Feria

05/11/2007

Hay 10 cuentos sobre “Feria”

  1. Anibal dice:

    Agitándose, moviéndose vertiginosamente… Su cuerpo sacudido y su mente mas allá de todo eso. En otro lugar, sus pensamientos eran tan intensos que no le permitían reaccionar a tan violento juego. Vagó solitario toda la noche. Vió gente extraña y su camino indeciso lo había llevado a ese parque de diversiones. Estaba alejado de su casa y lloró pensando en ello. Por la lejanía eterna del futuro, por el no volver, por el cambio drástico e inesperado, por el miedo a la soledad y por el fracaso, por eso lloró. Y mientras giraba anhelaba estar en sueños, deseaba despertar con la frente sudorosa y darse cuenta que las cosas seguían igual oyendo el rítmico respirar de su amada a su lado en el silencio de la noche. Pero no era esa la verdad. El mundo daba vueltas en torno suyo aunque esa espantosa máquina detuviera su giro. Gritos, risas, luces y la seriedad en su rostro contrastaban tremendamente… Pero, por supuesto, nadie lo notó.
    Por fin el silencio y la calma. Bajó y sus pasos otra vez tomaron un rumbo incierto. Llevaba en su mano un pequeño bolso con pertenencias urgentes y debía encontrar un lugar para terminar de pasar lo que restaba de la noche. Cerca encontró un viejo hotel y sin dudarlo se instaló en una habitación que en otra ocasión lo hubiera considerado indigno. Estaba lo suficientemente cerca del parque como para escuchar los sonidos alegres que llegaban. Se dio cuenta que no había cenado y que tampoco tenía ánimo como para hacerlo. Miró a través del sucio vidrio de la ventana, vio la calle desierta y encendió un cigarrillo.
    Cinco horas habían pasado desde que ella le había confesado la verdad. Un amor de adolescencia se presentaba otra vez y le derrumba de un plumazo toda su historia…

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  2. sof dice:

    ¿Cómo iba a saberlo?
    Tenía ganas de ir a la feria.
    Fue.
    Compró palomitas.
    Paseó.
    Miró.
    Calibró cuidadosamente en cuál de las atracciones iba a gastar sus últimos tres euros.
    Y finalmente, eligió el carrusel.
    No supo por qué. Pero le atraía la idea de girar.
    No hace mucho se había fascinado con un espectáculo en el que unos derviches giraban y giraban y giraban.
    Parecían felices.
    Y ella quería también girar y girar y girar.
    Pero no sabía cómo.
    Así que, en cuanto vió el carrusel supo que ella también quería girar como un derviche.
    Y allí estaba esa gigantesca maquinaria invitándole a girar y girar y girar.
    Se montó y giró.
    Las luces giraban con ella.
    Y el mundo también giraba, pero en otra dirección.
    Todo cuanto había conocido comenzaba a distorsionarse en una especie de irrealidad luminosa.
    Las luces se compactaban creando una nueva realidad atemporal.
    No era cuestión de teorías.
    Se abrió un nuevo mundo.
    Fue feliz.
    Fue libre.
    A partir de entonces, nunca dejó de girar.

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  3. untipofeliz dice:

    Henry estaba plantado frente al carrusel como una estaca en medio de un mar de personas eléctricas. La sola visión de la luz y los gritos alegres enmarañándose en la noche le traían de vuelta las memorias más oscuras del pasado, concretamente, del día en que Sophie y él se montaron cada uno en un columpio, y…!ñeccc!, las cadenas se rompieron, dejando a su hija a merced de la gravedad, y la inercia, y el pavimento. Se quedaba allí durante horas, viendo como la marabunta que mordisqueaba patatas fritas ahogadas en ketchup se movía espasmódicamente a su alrededor al ritmo de las apocalípticas canciones de king africa y david civera. Si se hubieran quedado en Cardiff, en la pequeña casa de las afueras, construyendo escenarios de películas con Lego, o asando patatas y comiéndolas suculentamente en el jardín, Sophie aún estaría despierta. O quizá no, y resulta que era su destino quedar naúfrago en un país extranjero, mirando el carrusel que dio vuelta por completo a todo su mundo.
    Henry miró al suelo y a la polvareda que generaban sus pies girando y comenzando a andar.
    Volvió por las calles frías reflejándose en los charcos y aspirando el aire frio que acuchillaba su garganta y tan sólo le quedó el consuelo de que quizá esa noche no recordaría sus sueños. Abrió el portal de la pensión y le entraron ganas de mear mientras esperaba el ascensor. Al llegar a la habitación, se tumbó vestido en la cama y le dolieron las rodillas.
    Lloró como cada noche. Se lavó la cara como cada noche. Terminó durmiéndose, como cada noche, y se despertó, horas después, como cada mañana. Bajó las escaleras con su maleta de la mano, y se montó en su coche para seguir donde fuera al carrusel, como cada día.

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  4. miguel v. dice:

    Inmóvil, pegado contra la pared interior del anillo, sentía la realidad de la ficticia fuerza centrífuga. En sus entrañas se gestaba un malestar…no, no era una náusea, era el inevitable salto de regreso a la realidad, la pesadilla del fumador de opio, volver a un mundo donde los objetos tienen forma y función. Ahora poco a poco esas líneas de luz de todos los colores se movían más lento, se empezaban a definir, ahora ese mundo soñado de irrealidad luminosa se convertía en globos de colores, letreros burdos y niños felices de la mano de sus padres, felices e ignorantes.

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  5. sergi dice:

    Quise darme cuenta cuando ya habían pasado las 2 de la madrugada, a esa hora teóricamente la feria cerraba sus puertas al público. No se que había pasado pero el carrusel seguía girando conmigo montado en una de sus tazas giratorias, la música estridente y la bocinas ensordedoras seguian sonando sin parar, fué entonces cuando me percaté de mi solitud en ese lugar.

    Me levanté, intenté mantener el equilibrio sonbre la tazá que giraba en dirección contraria a cómo lo hacía el carrusel, e intente alzar la voz por encima de la música a todo volúmen.

    - Hola! Hay alguien?. Podrian parar esto porfavor?!

    De repente la música paró y el carrusel fue frenando poco a poco haciendo chirriar su oxidado eje conforme se detenía. Entonces me percaté de mi solitud en toda la feria, no se veía un alma, y el resto de atracciones evidenciaban estar totalmente cerradas, con las lonas de protección que las cubrian de la lluvia que empezaba a caer en ese momento.

    Me apresuré resguardandome de la lluvia en la caseta de tickets a unos metros del carrusel que seguía, eso si, con las luces encendidas. Llovía cada vez más intensamente, busqué el botón que hacía sonar la bocina de la atracción para intentar que alguien se percatase de mi presencia, quizá un guarda de seguridad o alguien de mantenimiento. No hizo falta encontrar el botón, a lo lejos entre las rejas que cerraban la feria vi aproximarse una silueta, conforme se acercaba un sudor frío se apoderaba de mi, cerré el pestillo de la caseta, aquella figura cada vez más terrorífica se aproximaba, mediría más de 2 metros, con su piel mojada y amarillenta, los brazos cortos y desproporcionados, y la cabeza enorme. Ya la tenia justo delante.

    -Quien eres le pregunté aterrado.
    -Me llaman Piolín.

    FIN

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  6. IhateDesign dice:

    Mi vida como pero había sido lo suficientemente horrible como para, después de unas cuantas reencarnaciones, encontrara algo mejor que vivir cerca de una feria de condado, el nombre era algo peor… FiFí.

    Bueno, ahora como hombre veo que no fue tan malo, veo como se divierten y como caen las cabritas desde el cielo cada vez que la ruleta se echa a perder y gira a lo loco.

    y a veces mas de una cabrita, una persona…

    Creo que esto de ser alguien mas del montón es mejor que ser golpeado, basureado, acariciado y después pateado que caracteriza a un perro, lo único bueno de ser reencarnado es que sabes lo que va a pasar, y ya nadie te va a echar la culpa por lo que va a pasar…

    Nadie te culpara por las muertes, errores, o dolores que le pueda ocasionar un pequeño accidente, algo que seria infinitamente infinitesimal al ser algo que en proporciones no sucede nunca, algo que el tonto de mi ex-amo, el idiota que me pateaba, odiaba y acariciaba (cuando estaba de copas) que trabaja justo en la zona mas riesgosa, la mas peligrosa y que puede morir si es que sucede lo improbable.

    Bueno ese es mi plan, ese es el motivo de mi reencarnación, de poder ser otra persona, no golpeándolo ni humillándolo, solo hacerlo pagar mi cola rota o la pata aplastada por su pie, o el ojo que perdí con un puntazo de su bota.

    Creo que esos años de sufrimiento acaban ahora, en este momento! en que la ruleta cae y lo hace pedazos, bueno lo lamentable es que mueren mas personas, no contabilizados en mi plan.

    Bueno que le puedo hacer, era parte de lo esperado.

    lo mas importante: es que quieres saber como lo hice? como lo realice sin ser detectado?

    simple lo meeee! pisss!

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  7. Carlos dice:

    Era la primera vez que Álvaro iba a una feria, y tanta gente, la música, las luces, le producían un coctel de sensaciones indescriptible. Iba de la mano de su padre, con esa mirada de un niño inexperto que descubre un mundo nuevo y con una sonrisa permanente en su rostro.

    Miraba de un lado a otro, viendo a los niños montados en las atracciones reir y pasárselo en grande. Cuando de repente vio aquella atracción. Era una especie de ruleta gigante, con un montón de columpios, que giraba a una velocidad endiablada. Todos los niños que montaban en la atracción disfrutaban enormemente, reían, gritaban, parecían volar. Álvaro queria volar como ellos y le dijo a su padre ilusionado:

    -Papi, quiero montar en esa.

    Y su padre contestó:

    -Eres pequeño para montar en la ruleta. Cuando seas un poco mayor te dejaré, pero aun es demasiado pronto. ¿Quieres que vayamos a montar en la noria? .

    Alvaro se sintió defraudado. Él quería volar y su padre no le dio alas.

    Cuando iban de camino a la noria, su padre se despistó un instante saludando a un viejo amigo. Ese instante, fue aprobechado por Álvaro para volver a la ruleta y montarse en ella.

    La ruleta comenzó a dar vueltas, y mientras todos los niños gritaban de emoción al elevarse del suelo, Álvaro comenzó a sentir miedo. Estaba volando, pero demasiado lejos del suelo. Cuando bajó de la atracción las piernas le temblaban, estaba aterrado.

    Unos años màs tarde Álvaro volvió a la feria. Se montó en aquella ruleta maldita y por fin voló. Se sintió libre, rio y gritó como aquellos niños que él vio de pequeño, y mientras la ruleta giraba veloz se dio cuenta de que su padre tenía razón. Quiso volar, pero no tenía alas. Quiso ser mayor demasiado pronto.

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  8. Banisco dice:

    Una dos tres vueltas, no paraba de girar el mundo no era mas que un segundo en mi recuerdo mi mente seca y abotargada solo podia pensar en que el dia de mi muerte ya estaba escrito, que ese dia era hoy.

    10 15 30 vueltas, aqui no me encontraran si sigo girando nunca me haran daño este sera mi hogar mi mundo un lugar donde se que, aunque no comprenda lo que sucede nadie mas lo comprendera, aqui estoy solo, aqui estoy bien.

    40 70 100 vueltas, pero no estoy solo… no puedo quedarme aqui, ¿y mis hijos? ¿y mi mujer? que sera de ellos si nunca paro de girar si me quedo aqui en este mundo tan extraño y diferente, los necesito y ellos me necesitan a mi.

    150 200 299 vueltas, tengo que parar tengo que dejar de girar, este mundo no me necesita no puedo seguir uyendo de mi destino lo afrontare quieto le mirare a los ojos y lo detendre con mi mano, detendre el mundo con mi mano.

    Comence a caminar, y lo encontre, el destino era metalico, su brillo plateado, lo oscuro de su cañon, la sonrisa de la muerte.
    -He venido a detenerte.
    -No puedes parar de girar.-Un solo disparo sobre el corazon, me tambalee pero me mantuve depie-Sabias que esto terminaria asi, es lo mejor para todos, papa.

    Un segundo disparo llego a mi corazon, el impacto me hizo girar sobre mi mismo y caer al suelo.

    300 vueltas, termine como comence girando en un mundo desconocido, no podeis detener el mundo con vuestras manos, pèro si con vuestra voz.
    -Lo siento hijo…
    -Yo tambien.

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  9. cristy dice:

    Evoca en mí un dulce recuerdo a familia, lo que la gente llama feria y en mi ciudad se llaman “barrakas”.

    Mi infancia en mi recuerdo fué muy linda, no importa la realidad, importa el esfuerzo de mis padres por dejarnos recuerdos dulces, y amables. La vida siempre es dura, pero dicen que se vive depediendo de la infancia que seas capaz de recordar.

    A muy tempana edad ya mis padres nos llevaban a disfrutar de las atracciones y de…., sí, de aquel delicioso algodón de azúcar color rosa-fresa, bueno, en realidad era a mí a la única que me gustaba, mi mami prefería las manzanas dulces, aquellas que estaban recubiertas de puro caramelo y eran rojas intensas y brillantes. Los demás opinaban que…, demasiado dulce.

    Hace mucho… que dejé mi infancia, hace mucho que no he vuelto a esas luces de colores,ni a los tiovivos, ni a los caballitos, ni a los autos de choque, quizá sea la nostalgia que provoca en mí su recuerdo, el pitido de los cacharritos, los paseos con mis padres y mis hermanos, aquel sempi eterno “no te alejes demasiado, ten cuidado”…

    Y hace poco… que he regresado a mi infancia, a ellos, con mi Lucía, con ella he vuelto a montar en los cochecitos, a dar vueltas en los caballitos, quiero que cuando pasen los años tenga el mismo dulce recuerdo que yo tengo de mis días de niña, del dulce sabor que siento todavía como si en mi boca tuviese el algodón de azúcar. Porque en el alma de los niños se quedan impresos muchos de los detalles y recuerdos que los adultos olvidan, por eso, para que el niñ@ de hoy sea un adulto sano y feliz en el día de mañana dadles recuerdos dulces para guardar en su alma.

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  10. milavatas dice:

    Éramos cuatro tios de color verde sin nada mejor que hacer que soplarnos unos a otros las trompetillas auditivas, las que nos servían para escuchar a nuestro prójimo.
    La prisa no era de nuestra incunvencia mientras circulábamos a una velocidad cercana al paroxismo, no conocíamos el hambre ni el amor, siempre permanecíamos sentados hasta crearnos serias infecciones y no hablábamos más de dos frases seguidas por no tener mucho que decir. Dos nunca conocimos a nuestros padres y a veces intentábamos recordarlos inutilmente. Dos eran de un verde más oscuro que los otros, que tenían ese verde desvaido de los retretes de hospital. También ésto era materia de discusión . Agresivos nadie nos podía llamar, aunque si participábamos de un melancólico riesgo. Como melancólico riesgo querría definir la incertidumbre que generan situaciones,en un principio bajo control, que pueden generar daño y caos difíciles de cuantificar por vosotros.
    Tenemos brazos para abrazar y boca para besar, recuerdos de algunas playas, poco más.
    y aquí estamos, de noche y llenos de lucecitas de colores, para buscar vuestro estupor. Esperamos haberlo conseguido. ¡HIP!

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