Casa Ángel

29/10/2007

Hay 9 cuentos sobre “Casa Ángel”

  1. Carlos dice:

    Era Otoño, llovía y yo estaba, como todos los jueves, con unos amigos tomando unas cervezas después de clase en aquel Bar. Hablábamos de fútbol, coches y esas cosas… la típica conversación entre cinco tíos tomando cervezas. De repente ella entró por la puerta, empapada. Era preciosa, con el pelo muy largo y muy moreno, tenía unos ojos negros super profundos, era intrigante y atractiva. Allí se sentó a tomarse un café para entrar en calor, justo en el otro extremo de la barra del que nosotros estábamos.

    Mis amigos no se dieron cuenta de su presencia, seguían con sus risas y sus temas, pero yo no podía parar de mirarla, estaba hipnotizado. Ella no se estaba dando cuenta de que la miraba. Disfrutaba de su café, pero cuando se lo terminó y se disponía a levantarse para irse, levantó la mirada y sus ojos se clavaron en mí. Me quedé paralizado, no pude dejar de mirarla. Fue sólo un segundo, pero me pareció una eternidad y ella me premió con una sonrisa y se marchó.

    Desde aquel día, los jueves volvía al bar, con la única intención de verla otra vez. Siempre se sentaba enfrente, y mientras tomaba su cafe me miraba, sonreía y en cuanto se lo terminaba salía por la puerta. Creo que le gustaba, pero no me atrevía a hablar con ella. Así pasaron los meses de invierno, todos los jueves el mismo ritual y yo cada vez mas loco por ella.

    Por fin me mentalicé y estaba decidido. En cuanto la viera me acercaría a hablar con ella. Pero aquel jueves no fue al bar. Y enseguida me di cuenta de que se me hizo tarde. Ella nunca volvió y yo siempre me arrepentiré de no haber tenido el valor de hablar con ella.

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  2. cristy dice:

    La necesidad de alimentar su mente de pensamientos le llevaron a creer que cuanto deseaba podía hacerse realidad. Su vida demasiado tediosa en el transcurso de los dias iguales se aferraba desesperadamente a la esperanza de algún cambio, demasiados años sujeta a la voluntad de otros tan sólo porque sus piernas no le obedecían, no escuchaban el grito doloroso que produce algo que sólo la mente ansía. Si había vivido tantos años así, llegando a la conformidad, llegando incluso a sonreir, a desear seguir viviendo, qué sentido tenía ahora rebelarse. Ya era una anciana con el pelo tan blanco que le costaba recordar aquellos mechones negros que su abuela peinaba y trenzaba. Vió su reflejo en el cristal de la venta, suspiró profundamente buscando llenar de vida sus pulmones, mientras que sus manos se aferraban a un trozo de papel fotográfico y torturaba sus recuerdos en aquella imagen, el cruce de aquella esquina entre la calle de las minas y la calle del tesoro, allí vió cómo exalaba su vida su hijo querido y ella no pudo hacer nada, sólo le abrazó y encomendó su alma a Dios. Y ella sigue esperando abrazada a esa foto, a ese recuerdo que un día el que es todo para ella venga en nombre de Dios a buscarla. Un abrazo, un beso, una caricia que es el bálsamo que anhela su alma de madre anciana, enferma y olvidada. Que la paz y la luz protejan su esperanza e ilumene cada dia una sonrisa su triste mirada.

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  3. MiqueL dice:

    Entre en aquel bar como si algo me invitara a entrar, al cruzar la envejecida puerta sólo tres clientes que parecian estatuas de cal: inmoviles, sin charlar y con una profunda mirada al vacio. Nadie en la barra y la música agradable sonando, de repente un fuerte brazo me pone la mano en el hombro y un fortachón camarero me pregunta si buscaba algo, a lo que contesté una tila con dos terrones de azúcar moreno. El camarero se giró con una mueca esbozada en la cara y encendió la cafetera. Aquel camarero era poco corriente: pelo negro azabache, ojos negros profundos y piel muy clara con disimuladas pecas anaranjadas sobre la nariz. No le di mucha importancia y me senté en una mesa junto a la de los tres clientes del local; apto seguido el camarero me sirvió la tila que sabía deliciosamente dulce. Al servirme el camarero me preguntó:

    - ¿vienes mucho por aqui? tu cara me suena

    Yo sorprendida le contesté que no, ya que aunque hubiera pasado muchas veces hacia el trabajo por esa calle nunca me había percatado de ese bar en la esquina.

    - la verdad es que soy de la otra punta de madrid pero vine a hacer unas gestiones por la zona.

    - es una pena porque hubiéramos hecho buenas migas…

    Al oir eso pague con unas monedas que llevaba en el bolsillo y salí apresuradamente del local.

    A la mañana siguiente cuando fui a trabajar volvi a pasar por delante de aquella esquina, mi sorpresa fue que allí en vez de un local estaba localizada una merceria y, sorprendida, entré para preguntar sobre aquel maldito local. La tendera me respondió que era la primera vez que oía algo sobre el tal “Bar Ángel” y que desde hacía más de veinte años que trabajaba en esa mercería.

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  4. sergi dice:

    - Bueno días!
    - Que tal Manuel? que te pongo?
    - Un café con leche, corto de café, en vaso y con sacarina.
    - Siempre tocando las narices el marqués!. Algo para comer? quizá una madalena enriquezida en fibra y Omega 3?
    - No, con un bollo me conformo.
    - Marchando! Cafe y bollo para el Marqués.
    - Tienes el periódico de hoy?
    - Junto a la barra, tienes para escoger.
    - Al parecer una Crisi está al caer, al menos eso dice aquí.
    - Para Crisi la mia.
    - Sigues de morros con María?
    - Sólo decirte que ayer dormí en el sofá
    - Menudo percal, ya verás como pronto se arregla, y si no siempre te quedará este Bar
    - Es verdad que alivio, siempre me pregunté como se duerme sobre el billar
    - Anda! cobrate y deja de llorar que siempre estas igual
    - Adiós Manuel, cuidate
    - Adiós Angel, besos a tu mujer.

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  5. javieru dice:

    Las conversaciones más inteligentes de la ciudad se habían llevado a cabo durante varios años entre las doce y las tres de la mañana en Casa Ángel.
    Los protagonistas: Sebas, el taxista borracho ; Marta, trabajaba en la calle, en aquella misma esquina; Ángel, el dueño del bar -la mitad de las botellas acababan en su estómago- y yo, principiante escritor que nunca renunciaba a la última copa.

    Hablábamos de hijos que nunca tuvimos, de fútbol, de amores que perdimos, de viajes casi olvidados y otros por hacer, de películas, de sexo, de todo menos del tiempo.
    A eso de las tres, Ángel apagaba las luces cansado de escucharse y de escucharnos. Y nos íbamos a casa. Sebas se marchaba arrastrando los pies. Nunca podía volver en su taxi. Marta se alejaba despacio cantando, casi siempre Tangos. Yo volvía a mi pensión siempre insatisfecho. Y Ángel… una noche al volver a su casa encontró en la mesa de la cocina una nota de su mujer. “Ya puedes venir a beber a casa con todos tus amigos. Me voy. No me busques.”
    A las pocas semanas él se fue a buscarla y Casa Ángel cerró para siempre. Marta y Sebas buscaron otra guarida nocturna y yo sólo guardo esta vieja foto que encontré entre mis papeles. Entre las historias que garabateaba siempre al volver del bar.

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  6. dune dice:

    Algunos domingos mamá nos ponía la falda de tablas, calcetines blancos hasta las rodillas y nos peinaba una cola de caballo muy tirante adornada con un lazo del mismo color que el jersey. Era lo peor, ese peinado tonto, que mamá estiraba bien para impedir que se escapara un solo pelo.
    Lo mejor era que esos domingos papá nos llevaba a comer a los bares.
    Yo pedía siempre ensaladilla, aunque le quitaba, a escondidas de papá, los guisantes.
    También pedía Fanta de naranja. Algunas veces me ponían pajita en la botella, otras me daban un vaso. Lo mejor era beber en pajita de la botella. Era más facil no mancharse.
    El suelo del bar estaba siempre sucio de servilletas de papel. Yo tambien las tiraba.
    A veces, en verano, en vez de ensaladilla, papá nos pedía caracoles. Mamá nos sacaba los caracoles escondidos con un palilo. Olían muy bien. Las cáscaras de los caracoles tambien caían al suelo del bar.
    Mamá tambien olía muy bien aquellos días. En casa, solia escabullirme a su cuarto y oler su frasco de perfume.
    Aquellos días tambien mamá se ponía guapa, se pintaba los labios. Yo tambien me escabullía en su cuarto a mirar y oler el pintalabios.
    Hasta papá parecía otro, aquellos días en que íbamos al bar a tomar caracoles y ensaladilla. Decía bromas. Bebía cerveza y se reía.
    Pero nosotras, mis hermanas y yo, y creo que también mamá, nos andabamos con cuidado. A papá había que mirarlo a hurtadillas y no confiarse nunca de su buen humor. Nunca se sabía.
    De vuelta a casa, lo primero que hacía era quitarme la coleta, qué alivio. Luego me ponía con los deberes del lunes e intentaba no escuchar la voz de mi padre, riñendo a mamá.

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  7. El Hammud dice:

    - Venía todas las mañanas, a las nueve y media. Su periódico bajo el brazo, su bigote arreglado, traje planchado. Pidió su té verde y se sentó en la mesa de allá, donde a esa hora siempre da el sol. No parecía tan contento como otros días. Pero no noté anda raro. Bueno, llevaba una pajarita roja. Él nunca usaba corbata. Era buena persona, siempre dejaba propina. Ahora,discreto un rato eh, nadie aquí sabe nada de él. A veces venía por las tardes. Pero acompañado. Y vaya compañías que se gastaba, mujeres pero finas y elegantes.
    Por las tardes ya no bebía té verde sino Brandy del bueno. Con las mujeres, porque nunca era la misma, se sentaba más hacia dentro y era si cabe aún más discreto que de costumbre.¿La última vez que vino con una mujer? Claro que me acuerdo. Era alta y rubia. Su carcajada llenaba el local y hacía que la gente se volviera para ver de donde salía. Parecía alemana o sueca, lo digo por el acento que tenía. Salieron tarde y bastante cargaditos. Creo que fue el miércoles pasado. No volvió por la tarde nunca más desde aquel día.
    Claro que la reconocería si la viera.
    Si, es ella, justamente.

    ¿Quiere tomar algo inspector?
    Bueno como quiera.Aquí me encontrará cuando lo desee.

    – ¿Qué quería ese tipo Pedro?
    – Es de la policía. Han encontrado muerto en su casa al tipo de la pajarita.
    – No jodas.
    – Me ha enseñado la foto de una tipa que estuvo la semana pasada aquí con él.Y ahora que recuerdo esa misma estuvo aquí con el pintor ese que murió el mes pasado.
    – Mucha zorra anda suelta.

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  8. El Hammud dice:

    - Venía todas las mañanas, a las nueve y media. Su periódico bajo el brazo, su bigote arreglado, traje planchado. Pidió su té verde y se sentó en la mesa de allá, donde a esa hora siempre da el sol. No parecía tan contento como otros días. Pero no noté anda raro. Bueno, llevaba una pajarita roja. Él nunca usaba corbata. Era buena persona, siempre dejaba propina. Ahora, discreto un rato eh, nadie aquí sabe nada de él. A veces venía por las tardes. Pero acompañado. Y vaya compañías que se gastaba, mujeres pero finas y elegantes.
    Por las tardes ya no bebía té verde sino Brandy del bueno.
    - ¿La última vez que vino con una mujer? Claro que me acuerdo. Era alta y rubia. Su carcajada llenaba el local y hacía que la gente se volviera para ver de donde salía. Parecía alemana o sueca, lo digo por el acento que tenía. Salieron tarde y bastante cargaditos. Creo que fue el miércoles pasado. No volvió por la tarde nunca más desde aquel día.
    Claro que la reconocería si la viera.
    Si, es ella, justamente.
    ¿Quiere tomar algo inspector?
    Bueno como quiera. Aquí me encontrará cuando lo desee.
    - ¿Qué quería ese tipo Pedro?
    - Es de la policía. Han encontrado muerto en su casa al tipo de la pajarita.
    - No jodas.
    - Me ha dejado esta foto ,estuvo la semana pasada aquí con él. Y ahora que recuerdo esa misma estuvo aquí con el pintor ese que murió el mes pasado.
    ¿ Que te pasa Paco, sabes quien es no? No andarías tu …..

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  9. ireklein dice:

    “Vinos y comidas casa Angel”
    Ese sitio me suena ¿A tí no?
    Quizá es por Angel, un amigo que tuve en la infancia, aún era muy niña pero ya entonces conocia el sentimiento de la amistad, incluso más que ahora. Ahora, la experiencia me ha enseñado que hay poca gente a la que puedes llamar “amigo”. Y cuando ya lo empizas allamar así, todo cambia: te da la espalda cuando le necesitas, te traiciona, intenta ser más que un amigo… pero con él todo fué diferente, él fué un amigo, él fué “el amigo”.

    Olga quiere entrar, aunque sabe que es casi imposible, tiene la esperanza de que sea Ángel. No quiere hacerse ilusiones, pero como es persona, aunque no quiera, ella se las hace.

    Al fín entra, pregunta al señor de la barra quien es Ángel y éste le respode que se encuentra en un negocio familiar y que Ángel, el verdadero Ángel fué su bisabuelo. Olga sale decepcionada pero con la esperanza de que salga su amigo a darle un abrazo diciéndole que él es el hermano del que está en la barra aunque no sea el “verdadero Ángel”.

    No sale ningún Ángel.

    Nadie la abraza.

    No se encuentra con su amigo.

    Decepción.

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