Y en aquel lugar me hallé de repente. Una playa sin mar, sin vida. Sólo el sonido de mis pies descalzos latiendo en la arena. Y anduve sin cansarme hasta que divisé más allá una barca. Una barca astillada y rota entre dos piedras. Y subí y me senté a esperarte.
Años atrás lo mismo pero las olas mecían nuestros sueños.
- Te llevaré a un lugar hecho de flores, dormirás en un palacio inquebrantable con ventanas a sonrisas, abrazos y caricias. Te aseguro que no habrá cabida para el odio…
Y ahí subida en la embarcación partida por tres lados supe que aquel lugar en el que de repente me hallé no era ni más ni menos mi corazón tras haberte marchado de puntillas por el océano del rencor, por el que nunca se arriba a puerto.
La encontré en la playa, cerca de mi casa y no pude evitar asociarla conmigo.
Como esa barca, rota y astillada, ahora inservible, así me sentía. Era como un símbolo de mi roto corazón.
Y como ella, que alguna vez fue vehículo de sueños, de viajes, de encuentros y de cruces de camino; como ella, mi vida alguna vez estuvo de estreno.
Las dos fuimos en el pasado, nuevas y lustrosas ilusiones.
Ahora, éramos como dos espejismos de lo que pudiera haber sido si la tormenta de la vida no
nos hubiera despedido hacia la nada.
Mientras miraba y pensaba, vi. Un hombre tomaba esas mismas astillas, y las transformaba en fuego. Usaba sus restos para lograr calor en la fría mañana de agosto.
En ese instante comprendí. Todo sirve para algo, aún cuando la desesperanza nos invade.
Es cuestión de encontrar un nuevo camino con los restos del naufragio
.
Apareció en los arrecifes luego de una noche de tormenta y, sin embargo, no pudimos avizorar por ningún lado algún cuerpo o detalle que nos diese algún otro informe de la misteriosa embarcación. Intentamos aproximarnos a la balsa con sumo cuidado, para no mojarnos la ropa y así evitar un posible castigo más tarde en casa. Habían unas inscripciones alrededor… que parecían…mmm…árabe hasta donde mi ignorancia me permitía suponer.
-Carlos mira, ven acá
Mi hermano menor miraba detenidamente la esquina inferior de la barca.
-¿Qué sucede?- Y en eso lo vi, “300 palabras” decía en una letra roja como la sangre. Mi rostro palideció
-¿Qué significa eso hermano?
-No lo sé. Regresemos a casa- Y con el palpitar acelerado cogi la mano de mi hermano menor y retomé el camino a casa. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que solo nos quedaban 157 palabras de existencia.
Aquella mañana me levanté de aquella incomoda roca rodeada de pescado recordando una horrible etapa de mi vida en la que ocurrio lo siguiete:
En un viaje que decidí hacer a Egipto, me apunté a una excursión por el río Nilo, en la que al principio el agua estaba muy tranquila y el viaje iba muy controlado, pero minutos después, aquel anciano señor se enfureció y se enloqueció y por ese motivo el tripulante le intentó calmar, hasta salimos del río y nos adentramos en el picado mar que pertenecía a la desembocadura del mismo río. El mar estaba tan sumamente picado que una enorme ola nos envolvio en una manta de agua salada de la que despues aparecimos en una enorme roca desde la que os estoy contando esta historia en 133 palabras.
Hace tiempo inicie este viaje contigo, pensando que seria eterno, que no necesitabamos nada mas, que ni la mas fuerte de las tormentas podria hundirnos… hoy despierto y la realidad es otra; varados en esta playa desierta, los corazones rotos y las miradas humedas… quiero abrazarte pero te volviste inalcanzable… ¿como llegamos aqui?
Náufrago de nuevo entre el oleaje. Mis esperanzas han quedado reducidas, como maderos carcomidos por el océano, a dos tablas viejas e inservibles.
Esperé años verte acudir a mis llamadas. Grite al viento, al mar, al cielo, y tan solo encontré silencio. Quise escapar de tu existencia, y pensé haberlo conseguido, pero que iluso fui al darme cuenta, de que tan solo engañaba al silencio, en realidad volvía a ser náufrago de tus palabras, de tu olor, de aquel mar de dudas, del cual no he podido salir, mientras nado buscando aquellas maderas rotas, para poder agarrarme a algo por lo que vivir.
Se marchó sin decirnos nada. Cogió sus cosas, hizo la maleta y cuando nos quisimos dar cuenta se había ido. Ni una nota de despedida, ni un sentido adiós. Nada. Solamente un silencio sepulcral cuando nuestra madre nos dijo: ya no está.
Así seguimos nuestra vida, esperando su vuelta. Mirando todos los días en el horizonte sabiendo que nunca volvería, sabiendo que se había largado para siempre. Y era eso lo que más nos dolía ese “siempre” que nos hacía saber que nunca más ibamos a poder disfrutar de él.
Nosotros no pudimos elegir, no pudimos pedirle que se quedara, ni siquiera pudimos marcharnos con él. Lo peor de todo no es que esté lejos, lo peor es que no está con nosotros. Lo peor es despertarse cada mañana sabiendo que ese día no será en el que le volveremos a ver. Lo peor de todo es saber que si no lo encontramos, lo perderemos para siempre.
Y aquí nos hemos quedado, con su vacío, con su falta de despedida y con nuestra gran tristeza. Con tantas preguntas por hacer, con tantos abrazos por dar, con tanto cariño por recibir…
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El cuento de POPY:
22.7.2008 a las 3:20 pm | Ver todos los cuentos de POPY
Y en aquel lugar me hallé de repente. Una playa sin mar, sin vida. Sólo el sonido de mis pies descalzos latiendo en la arena. Y anduve sin cansarme hasta que divisé más allá una barca. Una barca astillada y rota entre dos piedras. Y subí y me senté a esperarte.
Años atrás lo mismo pero las olas mecían nuestros sueños.
- Te llevaré a un lugar hecho de flores, dormirás en un palacio inquebrantable con ventanas a sonrisas, abrazos y caricias. Te aseguro que no habrá cabida para el odio…
Y ahí subida en la embarcación partida por tres lados supe que aquel lugar en el que de repente me hallé no era ni más ni menos mi corazón tras haberte marchado de puntillas por el océano del rencor, por el que nunca se arriba a puerto.
El cuento de bonybrida:
30.7.2008 a las 12:24 pm | Ver todos los cuentos de bonybrida
La encontré en la playa, cerca de mi casa y no pude evitar asociarla conmigo.
Como esa barca, rota y astillada, ahora inservible, así me sentía. Era como un símbolo de mi roto corazón.
Y como ella, que alguna vez fue vehículo de sueños, de viajes, de encuentros y de cruces de camino; como ella, mi vida alguna vez estuvo de estreno.
Las dos fuimos en el pasado, nuevas y lustrosas ilusiones.
Ahora, éramos como dos espejismos de lo que pudiera haber sido si la tormenta de la vida no
nos hubiera despedido hacia la nada.
Mientras miraba y pensaba, vi. Un hombre tomaba esas mismas astillas, y las transformaba en fuego. Usaba sus restos para lograr calor en la fría mañana de agosto.
En ese instante comprendí. Todo sirve para algo, aún cuando la desesperanza nos invade.
Es cuestión de encontrar un nuevo camino con los restos del naufragio
.
El cuento de Ariadna:
3.8.2008 a las 5:28 pm | Ver todos los cuentos de Ariadna
Apareció en los arrecifes luego de una noche de tormenta y, sin embargo, no pudimos avizorar por ningún lado algún cuerpo o detalle que nos diese algún otro informe de la misteriosa embarcación. Intentamos aproximarnos a la balsa con sumo cuidado, para no mojarnos la ropa y así evitar un posible castigo más tarde en casa. Habían unas inscripciones alrededor… que parecían…mmm…árabe hasta donde mi ignorancia me permitía suponer.
-Carlos mira, ven acá
Mi hermano menor miraba detenidamente la esquina inferior de la barca.
-¿Qué sucede?- Y en eso lo vi, “300 palabras” decía en una letra roja como la sangre. Mi rostro palideció
-¿Qué significa eso hermano?
-No lo sé. Regresemos a casa- Y con el palpitar acelerado cogi la mano de mi hermano menor y retomé el camino a casa. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que solo nos quedaban 157 palabras de existencia.
El cuento de Puky:
10.8.2008 a las 10:31 pm | Ver todos los cuentos de Puky
Aquella mañana me levanté de aquella incomoda roca rodeada de pescado recordando una horrible etapa de mi vida en la que ocurrio lo siguiete:
En un viaje que decidí hacer a Egipto, me apunté a una excursión por el río Nilo, en la que al principio el agua estaba muy tranquila y el viaje iba muy controlado, pero minutos después, aquel anciano señor se enfureció y se enloqueció y por ese motivo el tripulante le intentó calmar, hasta salimos del río y nos adentramos en el picado mar que pertenecía a la desembocadura del mismo río. El mar estaba tan sumamente picado que una enorme ola nos envolvio en una manta de agua salada de la que despues aparecimos en una enorme roca desde la que os estoy contando esta historia en 133 palabras.
El cuento de Kaiken Alascio:
13.8.2008 a las 1:36 am | Ver todos los cuentos de Kaiken Alascio
Hace tiempo inicie este viaje contigo, pensando que seria eterno, que no necesitabamos nada mas, que ni la mas fuerte de las tormentas podria hundirnos… hoy despierto y la realidad es otra; varados en esta playa desierta, los corazones rotos y las miradas humedas… quiero abrazarte pero te volviste inalcanzable… ¿como llegamos aqui?
El cuento de Condesa del Recuerdo:
14.8.2008 a las 11:28 pm | Ver todos los cuentos de Condesa del Recuerdo
Náufrago de nuevo entre el oleaje. Mis esperanzas han quedado reducidas, como maderos carcomidos por el océano, a dos tablas viejas e inservibles.
Esperé años verte acudir a mis llamadas. Grite al viento, al mar, al cielo, y tan solo encontré silencio. Quise escapar de tu existencia, y pensé haberlo conseguido, pero que iluso fui al darme cuenta, de que tan solo engañaba al silencio, en realidad volvía a ser náufrago de tus palabras, de tu olor, de aquel mar de dudas, del cual no he podido salir, mientras nado buscando aquellas maderas rotas, para poder agarrarme a algo por lo que vivir.
El cuento de choser:
19.8.2008 a las 10:57 pm | Ver todos los cuentos de choser
Se marchó sin decirnos nada. Cogió sus cosas, hizo la maleta y cuando nos quisimos dar cuenta se había ido. Ni una nota de despedida, ni un sentido adiós. Nada. Solamente un silencio sepulcral cuando nuestra madre nos dijo: ya no está.
Así seguimos nuestra vida, esperando su vuelta. Mirando todos los días en el horizonte sabiendo que nunca volvería, sabiendo que se había largado para siempre. Y era eso lo que más nos dolía ese “siempre” que nos hacía saber que nunca más ibamos a poder disfrutar de él.
Nosotros no pudimos elegir, no pudimos pedirle que se quedara, ni siquiera pudimos marcharnos con él. Lo peor de todo no es que esté lejos, lo peor es que no está con nosotros. Lo peor es despertarse cada mañana sabiendo que ese día no será en el que le volveremos a ver. Lo peor de todo es saber que si no lo encontramos, lo perderemos para siempre.
Y aquí nos hemos quedado, con su vacío, con su falta de despedida y con nuestra gran tristeza. Con tantas preguntas por hacer, con tantos abrazos por dar, con tanto cariño por recibir…