Pista 10

04/10/2007

Hay 7 cuentos sobre “Pista 10”

  1. federex dice:

    La vida de todos está en mis manos, ya se que estudié mucho para esto pero cada vez que estoy por aterrizar siento un pequeño orgasmo de adrenalina, y si algo sale mal? bueno si algo sale mal yo seré el primero en darme cuenta pero también el primero en sufrir las consecuencias, estoy adelante de todos y moriré primero, así que solo tendré poco tiempo de horror y desesperación, luego unas milésimas de desilución y la de las últimas 30 milésimas 20 serán destinadas a la tristeza de atentar con la vida de las personas que pusieron su confianza ciega en mí, y en mí familia que va a sufrir más que yo mí desdichada muerte, las últimas 10 milésimas serán exclusivamente de paz, sabiendo que todo terminó y que cuando no hay nada más que hacer solo hay que disfrutar del viaje que recorrimos a lo largo de nuestra vida, al fin y al cabo el aterrizaje es como la muerte el fin de una travesia.

    El avión no iba a aterrizar correctamente, su cuerpo convulsionó, su rostro se tornó color rojo bordó y una lágrima rodó por su expresión de sufrimiento, como a punto de ser golpeado por un puño de cemento. Unas milésimas antes de golpear contra la pista aflojó los brazos, liberó las tensiones y todo terminó.
    Tomás no logró aprobar el examen de vuelo, por suerte era solo un simulacro.

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  2. fergav dice:

    Una pista de aterrizaje se ve al fondo y segun se va acercando una pequeña anciana ,sentada al lado de la ventanilla piensa.Su vida esta llegando a su fin, ella lo sabe es natural ,la gente envejece y muere.La vida es el mas apasionante de los viajes lleno de turbulencias, de altos y bajos.La anciana a pesar de su experienza desconoce como sera el aterrizaje,su fin.La gente joven nunca piensa en aterrizar se ven siempre muy lejos de esa larga pista que todos debemos tomar.

    Un pensamiento alentador le viene a la cabeza, mientras ellos aterrizan un avion despega.Nuevos viajes comienzan,la anciana sonrie y parece rejuvenecer unos años.A su lado se sienta su nieta, una niñita rubia a la que todo el mundo dice que es la viva imagen de su abuela cuando era joven.

    Se oyen las ruedas bajar,el avion desciende y pierde velocidad se notan pequeñas vibraciones en el asiento el suelo esta mas cerca se ven pasar a gran velocidad las lineas de la pista.Por fin tocan tierra y se ollen los frenos chirriar.La anciana se gira hacia su nieta y dice:

    -Aun no es el final;pienso aprovechar la pista de aterrizaje.

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  3. Carlos dice:

    Desde que era un niño, Paul siempre soñó con volar. Trabajó duro durante años para hacer realidad su sueño y lo consiguió. Pero aquella mañana, aquel sueño inocente de un niño se convirtió en su peor pesadilla.

    Iba a los mandos de su avión, el “Enola Gay”, con un gesto de tristeza en su rostro. Sabía que tenía una misión muy importante, pero también sabía las horribles consecuencias de la misma. Su corazón latía rápido, como si quisiera escapar de su pecho, el sudor inundaba sus manos y a pesar del zumbido ensordecedor de los motores, no era capaz de escuchar nada mas que su propia respiración.

    El avión continuaba su camino, y Paul sabía que no podía hacer nada para evitarlo. Bajo él, lo único que veía era un denso y esponjoso mar de nubes. Pero sabía que bajo ellas, habia ciudades, había personas que ignoraban su presencia. Hombres, mujeres y niños inocentes que hacían sus vidas como un día cualquiera.

    De repente, aquel mar de nubes desapareció bajo su avión y Paul divisa su objetivo en la distancia. Aquellos pocos segundos hasta alcanzarlo se convirtieron en una eternidad.

    Paul cierra sus ojos llorosos. Su corazón se estremece. Su respiración se para. Y al tiempo que una lágrima recorre su mejilla, acciona la palanca que abre la trampilla de la bomba.

    Eran las 8:16 de la mañana y aquella ciudad llena de gente inocente comenzaba tomar vida. Los niños se dirigían al colegio y los mayores entraban a trabajar. Sobre todos ellos, la sombra de la muerte se acercaba con nombre propio, “Little Boy”. Una luz iluminó el cielo, como si de otro sol se tratase. Tras esa luz, la destrucción.

    6 de Agosto de 1945. Hiroshima.
    75.000 muertos.
    300.000 heridos.
    Todavia hoy continuan sufriéndose las consecuencias de aquella bomba.

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  4. bicho bola dice:

    ¿Alguien había pensado que un vuelo, es un paralelismo con la vida?

    Te decides a embarcar, a tomar decisiones en tu vida, este u el otro destino y lo escoges con ilusión y esperanza ¿que me deparará este viaje, esta elección?
    En tu maleta, llevas lo que se supone que será necesario y dejas un hueco para esas cosillas que traerás, regalos, experiencias, vivencias, aventuras, recuerdos…
    Al igual que en el mundo real, te someten a un control, a una facturación, debes pasar la prueba y no vale pitar.
    Esos nervios al emprender el viaje, ese pavor cuando te explican las normas en caso de emergencia, ¿a caso no sientes lo mismo cuando tienes que tomar una determinación?
    Ese despegue, es el reconocimiento que demuestra que te has arriesgado a volar, a abrir camino en tu vida.
    Una vez arriba la inquietud se calma…Pero no sabes con que te vas a encontrar, a lo mejor todo sale bien y te verás encima de un mar de nubes con los rayos del sol atravesando la ventanilla, todo surgió como esperabas. O a lo mejor, en tu vuelo, iban incluidas las turbulencias. Obstáculos de tu peregrinación que superarás o no, pero que te hacen dudar de si tu deliberación fue la correcta o incorrecta y demostrarás tu valía o flaqueza para seguir adelante, para continuar luchando por el objetivo marcado.
    Al fin y al cabo aterrizarás, hallarás los resultados de tu elección positivos o negativos, pero de ambos aprenderás y marcaran tu próximo destino, tu próxima decisión.

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  5. sergi dice:

    5:00 AM. El despertador del matrimonio Simpson suena como cada mañana, de Lunes a Viernes desde hace no se cuantos años ya. Él se levanta directo al baño y ella apura los últimos minutos de sueño, escurriendose entre las sabanas y estirando los brazos por encima del cabezal.
    Minutos más tarde, y tal cómo marca la rutina diaria de todos los dias, 3 sucesos ocurren.
    Uno. El “Ding!” del microondas advierte al matrimonio que la leche del desayuno ya está caliente.
    Dos. Los ladridos de “Rocky Balboa”, el perro de la pareja, les advierten de que el pobre animal después de pasar la noche en casa anda con la bufeta algo llena.
    Tres. Un estruendo ruido hace vibrar los cristales, cuberterias, ventanas e incluso cimientos de la casa.

    Es lo que tiene vivir a escasos 20 metros de la pista principal del aeropuerto de la ciudad, numerosas quejas y denuncias pidiendo que cambiasen el trazado de la pista o se tomasen medidas para reducir el ruido provocado sobre el vecindario, habían sido desestimadas por el govierno.
    La familia Simpson junto a sus vecinos, teniendo que decidir entre abandonar sus hogares o tomarse la justicia por su cuenta, se decidieron por la segunda opción.
    Al día siguiente una gran batería anti-aerea comprada a algún traficante del mercado negro que rondaba habitualmente por el pueblo, había sido instalada en el tejado de la casa de los Simpson, todos los vecinos, preparados para la ocasión con serpentinas, botellas de champagne y gorritos de cumpleaños, esperaban ansiosos la salida del primer vuelo de la mañana, el señor Simpson hizo los honores y accionó el botón al paso del avión con 150 pasajeros abordo, destino Hawaï. Todos aplaudieron, bailaron y brindaron, haciendo sonar sus trompetillas mientras los restos del fuselaje en llamas caian sobre sus casas.

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  6. Franjrohe dice:

    Por suerte no viajaba nadie más en mi fila así que me quité los zapatos y recosté la espalda entre ventana y asiento para echar una cabezadita. Me despertó súbitamente el vocerío de una pasajera sobresaltada por las turbulencias y me reincorporé con fastidio sobre el respaldo. La mujer se había puesto nerviosa a las primeras de turno interrumpiendo así la cantinela de lloriqueos infantiles, toses y respaldos que vienen y van, siempre demasiado cerca.

    Al mismo tiempo sonaba sobre nuestras cabezas la recomendación del sobrecargo para usar los cinturones de seguridad. ¡Si es que son ridículos, por favor!, estas “esposas” en la cintura solo sirven para clavarnos en los asientos y que no les incordie nadie en el pasillo. ¡Vaya fastidio si tienes más de 60 años y problemas de próstata!
    Miré el reloj, faltaba poco para llegar a Lisboa e inmediatamente comenzamos el descenso.

    Ante nosotros un hermoso paisaje: el Tajo entregando su legado de turbias aguas venidas de muy lejos para rendir tributo al océano que se dejaba acariciar indolente y orgulloso como un gato a través de las marismas.

    Sentí bajo el fuselaje la mecánica conversación de resortes y muelles ocultos que permitían el despliegue del tren de aterrizaje y un cambio en el sonido de los motores anunció que íbamos a posarnos en la pista de un momento a otro.

    En aquel momento pensé otra vez en el río, en el lento discurrir de sus aguas aún a sabiendas de que morirá pronto en el océano…de que allí nadie le agradecerá ni prestará atención a tantos esfuerzos, tantos kilómetros recorridos, tanta gente y tantos pueblos que ha conocido en este mundo. Mientras el avión rodaba sobre la pista una lágrima cayó despacio entre las arrugas de mi rostro…

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  7. javieru dice:

    Supongo que sería en algún momento entre las tres y las seis de la mañana.

    Mi maleta rodaba con dificultad por el suelo metálico del dedo artificial que me llevaba al avión. Y allí en la puerta me esperaba la azafata. Soñé que estaba completamente desnuda. Su único vestido era un pañuelo anudado al cuello. Cruzaba sus manos por delante mientras me sonreía y me daba los buenos días.

    Busqué mi asiento, dejé mi maleta en el porta-equipajes y me acomodé. Luego, me incliné sobre el pasillo y miré hacia el fondo, hacia la otra entrada en la cola del avión. Allí las azafatas también estaban desnudas.

    Cuando todo el mundo se sentó, alargué el cuello y miré por la ventanilla. Era un día gris. La pista estaba mojada. Hacía frío, las azafatas estaban desnudas y de pronto me sentí tremendamente incómodo.

    Decidí buscar al máximo responsable. A la persona que iba a levantar del suelo todas aquellas toneladas de acero y queroseno. Avancé por el pasillo y llegué a la cabina. La azafata de la entrada volvió a sonreirme. Se echó a un lado dejándome pasar. Sentí vergüenza de mirarla.

    La puerta de la cabina estaba entreabierta y miré con cautela en su interior. Allí no había nadie. Ni piloto ni orgía entre tripulantes. La cabina era ahora una calle lluviosa repleta de paraguas. Dí un paso decidido y me escabullí de aquel avión. Como en un buen sueño.

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