “Azulona” la llama él.
Pues la casualidad hizo que el domingo pasado, en el rastro que montan en la plaza mayor viera una moto idéntica a la del abuelo. Creo que va siendo hora de compensarle por tantos caprichos consentidos a su nieto.
P.D: Grácias a Popy por servirme de inspiración :p
Mi hermana soñó durante mucho tiempo con esta vespa.
Mi padre decía : No, porque eres mujer
Mi madre decía: No, porque eres pequeña
Su insistencia hizo insoportable el ambiente familiar, sobre todo por las sandeces que tuve que oir argumentando el no al fehaciente y firme deseo.
Gracias a la intervención de nuestro liberal y espléndido abuelo, unos meses después, Pilarin se paseaba por el pueblo con su vespa como un chicote -decía mi padre-, haciendo todos los recados de la familia para compensar y yo montada tras ella, siendo beneficiaria directa del placer de la velocidad.
Por arte de las convenciones sociales, al poco tiempo, mi hermana y yo pasamos a ser un mal ejemplo para todos, hombres y mujeres. Para lo primeros por purita envidia y para las segundas por lo mismo y además por “ transgresoras sexuales”.
Esta felicidad “al margen de la ley” duró hasta que mi hermana se enamoró y el condicionante de este amor fue que se bajara de la vespa. Y nos bajamos las dos. Y yo, incapaz para conducirla, me quedé bajada y sin novio. Al poco tiempo pasó esto que nos muestra la foto.
En la actualidad sigo soltera pero me monto a una Harley Davidson.
Hace algunas noches, una de esas en las que el sueño se le escapó por la ventana, se puso a revisar la vieja y querida caja de fotos.
Allí tiene guardadas, como en una tienda de trastos viejos, momentos inolvidables de su vida en blanco y negro y de sus hijos y nietos en coloridos pasajes.
Ahora que el mundo digital las convirtió en simples papeluchos pasados de moda, verlas le produce un placer muy especial. Es así como se deleito recordando .viejos tiempos.
En el fondo, casi perdida, encontró una, chiquita, amarillenta y ajada que sacaron aquel lejano día del cumpleaños de Carola, su compañera de colegio, junto a su Vespa 175, cuando las dos tenían 16 años.
Era de color celeste, con el asiento gris y su padre le había hecho grabar las iniciales C.H. en el frente.
Esa imagen olvidada, la llevó en un retroceso virtual, hasta los agitados años sesenta, cuando las burbujeantes hormonas de la adolescencia convertían los paseos en moto alrededor del parque, en una aventura única, irrepetible y glamorosa.
Y no pudo dejar de sonreír cuando, a pesar de su mala memoria, recordó el kiosco de flores que se llevaron por delante, la primera vez que la usaron.
Aun podía recordarlas desparramadas por el piso, y al italiano, con el brazo levantado insultándolas en quien sabe que dialecto, mientras ellas muertas de risa se alejaban a toda velocidad.
Con un poco de nostalgia en su corazón la alisó con la mano y la guardo nuevamente, cerrando la caja y también los ojos en busca del sueño perdido.
Esto debe terminar. Yo no lo deseo, pero así debe ser. Hemos pasado años de intenso amor y cariño, sin embargo tanto tú como yo sabíamos que los demás nos envidiaban y no aceptarían nuestra pasión. Jamás olvidaré las noches que hemos pasado acariciándonos, mirándonos fijamente, mi cuerpo sobre el tuyo… pero mi propia familia me ha traicionado. Mañana abandono la ciudad, obligado, triste y abatido, pero incapaz de luchar más contra un sistema que me asfixia y acorrala.
Maldita sea, nos imaginaba envejeciendo en una casita en el campo y en mis sueños tu color iba aclarándose y mi piel se iba agrietando, pero la luz en tu faro siempre brillaba con la misma intensidad. Que sabrán aquellas tristes figuras blancas del frenopático sobre la normalidad y la locura. Que sabrá tu dueño sobre lo que tú puedes ofrecer a un hombre. No te preocupes, amor mío, no sé cuánto tiempo tardaré en volver ni lo que tendré que hacer para que me suelten, pero volveré y finalmente podremos estar juntos otra vez y para siempre. Sólo te pido que en los agrios momentos que vengan no olvides todos estos años en los que nos veíamos a hurtadillas cuando todos los demás dormían.
Por favor, vida mía, no quiero que sufras ni te castigues por los malos momentos que hemos superado, como cuando te enfadaste y te pusiste alarma, o cuando te aparcaste 4 manzanas más lejos porque, lo reconozco, yo me sobrepasé en mi ímpetu amoroso. Recordaré esos momentos como el cemento que hacía sólida y real nuestra relación.
Sólo te pido una cosa después de tanto tiempo. Hazlo por mí, no te vayas. Espérame.
-¿Cómo? ¿Sólo cuesta 500? Espérese un momento aquí que ahora mismo se los traigo.
Ésto fué lo único que dije antes de comprarla, luego me fuí directamente a mi casa, cogí el dinero, volví a la tienda y la pagué.
Por fin tenia vespa, me la llevaba a todas partes, iba con ella al conservatorio, al instituto, cuando salia con mis amigos… parecia mi sombra.
Un dia, estando la moto aparcada en la calle, le pincharon las ruedas. Cuando lo vi, me puse de los nervios, no entendia por qué habia gente de esa manera, yo que siempre procuraba no hacer daño a nadie, yo que siempre me preocupaba por los demás y les ayudaba en sus problemas.
Ese dia me di cuenta de que no es cierto lo que dicen: no se recibe lo que se da, lo que si que es cierto es que el mundo es injusto.
Sentado aquí, cabizbajo, en un banco junto al río, aprieto con rabia el casco entre las manos.
Hoy he amanecido temprano con la ilusión de la entrevista. He pensado en Martín, mi tío soltero, y en el día en que me regaló la moto con un guiño cómplice en la mirada.
Llevaba unas semanas en Londres cuando por fin me llamaron para un trabajo. Dependiente de grandes almacenes. No estaba mal para empezar a cumplir el sueño: la vespa y yo en la gran ciudad.
Hoy era el día. Me sobraba tiempo, pero me he confiado. Ahora tengo prisa.
Por fin llego. Bajo de un salto y dejo la moto en la acera, junto a un puesto de flores. Apenas unos pasos cuando advierto que llevo el candado en las manos. Me doy la vuelta. La moto sigue allí, reluciente. No me gusta el quiosquero. Además, un tipo raro me observa fijamente. Miro el reloj, es tarde, no hay tiempo y decido entrar. En la puerta me cruzo con varios mozos que sacan cajas y maniquíes a la calle.
Todo ha ocurrido muy rápido. El tipo raro me lo ha explicado después, sobresaltado, tirándome de la manga y pidiéndome perdón por no haber comprendido antes.
Al parecer, un mozo ha colgado distraídamente una etiqueta en el manillar. Poco después, un turista ha pasado y se ha quedado mirando la moto. Finalmente se dirige al quiosquero, y sin mediar palabra, le pone quinientas libras en la mano. Luego se ha marchado por Oxford Street, calle abajo.
El quiosquero me ha devuelto el dinero y ha intentado consolarme cariñosamente en vano.
Ahora levanto la mirada. Al fondo, la cúpula de St. Paul se asoma por entre un mar grúas y edificios de cristal. Abajo, el río soñado discurre serenamente. Impávido. Cruel.
El hombre se acercó. Miró con detenimiento la moto, rodeandola varias veces. Finalmente se acercó hacia mi, y me dijo:
-¿de donde ha sacado esta moto?
Le contesté que, como el resto de objetos de mi tienda, había sido comprado a alguien que necesitaba dinero rápido.
- Ha sido robada. Soy policia y voy a confiscarla
- ¿Robada? - pregunté - ¿a quien?
- Eso no es asunto suyo, me la llevo a comisaría
Le pedí que se identificara. Sacó una placa y me dijo:
- Salvador Fernandez, Inspector de Policía.
- Inspector Fernandez - le dije - es IMPOSIBLE que esta moto sea robada. Casualmente conozco muy bien a la persona que me la vendió. No es en ningún caso un ladrón, y me consta que esta moto fue adquirida por él en 1971 de forma absolutamente legal.
- Escuche - dijo él - esta moto ha sido robada y lo sé muy bien. Porque hasta hace poco era mía. Casualmente yo también la compré en 1971. Pero me la robaron hace 6 meses.
- El asunto está claro - dije - usted y mi vendedor compraron motos iguales, del mismo color y modelo el mismo año, y usted cree que esta es la suya.
- Esta moto es mía - insistió
- ¿Puede usted demostrarlo? Necesitaremos el número de serie de la moto que usted compró para asegurarlo.
- No tengo esos papeles. Pero le digo que la moto es mía - dijo sacando una pistola del bolsillo de su chaqueta.
Me quedé sin palabras, retrocediendo unos pasos. Quedamos en silencio durante unos pocos interminables segundos… Por fin bajó la pistola, la guardó y me dijo:
- vendré a por ella esta tarde con una furgoneta.
Desde su visita han pasado diez días. No ha vuelto. He vendido la moto. Ojala no venga. Tengo miedo
¡Cuánto me hubiera gustado poder comprarle esa moto!. Estaba seguro de que con eso la haría la persona más feliz del mundo. La quería tanto y sin embargo no tenía el dinero suficiente para comprarla. Entonces me detuve, resignado, con el solo propósito de contemplarla. ¡Era una moto preciosa, perfecta para una chica como ella!. Luego vino a mi mente un pensamiento que me dejó helado, puesto que por primera vez se me había ocurrido algo así. ¡Había decidido robar la moto!.
Sin que nadie pudiera adivinar mi intención, me acerqué lentamente a la moto, resuelto a robarla. Ya le estaba poniendo las manos encima cuando escuché una voz a mis espaldas: “¡Juan!”. Me di la vuelta y allí estaba, con toda su belleza, mi querida novia Andrea. La saludé con un beso y me preguntó qué estaba haciendo allí. Vi algunas flores en el piso y le dije que estaba a punto de comprarle algunas rosas, que me había descubierto “in fraganti”. Entonces se sonrojó, y me dio un rico y jugoso beso. Pasmado por la emoción, finalmente le compré las rosas. Luego charlamos un rato, pero antes de irse miró la moto y dijo: “¿No es curioso? ¡Mi papá me compró una igual ayer!. Bueno, chau”. La vi alejarse sonriente pensando que, al fin y al cabo, aquella moto no hubiera valido más que unas cuantas rosas rojas.
No es la misma moto, no, José y cristina viajaban en una Lambretta, verde con adornos amarillos, no es la misma moto, es imposible, pero en cierto modo sí es la misma moto, o al menos es una moto, que a veces los objetos nos confunden, y acabamos reduciendo a las personas y los sentimientos a objetos, al me quiere por que me compró aquel anillo, me aprecia porque me regaló una estilográfica, que buena persona debe de ser porque lleva ese reloj tan distinguido, solo un sinvergüenza llevaría una navaja de ese tamaño, mi moneda de la suerte…
No es la misma moto, ni es posible, ni quiero que sea posible, pero al verla veo la calle atestada de tráfico, me veo saludándoles mientras cruzo sin prudencia alguna una mañana de un soleado sábado de hace veinte años, sonriente todos, en un breve destello de felicidad que solo ahora puedo comprender.
-No tengo ni dinero ni ganas de comprarle una moto al niño
-Cielo, el niño quiere la moto, es su cumpleaños, además así va al colegio y viene sin tener que levantarse tan temprano para coger los dos autobuses
-He dicho que no, no tiene ninguna necesidad, además motos de segunda mano, a saber si las han trucado o cosas de esas, no
-Siempre estás protestando, ésta no es la Violeta con la que me casé
-¿Qué insinúas?
-Insinúo que desde que los niños han crecido estás amargada, protestando por todo, y todo te parece mal, además, creo que la Vespa le viene bien al niño
-He dicho que no y es que no, en casa mando yo, parece mentira que no me conozcas, no quiero volver a oir hablar del tema, la moto no es para el niño y punto, ¿ha quedado claro?, me he expresado con suficiente claridad?
-Sí cielo
-Es que de verdad, son ganas de sacarme de mis casillas, voy a comprar huevos que no hay
-De acuerdo, te espero en el quiosco… Perdone, tenga los 500, me la llevo puesta
Escribe tu cuento
Tienes que estar identificado para escribir tu cuento.
El cuento de POPY:
18.12.2007 a las 11:32 am | Ver todos los cuentos de POPY
-Hay duendes en esta casa, estoy seguro. Ayer cerré la puerta y dejé las llaves puestas. Hoy amanecían en la mesa del comedor. Y no sólo eso. Ayer puse a cocer coliflor y al ir a comer, no sé cómo, se había transformado en judías verdes. Y lo peor, lo que más me ha trastornado es la desaparición de “Azulona”. Ayer, como todos los días, fui al garaje a darle las buenas noches. Sabes que siempre lo hago, se lo merece por los buenos momentos que he pasado junto a ella. A tu madre le encantaba. No iba a ninguna parte si no la llevaba en “Azulona”. Y hoy, ¿te lo puedes creer hijo mío? ¡Había desaparecido! Lo que te digo, hay duendes o algo raro en esta casa, estoy seguro.
El hijo escuchaba a su padre fumando un cigarro. Sabía que esos duendes no eran más que pérdidas de memoria cada vez mayores, no se lo dijo pues lo olvidaría. Sacó la cartera de su chaqueta. Le quería contar que “Azulona” tenía otro dueño, que por quinientas libras que acabarían saldando deudas le había arrebatado la única razón para levantarse cada mañana. Se lo quería decir pero eso su padre nunca lo olvidaría.
Se levantó de la mesa y se acercó a su padre.
- Papá, no te preocupes, hoy mismo pondré trampas para atrapar a esos duendes.
El cuento de sergi:
19.12.2007 a las 8:48 am | Ver todos los cuentos de sergi
Siempre me pasa lo mismo, y mira que lo veia venir. Tengo la extraordinaria habilidad de dejar las compras de navidad para el último día.
Este año he decidido no pisar un centro comercial y evitar así la lucha contra las masas, además este año las compras van a ser especiales, en verano conseguí mi primer empleo, mi primo Larry a través de un amigo se enteró que necesitaban un ayudante de mecánico en el taller a la salida del pueblo, junto a la gasolinera.
Pues bien, ya que por primera vez dispongo de mis propios ahorros voy a ser generoso con mis regalos, y especialmente con mi abuelo. El pobre anda desolado las últimas semanas, dice que le han robado su moto de juventud, “Azulona” la llama él.
Pues la casualidad hizo que el domingo pasado, en el rastro que montan en la plaza mayor viera una moto idéntica a la del abuelo. Creo que va siendo hora de compensarle por tantos caprichos consentidos a su nieto.
P.D: Grácias a Popy por servirme de inspiración :p
El cuento de ona:
19.12.2007 a las 10:42 am | Ver todos los cuentos de ona
Mi hermana soñó durante mucho tiempo con esta vespa.
Mi padre decía : No, porque eres mujer
Mi madre decía: No, porque eres pequeña
Su insistencia hizo insoportable el ambiente familiar, sobre todo por las sandeces que tuve que oir argumentando el no al fehaciente y firme deseo.
Gracias a la intervención de nuestro liberal y espléndido abuelo, unos meses después, Pilarin se paseaba por el pueblo con su vespa como un chicote -decía mi padre-, haciendo todos los recados de la familia para compensar y yo montada tras ella, siendo beneficiaria directa del placer de la velocidad.
Por arte de las convenciones sociales, al poco tiempo, mi hermana y yo pasamos a ser un mal ejemplo para todos, hombres y mujeres. Para lo primeros por purita envidia y para las segundas por lo mismo y además por “ transgresoras sexuales”.
Esta felicidad “al margen de la ley” duró hasta que mi hermana se enamoró y el condicionante de este amor fue que se bajara de la vespa. Y nos bajamos las dos. Y yo, incapaz para conducirla, me quedé bajada y sin novio. Al poco tiempo pasó esto que nos muestra la foto.
En la actualidad sigo soltera pero me monto a una Harley Davidson.
El cuento de bonybrida:
19.12.2007 a las 6:26 pm | Ver todos los cuentos de bonybrida
Hace algunas noches, una de esas en las que el sueño se le escapó por la ventana, se puso a revisar la vieja y querida caja de fotos.
Allí tiene guardadas, como en una tienda de trastos viejos, momentos inolvidables de su vida en blanco y negro y de sus hijos y nietos en coloridos pasajes.
Ahora que el mundo digital las convirtió en simples papeluchos pasados de moda, verlas le produce un placer muy especial. Es así como se deleito recordando .viejos tiempos.
En el fondo, casi perdida, encontró una, chiquita, amarillenta y ajada que sacaron aquel lejano día del cumpleaños de Carola, su compañera de colegio, junto a su Vespa 175, cuando las dos tenían 16 años.
Era de color celeste, con el asiento gris y su padre le había hecho grabar las iniciales C.H. en el frente.
Esa imagen olvidada, la llevó en un retroceso virtual, hasta los agitados años sesenta, cuando las burbujeantes hormonas de la adolescencia convertían los paseos en moto alrededor del parque, en una aventura única, irrepetible y glamorosa.
Y no pudo dejar de sonreír cuando, a pesar de su mala memoria, recordó el kiosco de flores que se llevaron por delante, la primera vez que la usaron.
Aun podía recordarlas desparramadas por el piso, y al italiano, con el brazo levantado insultándolas en quien sabe que dialecto, mientras ellas muertas de risa se alejaban a toda velocidad.
Con un poco de nostalgia en su corazón la alisó con la mano y la guardo nuevamente, cerrando la caja y también los ojos en busca del sueño perdido.
El cuento de akuma.shiroi:
19.12.2007 a las 6:41 pm | Ver todos los cuentos de akuma.shiroi
Esto debe terminar. Yo no lo deseo, pero así debe ser. Hemos pasado años de intenso amor y cariño, sin embargo tanto tú como yo sabíamos que los demás nos envidiaban y no aceptarían nuestra pasión. Jamás olvidaré las noches que hemos pasado acariciándonos, mirándonos fijamente, mi cuerpo sobre el tuyo… pero mi propia familia me ha traicionado. Mañana abandono la ciudad, obligado, triste y abatido, pero incapaz de luchar más contra un sistema que me asfixia y acorrala.
Maldita sea, nos imaginaba envejeciendo en una casita en el campo y en mis sueños tu color iba aclarándose y mi piel se iba agrietando, pero la luz en tu faro siempre brillaba con la misma intensidad. Que sabrán aquellas tristes figuras blancas del frenopático sobre la normalidad y la locura. Que sabrá tu dueño sobre lo que tú puedes ofrecer a un hombre. No te preocupes, amor mío, no sé cuánto tiempo tardaré en volver ni lo que tendré que hacer para que me suelten, pero volveré y finalmente podremos estar juntos otra vez y para siempre. Sólo te pido que en los agrios momentos que vengan no olvides todos estos años en los que nos veíamos a hurtadillas cuando todos los demás dormían.
Por favor, vida mía, no quiero que sufras ni te castigues por los malos momentos que hemos superado, como cuando te enfadaste y te pusiste alarma, o cuando te aparcaste 4 manzanas más lejos porque, lo reconozco, yo me sobrepasé en mi ímpetu amoroso. Recordaré esos momentos como el cemento que hacía sólida y real nuestra relación.
Sólo te pido una cosa después de tanto tiempo. Hazlo por mí, no te vayas. Espérame.
El cuento de ireklein:
19.12.2007 a las 8:13 pm | Ver todos los cuentos de ireklein
-¿Cómo? ¿Sólo cuesta 500? Espérese un momento aquí que ahora mismo se los traigo.
Ésto fué lo único que dije antes de comprarla, luego me fuí directamente a mi casa, cogí el dinero, volví a la tienda y la pagué.
Por fin tenia vespa, me la llevaba a todas partes, iba con ella al conservatorio, al instituto, cuando salia con mis amigos… parecia mi sombra.
Un dia, estando la moto aparcada en la calle, le pincharon las ruedas. Cuando lo vi, me puse de los nervios, no entendia por qué habia gente de esa manera, yo que siempre procuraba no hacer daño a nadie, yo que siempre me preocupaba por los demás y les ayudaba en sus problemas.
Ese dia me di cuenta de que no es cierto lo que dicen: no se recibe lo que se da, lo que si que es cierto es que el mundo es injusto.
El cuento de heteronimo:
21.12.2007 a las 8:52 pm | Ver todos los cuentos de heteronimo
Sentado aquí, cabizbajo, en un banco junto al río, aprieto con rabia el casco entre las manos.
Hoy he amanecido temprano con la ilusión de la entrevista. He pensado en Martín, mi tío soltero, y en el día en que me regaló la moto con un guiño cómplice en la mirada.
Llevaba unas semanas en Londres cuando por fin me llamaron para un trabajo. Dependiente de grandes almacenes. No estaba mal para empezar a cumplir el sueño: la vespa y yo en la gran ciudad.
Hoy era el día. Me sobraba tiempo, pero me he confiado. Ahora tengo prisa.
Por fin llego. Bajo de un salto y dejo la moto en la acera, junto a un puesto de flores. Apenas unos pasos cuando advierto que llevo el candado en las manos. Me doy la vuelta. La moto sigue allí, reluciente. No me gusta el quiosquero. Además, un tipo raro me observa fijamente. Miro el reloj, es tarde, no hay tiempo y decido entrar. En la puerta me cruzo con varios mozos que sacan cajas y maniquíes a la calle.
Todo ha ocurrido muy rápido. El tipo raro me lo ha explicado después, sobresaltado, tirándome de la manga y pidiéndome perdón por no haber comprendido antes.
Al parecer, un mozo ha colgado distraídamente una etiqueta en el manillar. Poco después, un turista ha pasado y se ha quedado mirando la moto. Finalmente se dirige al quiosquero, y sin mediar palabra, le pone quinientas libras en la mano. Luego se ha marchado por Oxford Street, calle abajo.
El quiosquero me ha devuelto el dinero y ha intentado consolarme cariñosamente en vano.
Ahora levanto la mirada. Al fondo, la cúpula de St. Paul se asoma por entre un mar grúas y edificios de cristal. Abajo, el río soñado discurre serenamente. Impávido. Cruel.
Enhorabuena Popy
El cuento de matilde:
22.12.2007 a las 5:04 pm | Ver todos los cuentos de matilde
El hombre se acercó. Miró con detenimiento la moto, rodeandola varias veces. Finalmente se acercó hacia mi, y me dijo:
-¿de donde ha sacado esta moto?
Le contesté que, como el resto de objetos de mi tienda, había sido comprado a alguien que necesitaba dinero rápido.
- Ha sido robada. Soy policia y voy a confiscarla
- ¿Robada? - pregunté - ¿a quien?
- Eso no es asunto suyo, me la llevo a comisaría
Le pedí que se identificara. Sacó una placa y me dijo:
- Salvador Fernandez, Inspector de Policía.
- Inspector Fernandez - le dije - es IMPOSIBLE que esta moto sea robada. Casualmente conozco muy bien a la persona que me la vendió. No es en ningún caso un ladrón, y me consta que esta moto fue adquirida por él en 1971 de forma absolutamente legal.
- Escuche - dijo él - esta moto ha sido robada y lo sé muy bien. Porque hasta hace poco era mía. Casualmente yo también la compré en 1971. Pero me la robaron hace 6 meses.
- El asunto está claro - dije - usted y mi vendedor compraron motos iguales, del mismo color y modelo el mismo año, y usted cree que esta es la suya.
- Esta moto es mía - insistió
- ¿Puede usted demostrarlo? Necesitaremos el número de serie de la moto que usted compró para asegurarlo.
- No tengo esos papeles. Pero le digo que la moto es mía - dijo sacando una pistola del bolsillo de su chaqueta.
Me quedé sin palabras, retrocediendo unos pasos. Quedamos en silencio durante unos pocos interminables segundos… Por fin bajó la pistola, la guardó y me dijo:
- vendré a por ella esta tarde con una furgoneta.
Desde su visita han pasado diez días. No ha vuelto. He vendido la moto. Ojala no venga. Tengo miedo
El cuento de perfumedeazahar:
25.12.2007 a las 9:02 am | Ver todos los cuentos de perfumedeazahar
¡Cuánto me hubiera gustado poder comprarle esa moto!. Estaba seguro de que con eso la haría la persona más feliz del mundo. La quería tanto y sin embargo no tenía el dinero suficiente para comprarla. Entonces me detuve, resignado, con el solo propósito de contemplarla. ¡Era una moto preciosa, perfecta para una chica como ella!. Luego vino a mi mente un pensamiento que me dejó helado, puesto que por primera vez se me había ocurrido algo así. ¡Había decidido robar la moto!.
Sin que nadie pudiera adivinar mi intención, me acerqué lentamente a la moto, resuelto a robarla. Ya le estaba poniendo las manos encima cuando escuché una voz a mis espaldas: “¡Juan!”. Me di la vuelta y allí estaba, con toda su belleza, mi querida novia Andrea. La saludé con un beso y me preguntó qué estaba haciendo allí. Vi algunas flores en el piso y le dije que estaba a punto de comprarle algunas rosas, que me había descubierto “in fraganti”. Entonces se sonrojó, y me dio un rico y jugoso beso. Pasmado por la emoción, finalmente le compré las rosas. Luego charlamos un rato, pero antes de irse miró la moto y dijo: “¿No es curioso? ¡Mi papá me compró una igual ayer!. Bueno, chau”. La vi alejarse sonriente pensando que, al fin y al cabo, aquella moto no hubiera valido más que unas cuantas rosas rojas.
El cuento de guillaumme:
25.12.2007 a las 11:41 am | Ver todos los cuentos de guillaumme
No es la misma moto, no, José y cristina viajaban en una Lambretta, verde con adornos amarillos, no es la misma moto, es imposible, pero en cierto modo sí es la misma moto, o al menos es una moto, que a veces los objetos nos confunden, y acabamos reduciendo a las personas y los sentimientos a objetos, al me quiere por que me compró aquel anillo, me aprecia porque me regaló una estilográfica, que buena persona debe de ser porque lleva ese reloj tan distinguido, solo un sinvergüenza llevaría una navaja de ese tamaño, mi moneda de la suerte…
No es la misma moto, ni es posible, ni quiero que sea posible, pero al verla veo la calle atestada de tráfico, me veo saludándoles mientras cruzo sin prudencia alguna una mañana de un soleado sábado de hace veinte años, sonriente todos, en un breve destello de felicidad que solo ahora puedo comprender.
El cuento de abril:
25.1.2008 a las 7:45 pm | Ver todos los cuentos de abril
-No tengo ni dinero ni ganas de comprarle una moto al niño
-Cielo, el niño quiere la moto, es su cumpleaños, además así va al colegio y viene sin tener que levantarse tan temprano para coger los dos autobuses
-He dicho que no, no tiene ninguna necesidad, además motos de segunda mano, a saber si las han trucado o cosas de esas, no
-Siempre estás protestando, ésta no es la Violeta con la que me casé
-¿Qué insinúas?
-Insinúo que desde que los niños han crecido estás amargada, protestando por todo, y todo te parece mal, además, creo que la Vespa le viene bien al niño
-He dicho que no y es que no, en casa mando yo, parece mentira que no me conozcas, no quiero volver a oir hablar del tema, la moto no es para el niño y punto, ¿ha quedado claro?, me he expresado con suficiente claridad?
-Sí cielo
-Es que de verdad, son ganas de sacarme de mis casillas, voy a comprar huevos que no hay
-De acuerdo, te espero en el quiosco… Perdone, tenga los 500, me la llevo puesta