Llegué a Berlín, con dos tres frases memorizadas en alemán y pocas más en Inglés. Pero uno ya había recorrido mucho mundo y esa experiencia te da la fuerza necesaria para salir de cualquier atasco lingüístico. Por eso no tardé mucho en llegar al centro, y eso que el aeropuerto estaba muy alejado. Berlín me pareció una ciudad diferente a las demás. Es como si guardara en sus tripas un trocito de cada una de ellas, me recibió con copos de nieve, pequeños pero muy fríos, sobre todo para alguien que acaba de llegar del mediterráneo español .Lo primero era descansar. Un bar. Paredes altas. Cervezas más altas. Camareras rubias de interminables piernas. Música electrónica, mucho pantalón vaquero y chupas negras.Bien. ¿A qué he venido a Berlín? A lo mismo que voy a todos los sitios. A ver algo diferente, me encanta la sensación de estar lejos, aunque al cabo del rato tampoco tengo claro qué es lo que está lejos, o cerca. Saco mi cuaderno y comienzo a escribir. Ein Bier . Con las manos le indico que la quiero grande. Me calienta las tipas rápido, ya me siento mejor. La rubia me sonríe, parece simpática.
Estoy en una zona que divide el este del oeste, que dividía antes, claro. Lo sé por el mapa que acabo de desplegar. Unter den Linden. Bajos los tilos. Me viene a la memoria una alemana que conocí en el Cabo de Gata hace ya mucho. Viajaba sola con una furgoneta rosa. Era masajista y hablaba muy bien español. Estuvimos hablando un día entero.Comimos juntos y después de un masaje en su furgoneta siguió su ruta. Las mujeres alemanas tienen un aire poco romántico, al contrario que las italianas o las francesas. Su forma de vestir lo dice.Sin embargo parecen muy comprensivas con los hombres latinos como yo. Ein bier. ¿Como se dirá, quieres tomar algo?
A. que había estado sentada leyendo toda la tarde, miró el reloj, se levantó, apagó y desconectó las luces y todo lo demás: estaba dispuesta a participar en todas las consignas de ahorro energético. Eran las ocho de la noche cuando quedó a obscuras en su casa a expensas de la claridad que se colaba por las ventanas desde la calle. Se quedó quieta ante el ventanal que daba paso a la terraza del ático. Al pegar la frente al cristal el frío vidrio le conectó de inmediato con un brillante cielo repleto de estrellas y estas a la vez le sugirieron recuerdos, pensamientos, personas, planes de futúro, viajes… que la transportaron y la hicieron sonreir más allá del tiempo estipulado para la citada acción.
B. llegaba a la casa de al lado a las ocho en punto de la noche, venía de trabajar. Nada mas entrar encendió todas las luces , conectó el televisor, el ordenador, la calefacción y el calentador de agua. En su paso por la cocina puso la radio, abrió el refrigerador, sacó una bandeja de plástico con cualquier precocinado y lo metió en el microondas. Tras pasar por el dormitorio para desnudarse fue directa a la ducha y minutos más tarde se dejó caer en el sofá frente al televisor sin ver ni oir y cerró los ojos : ningún pensamiento le vino a la mente, no quería ver a nadie más por ese día, los mismos actos se sucederían a lo largo de la semana sin compasión y con una amarga mueca se durmió escapándose de todo, justo en el momento que su vecina encendía la luz de la sala contigua.
….Y qué decidir? Nuestra vida es una encrucijada. Continuamente nos vemos obligados a posicionarnos ante las situaciones mas variopintas sobre temas de todos los colores. La cuestion por añadidura es que cada toma de posición nos lleva inexorablemente a nuevos estadios que a sus vez exigen de nuevas iniciativas. Queramoslo o no, generamos con cada decision, nuevas trascendencias que influyen en nuestras vidas.
¿ Como controlar que nuestras decisiones no perjudiquen nuestro curso vital ?. Contestar de modo infalible a esta cuestión es comparable solo al don de adivinar nuestro devenir, algo parecido a poder disponer de una canal de video en nuestra mente que nos permitiese visualizar todas las consecuencias de nuestras acciones (tomas de posición) sobre los distintos temas que acaecen en nuestra vida. Claro, esto es sencillamente irreal y, por tanto, descartable y deshechable.
Sin embargo, existe una parcela de esperanza en la que razonablemente situar nuestra vulnerabilidad. Me estoy refiriendo a nuestro SENTIDO COMUN que no es ni mas ni menos la implicacion y aplicacion de nuestra esperiencia, personal e intransferible, a cada una de las facetas que nos presenta la vida. No voy a decir aquello de que el sentido comun es el menos….. Mas es verdad que si aplicamos esta herramienta, si aprendemos a desarrollar este instinto, nos será muy útil en la obtención de tomas de decision con transcendencia positiva o al menos, veremos reducidos nuestros margenes de error que no es poco.
Nuestras relaciones personales, intimas o sociales, respecto del mundo del trabajo, con mobbing y sin el, cuestiones menos transcendentes, mas cotidianas, pero no por ello menos importantes. Todo depende de nuestras decisiones, saber tomar la mas sabia no debe dejarse exclusivamente al libre albedrio o a la providencia. Podemos aún gobernar las bridas de nuestra encucijada y, ademas es nuestro deber.
-En el cruce de caminos, dijo Franco.
-¿A las ocho? Se aseguró Laura.
-Dentro de media hora, no puedo esperar más, el vuelo sale a las diez. Si no vienes entenderé.
-Ya tomé la desición, le dejo a Juan una carta que no creo le sorprenda demasiado, a las ocho en punto estaré entre tus brazos.
-Te amo.
-También yo.
Laura preparó una pequeña maleta, miró casi con tristeza cada rincón de ese lugar donde alguna vez creyó encontrar la felicidad, tomó sus documentos, su abrigo y salió cerrando la puerta a muchos años de soledad y angustia.
La noche era oscura, sin luna ni estrellas.El camino angosto y cubierto de escarcha la obligó a disminuir la velocidad, contrariamente a su corazón que palpitaba a mil por hora con una sensación de libertad, desconocida para ella.
El camión apareció de golpe y las luces altas la encandilaron. Trató de maniobrar hacia el lado de la ladera, pero el auto patinó y haciendo un giro de noventa grados, rompió el guardarail y se precipitó al acantilado rodando una y otra vez hasta llegar al piso y transformarse en una increíble bola de fuego multicolor.
Franco esperaba en el cruce y deseaba que el tiempo detuviera su paso.
Miraba las agujas de su reloj que parecían moverse demasiado veloces.
La media hora se convirtió en una y el celular de Laura seguía apagado.
Triste, y resignado una vez más a perder el amor, subió al auto y partió hacia el aeropuerto.
Pocoa minutos después desde el cruce se alcanzaba a ver el resplandor y la humareda.
Miró los carteles…no entendía nada. ¿Donde estaba? ¿Que eran aquellos carteles? Charlottenburg, Landwehrkanal. ¿Pero donde diablos estaba eso? Hacía tan solo unos minutos conducía, como cada tarde, camino de su casa. De pronto no reconocía ese cruce, ni esos carteles, ni nada. Con la seguridad de haber sido víctima de una abducción extraterrestre echó los seguros del coche y cerro todas las ventanillas. Miró su reloj, la hora parecía correcta, 16.50. Sacó el movil, la pantalla parecía normal, aunque el logotipo de movistar había sido sustituido por otro inteligible. Miró por el retrovisor y vio la carretera vacía. Marcó el 112, sin detenerse a pensar en lo que contaría cuando le atendieran. La señal sonó 1, 2, 3 veces… Por fin una voz contestó: “diga”. A punto de llorar de alivio, comenzó a hablar atropelladamente: ” por favor ayúdeme! me he perdido en la carretera! estoy en un cruce desconocido…yo iba camino de mi casa y…!” La voz al otro lado del teléfono le interrumpió: “No estás perdido. Estás muerto. Has tenido un accidente y estás muerto” – “no es posible!”, contestó- “¿Qien es usted?”. La voz dijo: “Sí es posible, hijo mío. Soy Dios”.
Apartó el teléfono, volvió a mirar la carretera vacía, los carteles, el paisaje. Se dijo: “de modo que era verdad, Dios existe!” Se sintió feliz.
En el mapa no estaba este cruce de caminos. Miré y remiré. A él no le quise mirar. Supuse que tendría fruncido el ceño y una media sonrisa en los labios: esa expresión odiosa que pone cuando me equivoco en algo. Raras veces me equivoco, soy Doña Perfecta.
Pero esta mañana si me equivoqué. Habíamos salido con tiempo, llevábamos todo el material cuidadosamente empaquetado, toda la comida, la ropa, todo lo necesario para nuestro viaje. El camino, meticulosamente estudiado: un plano, anotaciones en la libreta de viajes, estaciones de servicio, ventas donde descansar, curvas peligrosas, baches y peajes, todo anotado, sin margen para el error.
Pero allí estaba aquel cruce.
Y su sonrisa desdeñosa a mi izquierda.
“Venga, a ver esa copiloto. ¿Por dónde tiro ahora?”
No supe qué responder. Por un instante sentí el vértigo de tomar la decisión errónea. En el siguiente instante, casi decidí, casi le supliqué volver atrás. Y un instante más allá tuve la tentación de rendirme y dejarlo en sus manos.
Le miré de reojo. Sus dedos tamborileaban sobre el volante. Le aborrecía.
“Todo recto”, dije, mientras empezaba a maquinar alguna excusa que me salvara del desastre.
Era noche cerrada y ya muchas, demasiadas horas conduciendo para llegar a la encantadora casita de turismo rural. No podíamos detener el auto en aquella carretera de montaña así que luchamos por seguir despiertos conversando sobre cualquier asunto con la música puesta a todo volumen. No había indicadores, era como si unos duendes traviesos o peor aún -unos malintencionados “trolls” – hubiesen arrancado todas las señales para retener a los viajeros que atravesaran aquellos parajes.
Faltaba poco, ¡teníamos que estar muy cerca…! pero la fatiga ya nos trepaba por el cuerpo como la hiedra que roba sus fuerzas a un árbol.
En mi sueño los destellos de un reflejo en medio de la oscuridad, las luces de nuestro coche se posaban al fin sobre unos paneles a poca distancia. Al aproximarnos reduje la marcha, había un cruce y justo allí nos detuvimos. ¡Eran diabólicos aquellos indicadores!, apuntaban en todas direcciones hacia extraños lugares que tampoco existían sobre nuestro mapa. ¡Ahora sí que nos sentíamos perdidos en medio de la oscuridad, desesperados y sin fuerzas para continuar el camino! ¡¡grité y grité con todas mis fuerzas!!
Y fue en ese mismo instante cuando me desperté con un sobresalto, Claudia histérica chillando y yo todavía con la vista nublada perdiendo el control del coche mientras un estupendo árbol se acercaba a toda velocidad por el arcén…las ruedas patinaron, los frenos chirriaron y…!!…bueno, ella se lanzó sobre el volante justo a tiempo para evitar el golpe, luego fuimos dando saltos por un pequeño terraplén y conseguí detener el auto ante los primeros matorrales… allí, tras unas ramas, los ojillos chispeantes de la pequeña criatura contemplaban la escena…
Cada vez que tenia que hacer ese camino me invadia una sensación de vértigo dificil de describir, llegar a la mitad del viaje a las tres de la mañana y ver aquel maldito poste en el cruce de caminos solo iluminado por los faros de mi coche con aquel color que solo la madera intemporal sabe darle a las cosas. No puedo evitar que la piel se me ponga de gallina al recordar aquella noche,la chica arrodillada con la cabeza entre las piernas y su pelo negro caido hacia adelate, sus manos atadas por la espalda rodeando el poste y sus sollozos, esos que aún recuerdo cada noche y me atormenta desde entonces.
Baje del coche a la vez que ella levantaba la cabeza, “seras el siguiente” me dijo sin que sus labios se despegaran, sus ojos negros parecian hundidos en su cara y su palida piel relucia en la noche.
Como un latigazo, esas tres palabras hicieron que el miedo y el sudor me invadieran de inmediato, “tienes una oportunidad” fue la chispa que me despertó, volví a meterme en el coche y salí lo mas deprisa que pude dejando atras a la chica atada al poste.
Cobarde!una y otra vez se repetia la palabra en mi mente mientras aceleraba cada vez mas.
Hice el resto del camino de un tirón, a las tres de la tarde paré en un cafe de carretera a comer lo poco que mi estomago me dejara, allí sentado esperando la comida mi sangre se convirtio en hielo. En la tele una periodista dio un titular:
“….se encontró el cuerpo mutilado de un viajero en el cruce de caminos, su acompañante, aún bajo los efectos de los calmantes, explicó que “bajó a liberar a una chica atada al poste”, a la cual aún se busca…”
y aquellos ojos…
Tengo que escapar, es necesario salir, estoy perdido aqui adentro, solo tengo un ventanal que me asomo a mirar pero del cual no puedo salir, no encuentro la manera de que alguien me ayude, todos miran pero nadie ve, no hay señalización,los caminos están cortados, las comunicaciónes no funcionan, los mensajes no llegan, mi voz esta cansada de intentar comunicarse, por favor, necesito ayuda, este lugar es muy solitario, a veces oscuro, a veces extraño, a veces tengo temor pero a veces juego con el ambiente, estoy encerrado, estoy perdido, duele el no poder amar, duele el no poder vivir, esta vida es miserable, preferiria morir.
La muerte parece tentadora y resulta ser la mejor salida, el mejor escape, el ventanal suele tornarce aburrido y a veces me muestra cosas que no quiero ver, la vida aprisionado no tiene sentido, esperar en esta sala me desespera, el alma se irrita y se enfurece, no puedo golpear, no puedo pararme. Me entretego contando segundos, tratando de buscar la solucion, busco la mi muerte.
No puedo pedirle a nadie que me mate, nadie quiere matarme, o nadie puede, aunque sea mi sueño, sigo contando segundos, cuando acabará todo esto? donde está la salida? maldito el dia en el que los cruces en la media noche me llevaron por el camino equivocado y quedé en este estado, me duele que me tengan que cuidar, mas me duele lo que dicen de mi y lo que les veo hacer…es feo tener la vida enfrente y no poder vivirla, los sueños son lo unico que me queda, envidio a los muertos, quiero ser uno de ellos, estoy cansado de estar en estado vegetativo…
La iglesia sigue condenandome a este estado de miseria, haciendome sufrir cada vez mas…solo una palabra golpea en mis sesos…EUTANASIA!
Existen infinitos caminos para recorrer, en realidad estamos sumergidos en un desierto y el camino lo inventamos en el aire, no existe…aunque dejamos huellas nos alejamos del punto de partida. Pero en ese revoltijo de caminos incoherentes, curvos y rectos hay un camino que me lleva hasta ti, en realidad hay millones de caminos que me llevan hasta ti, en cada camino me ves de distinta forma, el hecho es que en mi vida intento encontrar el camino o los caminos que te hagan enamorarme de ti, ya caminé hasta el punto en que me enamoré de tí y no puedo volver atrás, tal vez hayan algunos para olvidarte y seguramente serán dolorosos, pero prefiero ser optimista y encontrar el camino que me lleve hasta ti de las mejores formas, pero existe un gran problema, tu ya caminaste y sigues caminando, y el camino que me llevaba a tu amor tal vez termine en un barranco ya que tu caminas y te pierdes en otros caminos, al punto tal que un camino que tal vez no me llevaba a tu amor luego podria llevarme, los caminos no son fijos, varian a cada segundo a cada paso. Tu tal vez estes caminando para conseguir el amor de alguien mas, alguno se va a tener que resignar…alguien tiene que perder. Espero no ser otra vez yo el que pierda y siempre los mismos los que ganen.
Caminé, pensé que te perdía, pensé que te ganaba, pensé que nunca te alcanzaría, llegué hasta tí y no quisiste tocarme.
Terminé encontrando a alguien que no esperaba,que me ama, que me da todo lo que necesito. Pero yo te amaba a tí. De a poco el amor que por ti sentia se fue apagando y yo me pregunto…¿PERDI?¿gané?¿Empaté?…solo digamos que jugué.
La oscuridad era absoluta, la niebla ahogaba la luz de mis faros y no se podia ver mas alla de la cuneta, la noche era fria y silenciosa, la radio no funcionaba y el movil no tenia cobertura, estaba literalmente perdido en aquella carretera.
Un golpe seco y el coche se detuvo, habia chocado contra un poste, ¿un poste en mitad de la carretera?, no, era un cruce de caminos el poste tenia dos señales apuntando cada una en una direccion una tercera señal se encontraba tirada en el suelo, era una flecha de cristal y supuse que apuntaba en la direccion por la que habia venido.
Una de las señales era blanca y la otra negra, estaba claro que debia escoger, ¿pero cual? comence a caminar en la direccion que apuntaba la blanca y escuche risas al final del camino, ¿se reian de mi?, ¿se reian por que eran felices?, retrocedi y camine en la direccion negra, llantos provenian del final del camino, ¿alguien necesita ayuda?, ¿lloran por que saben lo que me va a suceder?. Estaba claro que aquel lugar no era normal asi que me sente sobre el abollado capo de mi coche y me detuve a pensar.
Dos caminos se allaban ante mi, completamente distintos y completamente desconocidos, ¿cual debo elegir?, ¿de que voces me puedo fiar?… mientras pensaba mi vista se perdio en el vacio y sin quererlo me fije en la tercera señal tirada en el suelo transparente, casi invisible donde nadie se fijaria en ella, ¿acaso hay un tercer camino?, la coloque en el poste entre las otras dos y un resplandor despejo la niebla revelando dos precipicios a ambos lados, subi a mi coche y continue mi camino en linea recta.
La vida es un dificil camino donde en ocasiones ninguna eleccion es correcta.
Una jodida encrucijada. Lo que me faltaba. Por si no tuviera bastante, con el lío que era mi vida por aquel entonces como para tener que enfrentarme, una vez más, al terrible hecho de tener que escoger. De pequeño, confesándome todos los días por meterle mano y sobetearme con el hijo del hojalatero, que venía a casa a hacernos la instalación de las luces, debajo del Belén. Con 16, anegado en mares de lágrimas, porque había tomado conciencia de que mi orientación sexual era diferente a la de todo el mundo masculino con el que tenía que convivir. A los 20, aún sin saber decir a qué sabían los besos de los chicos de los que me enamoraba, ni de que porosidad respiraban aquellos cuerpos masculinos a los que, tan sólo como simple voyeur, veía pasar debajo de la ventana de mi cuarto. Después de cumplir los 33, seguía aún sumido en el mayor de los dilemas, trilemas, tetralemas o como quiéranse llamar, ahondando en el oscuro pozo de la soledad y los desencuentros. El amor, en definitiva, no estaba hecho para mí y las catacumbas y el silencio eran mis deberes.
De repente……….un buen día, llegó él. ¿Era posible que todo se hubiese resuelto? ¿Cómo podía haber vivido hasta aquel momento privado de tales sentimientos?
Un solo camino, pensé; ante mis ojos todo se había despejado. Como otro imbécil enganchado al débil asa de los colgados, perdidamente ciego y enamorado, me arroje a sus brazos y me olvidé de la eterna guerra entre el lobo y el cordero. Os lo imagináis. Sucumbí y perdí. Tres años después me di cuenta de que continuaba mirando al horizonte con la misma confusión de antaño….
Hoy he cumplido mis 55 años. Algo he avanzado. Estoy más sereno…..pero, ¿qué hostias significan estos indicadores luminosos?
No se como aún sigo haciendo la misma ruta, quizas es por un miedo irracional que me hace volver a repetir lo que nunca entenderé, solo hay una cosa cierta, ese poste en medio del cruce de caminos terminó con la persona que era antes.
Eran las tres de la mañana cuando llegue por primera vez allí, ninguna luz aparte de los faros de mi coche iluminaba aquel cruce en el camino, allí la vi, la imagen que ya nunca me pude quitar de la cabeza, una chica sentada en la base del poste con la cabeza entre las piernas y su pelo negro y largo echado hacia adelante resbalando por sus rodillas. Baje apresuradamente del coche preguntando “¿Hola?¿estas bien?” en ese momento vi como tenia sus manos a la espalda y atadas por detras del poste, me asuste aun mas, de repente levanto su cabeza y me miró.
Su tez pálida casi como de muñeca de porcelana y sus ojos…sus ojos hundidos y negros como la noche parecieron mirarme “serás el siguiente” me dijo sin mover los labios,”tienes una oportunidad”.
Un latigazo de miedo sacudio todo mi cuerpo, una sensación de irrealidad total y un chasquido me llevo corriendo como alma que lleva el diablo de nuevo hacia el coche, salí de allí lo mas rapido posible mientras en mi cabeza una palabra gritaba a mi conciencia!Cobarde, cobarde!.
Hice el resto del camino del tirón y no deje de temblar hasta ver el sol en el horizonte.
Esa misma tarde bajé del coche para comer en un bar de carretera, ya estaba sentado cuando mi sangre se congelo de golpe, en la televisión una periodista daba un titular”…se encontro el cuerpo descuartizado de un viajante en el cruce de caminos, su acompañante, aún histérica y enloquecida solo repetia”a sido ella,fue ella…y esos ojos negros”
Llegué a la hora. Fuera hacía mucho frio y noté mucho placer al entrar . Era una casa monumental, de las paredes colgaban cuadros de paisajes Flamencos supuse. No había nada para sentarse,una gran mesa con bebidas y comidas partía en dos el salón.
- Monsieur? Je M,apelle Cristinne et suis la personne que doive s,ocuper de donner la bienvenue a notres clientes.
- Hola, encantado, soy Damián y vengo de España, de Murcia, el sudeste de España.
Le sujeté la mano unos segundos. Su mirada era penetrante como una aguja, su sonrisa era diferente, como su supiera todo de mi.
Me quedé unos segundos un tanto descolocado. Ella soltó su mano suavemente y se fue hacia el lado opuesto del salón. Alargué el brazo y me hice con una copa de vino que engullí de un trago.
Llegué ayer,estuve paseando por Amberes, me pareció una ciudad fría pero verdaderamente bonita. Impactante por su belleza y su silencio. También muy limpia.Europa.
Cogí otra copa de vino. Cristina venía hacia mi con la misma sonrisa, una copa como la mía de vino y un bolso en la otra mano.Mi cabeza estaba ya trabajando enteramente en imaginarla. Besando, riendo, desnuda en la cama.
Por un momento había olvidado el motivo de mi viaje.
-Yo habla mal español, conoce sólo Tenerife. ¿Es España no?
-Si, claro. Canarias.
Llevaba un vestido negro muy ceñido . El pelo le rozaba ligeramente el cuello. Sus labios eran de seda roja y su piel tostada se adivinaba suave como una nube.Nos miramos fijamente más de diez segundos, serios.Era bellísima.
Quise otro vino.
Salió entre las botellas. Al levantar la bandeja para ofrecerle un canapé.
No le di importancia. Fue un error.
Giré mi cuerpo y le mostré la bandeja.
La araña se le colgó del escote.El grito provocó pánico en la sala.
Todos me miraban.Sentí como la furia de su odio me penetraba.
Izquierda… drecha… izquierda… derecha… izquierda… derecha… izquierda… derecha…
La indecisión me hace caer en la desesperación, la gente me habla, me dice lo que me conviene: “Irene, deberías aprovechar lo que tienes, tú eres una chica inteligente, sacas muy buenas notas, si yo fuese tan lista como tú no lo dudaba, me haría ingeniera, o médico, o arquitecta…” Yo les escucho atentamente hasta que consiguen meterme la lógica en la cabeza, el dinero, el poder. Todos los locos tienen sus momentos de lucidez en los que sufren, a mí me llegan los míos. Esos momentos en que me da igual, lo que diga la gente, me da igual el dinero, el poder, esos momentos en que pienso en las cosas con las que que de verdad disfruto, esos momentos en que pienso con el corazón y no sólo con la mente, y pienso en esos momentos en que estoy yo con mi piano sintiendo la música, sintiendo lo que un dia, hace mucho tiempo, un compositor sintió.
Llegué a Berlín, con dos tres frases memorizadas en alemán y pocas más en Inglés. Pero uno ya había recorrido mucho mundo y esa experiencia te da la fuerza necesaria para salir de cualquier atasco lingüístico. Por eso no tardé mucho en llegar al centro, y eso que el aeropuerto estaba muy alejado. Berlín me pareció una ciudad diferente a las demás. Es como si guardara en sus tripas un trocito de cada una de ellas, me recibió con copos de nieve, pequeños pero muy fríos, sobre todo para alguien que acaba de llegar del mediterráneo español .Lo primero era descansar. Un bar. Paredes altas. Cervezas más altas. Camareras rubias de interminables piernas. Música electrónica, mucho pantalón vaquero y chupas negras.Bien. ¿A qué he venido a Berlín? A lo mismo que voy a todos los sitios. A ver algo diferente, me encanta la sensación de estar lejos, aunque al cabo del rato tampoco tengo claro qué es lo que está lejos, o cerca. Saco mi cuaderno y comienzo a escribir. Ein Bier . Con las manos le indico que la quiero grande. Me calienta las tipas rápido, ya me siento mejor. La rubia me sonríe, parece simpática.
Estoy en una zona que divide el este del oeste, que dividía antes, claro. Lo sé por el mapa que acabo de desplegar. Unter den Linden. Bajos los tilos. Me viene a la memoria una alemana que conocí en el Cabo de Gata hace ya mucho. Viajaba sola con una furgoneta rosa. Era masajista y hablaba muy bien español. Estuvimos hablando un día entero.Comimos juntos y después de un masaje en su furgoneta siguió su ruta. Las mujeres alemanas tienen un aire poco romántico, al contrario que las italianas o las francesas. Su forma de vestir lo dice.Sin embargo parecen muy comprensivas con los hombres latinos como yo. Ein bier. ¿Como se dirá, quieres tomar algo?
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Divergencia
A. que había estado sentada leyendo toda la tarde, miró el reloj, se levantó, apagó y desconectó las luces y todo lo demás: estaba dispuesta a participar en todas las consignas de ahorro energético. Eran las ocho de la noche cuando quedó a obscuras en su casa a expensas de la claridad que se colaba por las ventanas desde la calle. Se quedó quieta ante el ventanal que daba paso a la terraza del ático. Al pegar la frente al cristal el frío vidrio le conectó de inmediato con un brillante cielo repleto de estrellas y estas a la vez le sugirieron recuerdos, pensamientos, personas, planes de futúro, viajes… que la transportaron y la hicieron sonreir más allá del tiempo estipulado para la citada acción.
B. llegaba a la casa de al lado a las ocho en punto de la noche, venía de trabajar. Nada mas entrar encendió todas las luces , conectó el televisor, el ordenador, la calefacción y el calentador de agua. En su paso por la cocina puso la radio, abrió el refrigerador, sacó una bandeja de plástico con cualquier precocinado y lo metió en el microondas. Tras pasar por el dormitorio para desnudarse fue directa a la ducha y minutos más tarde se dejó caer en el sofá frente al televisor sin ver ni oir y cerró los ojos : ningún pensamiento le vino a la mente, no quería ver a nadie más por ese día, los mismos actos se sucederían a lo largo de la semana sin compasión y con una amarga mueca se durmió escapándose de todo, justo en el momento que su vecina encendía la luz de la sala contigua.
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….Y qué decidir? Nuestra vida es una encrucijada. Continuamente nos vemos obligados a posicionarnos ante las situaciones mas variopintas sobre temas de todos los colores. La cuestion por añadidura es que cada toma de posición nos lleva inexorablemente a nuevos estadios que a sus vez exigen de nuevas iniciativas. Queramoslo o no, generamos con cada decision, nuevas trascendencias que influyen en nuestras vidas.
¿ Como controlar que nuestras decisiones no perjudiquen nuestro curso vital ?. Contestar de modo infalible a esta cuestión es comparable solo al don de adivinar nuestro devenir, algo parecido a poder disponer de una canal de video en nuestra mente que nos permitiese visualizar todas las consecuencias de nuestras acciones (tomas de posición) sobre los distintos temas que acaecen en nuestra vida. Claro, esto es sencillamente irreal y, por tanto, descartable y deshechable.
Sin embargo, existe una parcela de esperanza en la que razonablemente situar nuestra vulnerabilidad. Me estoy refiriendo a nuestro SENTIDO COMUN que no es ni mas ni menos la implicacion y aplicacion de nuestra esperiencia, personal e intransferible, a cada una de las facetas que nos presenta la vida. No voy a decir aquello de que el sentido comun es el menos….. Mas es verdad que si aplicamos esta herramienta, si aprendemos a desarrollar este instinto, nos será muy útil en la obtención de tomas de decision con transcendencia positiva o al menos, veremos reducidos nuestros margenes de error que no es poco.
Nuestras relaciones personales, intimas o sociales, respecto del mundo del trabajo, con mobbing y sin el, cuestiones menos transcendentes, mas cotidianas, pero no por ello menos importantes. Todo depende de nuestras decisiones, saber tomar la mas sabia no debe dejarse exclusivamente al libre albedrio o a la providencia. Podemos aún gobernar las bridas de nuestra encucijada y, ademas es nuestro deber.
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-En el cruce de caminos, dijo Franco.
-¿A las ocho? Se aseguró Laura.
-Dentro de media hora, no puedo esperar más, el vuelo sale a las diez. Si no vienes entenderé.
-Ya tomé la desición, le dejo a Juan una carta que no creo le sorprenda demasiado, a las ocho en punto estaré entre tus brazos.
-Te amo.
-También yo.
Laura preparó una pequeña maleta, miró casi con tristeza cada rincón de ese lugar donde alguna vez creyó encontrar la felicidad, tomó sus documentos, su abrigo y salió cerrando la puerta a muchos años de soledad y angustia.
La noche era oscura, sin luna ni estrellas.El camino angosto y cubierto de escarcha la obligó a disminuir la velocidad, contrariamente a su corazón que palpitaba a mil por hora con una sensación de libertad, desconocida para ella.
El camión apareció de golpe y las luces altas la encandilaron. Trató de maniobrar hacia el lado de la ladera, pero el auto patinó y haciendo un giro de noventa grados, rompió el guardarail y se precipitó al acantilado rodando una y otra vez hasta llegar al piso y transformarse en una increíble bola de fuego multicolor.
Franco esperaba en el cruce y deseaba que el tiempo detuviera su paso.
Miraba las agujas de su reloj que parecían moverse demasiado veloces.
La media hora se convirtió en una y el celular de Laura seguía apagado.
Triste, y resignado una vez más a perder el amor, subió al auto y partió hacia el aeropuerto.
Pocoa minutos después desde el cruce se alcanzaba a ver el resplandor y la humareda.
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Miró los carteles…no entendía nada. ¿Donde estaba? ¿Que eran aquellos carteles? Charlottenburg, Landwehrkanal. ¿Pero donde diablos estaba eso? Hacía tan solo unos minutos conducía, como cada tarde, camino de su casa. De pronto no reconocía ese cruce, ni esos carteles, ni nada. Con la seguridad de haber sido víctima de una abducción extraterrestre echó los seguros del coche y cerro todas las ventanillas. Miró su reloj, la hora parecía correcta, 16.50. Sacó el movil, la pantalla parecía normal, aunque el logotipo de movistar había sido sustituido por otro inteligible. Miró por el retrovisor y vio la carretera vacía. Marcó el 112, sin detenerse a pensar en lo que contaría cuando le atendieran. La señal sonó 1, 2, 3 veces… Por fin una voz contestó: “diga”. A punto de llorar de alivio, comenzó a hablar atropelladamente: ” por favor ayúdeme! me he perdido en la carretera! estoy en un cruce desconocido…yo iba camino de mi casa y…!” La voz al otro lado del teléfono le interrumpió: “No estás perdido. Estás muerto. Has tenido un accidente y estás muerto” – “no es posible!”, contestó- “¿Qien es usted?”. La voz dijo: “Sí es posible, hijo mío. Soy Dios”.
Apartó el teléfono, volvió a mirar la carretera vacía, los carteles, el paisaje. Se dijo: “de modo que era verdad, Dios existe!” Se sintió feliz.
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En el mapa no estaba este cruce de caminos. Miré y remiré. A él no le quise mirar. Supuse que tendría fruncido el ceño y una media sonrisa en los labios: esa expresión odiosa que pone cuando me equivoco en algo. Raras veces me equivoco, soy Doña Perfecta.
Pero esta mañana si me equivoqué. Habíamos salido con tiempo, llevábamos todo el material cuidadosamente empaquetado, toda la comida, la ropa, todo lo necesario para nuestro viaje. El camino, meticulosamente estudiado: un plano, anotaciones en la libreta de viajes, estaciones de servicio, ventas donde descansar, curvas peligrosas, baches y peajes, todo anotado, sin margen para el error.
Pero allí estaba aquel cruce.
Y su sonrisa desdeñosa a mi izquierda.
“Venga, a ver esa copiloto. ¿Por dónde tiro ahora?”
No supe qué responder. Por un instante sentí el vértigo de tomar la decisión errónea. En el siguiente instante, casi decidí, casi le supliqué volver atrás. Y un instante más allá tuve la tentación de rendirme y dejarlo en sus manos.
Le miré de reojo. Sus dedos tamborileaban sobre el volante. Le aborrecía.
“Todo recto”, dije, mientras empezaba a maquinar alguna excusa que me salvara del desastre.
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Era noche cerrada y ya muchas, demasiadas horas conduciendo para llegar a la encantadora casita de turismo rural. No podíamos detener el auto en aquella carretera de montaña así que luchamos por seguir despiertos conversando sobre cualquier asunto con la música puesta a todo volumen. No había indicadores, era como si unos duendes traviesos o peor aún -unos malintencionados “trolls” – hubiesen arrancado todas las señales para retener a los viajeros que atravesaran aquellos parajes.
Faltaba poco, ¡teníamos que estar muy cerca…! pero la fatiga ya nos trepaba por el cuerpo como la hiedra que roba sus fuerzas a un árbol.
En mi sueño los destellos de un reflejo en medio de la oscuridad, las luces de nuestro coche se posaban al fin sobre unos paneles a poca distancia. Al aproximarnos reduje la marcha, había un cruce y justo allí nos detuvimos. ¡Eran diabólicos aquellos indicadores!, apuntaban en todas direcciones hacia extraños lugares que tampoco existían sobre nuestro mapa. ¡Ahora sí que nos sentíamos perdidos en medio de la oscuridad, desesperados y sin fuerzas para continuar el camino! ¡¡grité y grité con todas mis fuerzas!!
Y fue en ese mismo instante cuando me desperté con un sobresalto, Claudia histérica chillando y yo todavía con la vista nublada perdiendo el control del coche mientras un estupendo árbol se acercaba a toda velocidad por el arcén…las ruedas patinaron, los frenos chirriaron y…!!…bueno, ella se lanzó sobre el volante justo a tiempo para evitar el golpe, luego fuimos dando saltos por un pequeño terraplén y conseguí detener el auto ante los primeros matorrales… allí, tras unas ramas, los ojillos chispeantes de la pequeña criatura contemplaban la escena…
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Cada vez que tenia que hacer ese camino me invadia una sensación de vértigo dificil de describir, llegar a la mitad del viaje a las tres de la mañana y ver aquel maldito poste en el cruce de caminos solo iluminado por los faros de mi coche con aquel color que solo la madera intemporal sabe darle a las cosas. No puedo evitar que la piel se me ponga de gallina al recordar aquella noche,la chica arrodillada con la cabeza entre las piernas y su pelo negro caido hacia adelate, sus manos atadas por la espalda rodeando el poste y sus sollozos, esos que aún recuerdo cada noche y me atormenta desde entonces.
Baje del coche a la vez que ella levantaba la cabeza, “seras el siguiente” me dijo sin que sus labios se despegaran, sus ojos negros parecian hundidos en su cara y su palida piel relucia en la noche.
Como un latigazo, esas tres palabras hicieron que el miedo y el sudor me invadieran de inmediato, “tienes una oportunidad” fue la chispa que me despertó, volví a meterme en el coche y salí lo mas deprisa que pude dejando atras a la chica atada al poste.
Cobarde!una y otra vez se repetia la palabra en mi mente mientras aceleraba cada vez mas.
Hice el resto del camino de un tirón, a las tres de la tarde paré en un cafe de carretera a comer lo poco que mi estomago me dejara, allí sentado esperando la comida mi sangre se convirtio en hielo. En la tele una periodista dio un titular:
“….se encontró el cuerpo mutilado de un viajero en el cruce de caminos, su acompañante, aún bajo los efectos de los calmantes, explicó que “bajó a liberar a una chica atada al poste”, a la cual aún se busca…”
y aquellos ojos…
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Tengo que escapar, es necesario salir, estoy perdido aqui adentro, solo tengo un ventanal que me asomo a mirar pero del cual no puedo salir, no encuentro la manera de que alguien me ayude, todos miran pero nadie ve, no hay señalización,los caminos están cortados, las comunicaciónes no funcionan, los mensajes no llegan, mi voz esta cansada de intentar comunicarse, por favor, necesito ayuda, este lugar es muy solitario, a veces oscuro, a veces extraño, a veces tengo temor pero a veces juego con el ambiente, estoy encerrado, estoy perdido, duele el no poder amar, duele el no poder vivir, esta vida es miserable, preferiria morir.
La muerte parece tentadora y resulta ser la mejor salida, el mejor escape, el ventanal suele tornarce aburrido y a veces me muestra cosas que no quiero ver, la vida aprisionado no tiene sentido, esperar en esta sala me desespera, el alma se irrita y se enfurece, no puedo golpear, no puedo pararme. Me entretego contando segundos, tratando de buscar la solucion, busco la mi muerte.
No puedo pedirle a nadie que me mate, nadie quiere matarme, o nadie puede, aunque sea mi sueño, sigo contando segundos, cuando acabará todo esto? donde está la salida? maldito el dia en el que los cruces en la media noche me llevaron por el camino equivocado y quedé en este estado, me duele que me tengan que cuidar, mas me duele lo que dicen de mi y lo que les veo hacer…es feo tener la vida enfrente y no poder vivirla, los sueños son lo unico que me queda, envidio a los muertos, quiero ser uno de ellos, estoy cansado de estar en estado vegetativo…
La iglesia sigue condenandome a este estado de miseria, haciendome sufrir cada vez mas…solo una palabra golpea en mis sesos…EUTANASIA!
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Existen infinitos caminos para recorrer, en realidad estamos sumergidos en un desierto y el camino lo inventamos en el aire, no existe…aunque dejamos huellas nos alejamos del punto de partida. Pero en ese revoltijo de caminos incoherentes, curvos y rectos hay un camino que me lleva hasta ti, en realidad hay millones de caminos que me llevan hasta ti, en cada camino me ves de distinta forma, el hecho es que en mi vida intento encontrar el camino o los caminos que te hagan enamorarme de ti, ya caminé hasta el punto en que me enamoré de tí y no puedo volver atrás, tal vez hayan algunos para olvidarte y seguramente serán dolorosos, pero prefiero ser optimista y encontrar el camino que me lleve hasta ti de las mejores formas, pero existe un gran problema, tu ya caminaste y sigues caminando, y el camino que me llevaba a tu amor tal vez termine en un barranco ya que tu caminas y te pierdes en otros caminos, al punto tal que un camino que tal vez no me llevaba a tu amor luego podria llevarme, los caminos no son fijos, varian a cada segundo a cada paso. Tu tal vez estes caminando para conseguir el amor de alguien mas, alguno se va a tener que resignar…alguien tiene que perder. Espero no ser otra vez yo el que pierda y siempre los mismos los que ganen.
Caminé, pensé que te perdía, pensé que te ganaba, pensé que nunca te alcanzaría, llegué hasta tí y no quisiste tocarme.
Terminé encontrando a alguien que no esperaba,que me ama, que me da todo lo que necesito. Pero yo te amaba a tí. De a poco el amor que por ti sentia se fue apagando y yo me pregunto…¿PERDI?¿gané?¿Empaté?…solo digamos que jugué.
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La oscuridad era absoluta, la niebla ahogaba la luz de mis faros y no se podia ver mas alla de la cuneta, la noche era fria y silenciosa, la radio no funcionaba y el movil no tenia cobertura, estaba literalmente perdido en aquella carretera.
Un golpe seco y el coche se detuvo, habia chocado contra un poste, ¿un poste en mitad de la carretera?, no, era un cruce de caminos el poste tenia dos señales apuntando cada una en una direccion una tercera señal se encontraba tirada en el suelo, era una flecha de cristal y supuse que apuntaba en la direccion por la que habia venido.
Una de las señales era blanca y la otra negra, estaba claro que debia escoger, ¿pero cual? comence a caminar en la direccion que apuntaba la blanca y escuche risas al final del camino, ¿se reian de mi?, ¿se reian por que eran felices?, retrocedi y camine en la direccion negra, llantos provenian del final del camino, ¿alguien necesita ayuda?, ¿lloran por que saben lo que me va a suceder?. Estaba claro que aquel lugar no era normal asi que me sente sobre el abollado capo de mi coche y me detuve a pensar.
Dos caminos se allaban ante mi, completamente distintos y completamente desconocidos, ¿cual debo elegir?, ¿de que voces me puedo fiar?… mientras pensaba mi vista se perdio en el vacio y sin quererlo me fije en la tercera señal tirada en el suelo transparente, casi invisible donde nadie se fijaria en ella, ¿acaso hay un tercer camino?, la coloque en el poste entre las otras dos y un resplandor despejo la niebla revelando dos precipicios a ambos lados, subi a mi coche y continue mi camino en linea recta.
La vida es un dificil camino donde en ocasiones ninguna eleccion es correcta.
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Una jodida encrucijada. Lo que me faltaba. Por si no tuviera bastante, con el lío que era mi vida por aquel entonces como para tener que enfrentarme, una vez más, al terrible hecho de tener que escoger. De pequeño, confesándome todos los días por meterle mano y sobetearme con el hijo del hojalatero, que venía a casa a hacernos la instalación de las luces, debajo del Belén. Con 16, anegado en mares de lágrimas, porque había tomado conciencia de que mi orientación sexual era diferente a la de todo el mundo masculino con el que tenía que convivir. A los 20, aún sin saber decir a qué sabían los besos de los chicos de los que me enamoraba, ni de que porosidad respiraban aquellos cuerpos masculinos a los que, tan sólo como simple voyeur, veía pasar debajo de la ventana de mi cuarto. Después de cumplir los 33, seguía aún sumido en el mayor de los dilemas, trilemas, tetralemas o como quiéranse llamar, ahondando en el oscuro pozo de la soledad y los desencuentros. El amor, en definitiva, no estaba hecho para mí y las catacumbas y el silencio eran mis deberes.
De repente……….un buen día, llegó él. ¿Era posible que todo se hubiese resuelto? ¿Cómo podía haber vivido hasta aquel momento privado de tales sentimientos?
Un solo camino, pensé; ante mis ojos todo se había despejado. Como otro imbécil enganchado al débil asa de los colgados, perdidamente ciego y enamorado, me arroje a sus brazos y me olvidé de la eterna guerra entre el lobo y el cordero. Os lo imagináis. Sucumbí y perdí. Tres años después me di cuenta de que continuaba mirando al horizonte con la misma confusión de antaño….
Hoy he cumplido mis 55 años. Algo he avanzado. Estoy más sereno…..pero, ¿qué hostias significan estos indicadores luminosos?
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No se como aún sigo haciendo la misma ruta, quizas es por un miedo irracional que me hace volver a repetir lo que nunca entenderé, solo hay una cosa cierta, ese poste en medio del cruce de caminos terminó con la persona que era antes.
Eran las tres de la mañana cuando llegue por primera vez allí, ninguna luz aparte de los faros de mi coche iluminaba aquel cruce en el camino, allí la vi, la imagen que ya nunca me pude quitar de la cabeza, una chica sentada en la base del poste con la cabeza entre las piernas y su pelo negro y largo echado hacia adelante resbalando por sus rodillas. Baje apresuradamente del coche preguntando “¿Hola?¿estas bien?” en ese momento vi como tenia sus manos a la espalda y atadas por detras del poste, me asuste aun mas, de repente levanto su cabeza y me miró.
Su tez pálida casi como de muñeca de porcelana y sus ojos…sus ojos hundidos y negros como la noche parecieron mirarme “serás el siguiente” me dijo sin mover los labios,”tienes una oportunidad”.
Un latigazo de miedo sacudio todo mi cuerpo, una sensación de irrealidad total y un chasquido me llevo corriendo como alma que lleva el diablo de nuevo hacia el coche, salí de allí lo mas rapido posible mientras en mi cabeza una palabra gritaba a mi conciencia!Cobarde, cobarde!.
Hice el resto del camino del tirón y no deje de temblar hasta ver el sol en el horizonte.
Esa misma tarde bajé del coche para comer en un bar de carretera, ya estaba sentado cuando mi sangre se congelo de golpe, en la televisión una periodista daba un titular”…se encontro el cuerpo descuartizado de un viajante en el cruce de caminos, su acompañante, aún histérica y enloquecida solo repetia”a sido ella,fue ella…y esos ojos negros”
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Llegué a la hora. Fuera hacía mucho frio y noté mucho placer al entrar . Era una casa monumental, de las paredes colgaban cuadros de paisajes Flamencos supuse. No había nada para sentarse,una gran mesa con bebidas y comidas partía en dos el salón.
- Monsieur? Je M,apelle Cristinne et suis la personne que doive s,ocuper de donner la bienvenue a notres clientes.
- Hola, encantado, soy Damián y vengo de España, de Murcia, el sudeste de España.
Le sujeté la mano unos segundos. Su mirada era penetrante como una aguja, su sonrisa era diferente, como su supiera todo de mi.
Me quedé unos segundos un tanto descolocado. Ella soltó su mano suavemente y se fue hacia el lado opuesto del salón. Alargué el brazo y me hice con una copa de vino que engullí de un trago.
Llegué ayer,estuve paseando por Amberes, me pareció una ciudad fría pero verdaderamente bonita. Impactante por su belleza y su silencio. También muy limpia.Europa.
Cogí otra copa de vino. Cristina venía hacia mi con la misma sonrisa, una copa como la mía de vino y un bolso en la otra mano.Mi cabeza estaba ya trabajando enteramente en imaginarla. Besando, riendo, desnuda en la cama.
Por un momento había olvidado el motivo de mi viaje.
-Yo habla mal español, conoce sólo Tenerife. ¿Es España no?
-Si, claro. Canarias.
Llevaba un vestido negro muy ceñido . El pelo le rozaba ligeramente el cuello. Sus labios eran de seda roja y su piel tostada se adivinaba suave como una nube.Nos miramos fijamente más de diez segundos, serios.Era bellísima.
Quise otro vino.
Salió entre las botellas. Al levantar la bandeja para ofrecerle un canapé.
No le di importancia. Fue un error.
Giré mi cuerpo y le mostré la bandeja.
La araña se le colgó del escote.El grito provocó pánico en la sala.
Todos me miraban.Sentí como la furia de su odio me penetraba.
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Izquierda… drecha… izquierda… derecha… izquierda… derecha… izquierda… derecha…
La indecisión me hace caer en la desesperación, la gente me habla, me dice lo que me conviene: “Irene, deberías aprovechar lo que tienes, tú eres una chica inteligente, sacas muy buenas notas, si yo fuese tan lista como tú no lo dudaba, me haría ingeniera, o médico, o arquitecta…” Yo les escucho atentamente hasta que consiguen meterme la lógica en la cabeza, el dinero, el poder. Todos los locos tienen sus momentos de lucidez en los que sufren, a mí me llegan los míos. Esos momentos en que me da igual, lo que diga la gente, me da igual el dinero, el poder, esos momentos en que pienso en las cosas con las que que de verdad disfruto, esos momentos en que pienso con el corazón y no sólo con la mente, y pienso en esos momentos en que estoy yo con mi piano sintiendo la música, sintiendo lo que un dia, hace mucho tiempo, un compositor sintió.
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